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Orientadores familiares, una ayuda a la familia del drogadependiente
Jueves 19 Dic 2013 | 11:13 am
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"Trabajemos por una cultura del encuentro y la solidaridad", insisten.... ver más
Santo Tomé (Santa Fe) (AICA): Jorge Sapais y Norma de Sapais son un matrimonio dedicado a la consultoría de familia en temas concernientes a las adicciones. En una entrevista al portal Santo Tomé al Día, cuentan su experiencia y dejan consejos a otros padres para prevenir o ayudar a la recuperación de los jóvenes y los niños. La tarea que realizan se enmarca en la pastoral de adicciones que promueve el Programa Nacional de Acción Pastoral en Drogadependencia.
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El 9 de noviembre de 2007, el episcopado argentino dio a conocer el documento La droga, sinónimo de muerte, en el que advertía de la drogadependencia arraigada en los jóvenes y en franco avance sobre los niños. Como respuesta, comenzó a instrumentarse en las diócesis argentinas el Programa Nacional de Acción Pastoral en Drogadependencia, que preveía la formación de equipos de pastoral de adicciones.

Jorge Sapais y Norma de Sapais son un matrimonio dedicado a la consultoría de familia, es decir, abocados a acompañar a los familiares de los adictos en recuperación, a fin de que pueda generarse un ambiente amigable y de contención que permita la recuperación de la persona afectada por el consumo.

“Una vez detectado el adicto y si él está de acuerdo, si quiere recuperarse, lo ponemos en un circuito de recuperación interdisciplinario y que depende de la problemática particular de ese adicto, no se trata a todos de igual manera y mientras eso ocurre, mientras el adicto trabaja en su recuperación, los consultores trabajamos con la familia porque al egresar, ese adicto tiene que encontrar una contención, un ambiente amigable”, contaron en una entrevista al portal Santo Tomé al Día.

Existen tres niveles de prevención en los cuales trabaja el equipo de adicciones de la arquidiócesis de Santa Fe: el nivel primario se centra en advertir y prevenir el consumo; el nivel secundario se instrumenta cuando hay indicios de consumo, y el tercero se aplica cuando el consumo está instalado y se necesita rehabilitación.

El matrimonio alerta que muchas complicaciones se deben a que los padres desoyen o no advierten los indicios de consumo. “El problema es que las mamás no lo detectan o no llaman hasta que no pasaron dos o tres años. Los otros días me llamó una mamá y el chico ya consumía coca; hay que darse cuenta antes y trabajar en la prevención primaria, en señalar cuáles son los indicios para que se sepa antes”, explican.

Las casas vacías son una causa del problema de la adicción. “Hay que volver a las fuentes”, recuerda Jorge, quien concibe esta actividad como “una tarea de evangelización que ayude a concientizar sobre los beneficios de una vida digna vivida en libertad”.

“La persona está compuesta por voluntad, inteligencia, cuerpo y alma. Una adicción rompe ese equilibrio, te deteriora la voluntad, te mina la salud, te bloquea la inteligencia y ahí se produce el conflicto”, agrega.

Estos orientadores familiares insisten en que lo importante es la voluntad del adicto antes que internación compulsiva, la cual muchas veces no funciona o deriva en presentaciones judiciales. “Lo primero que preguntamos nosotros es: ‘¿tu hijo quiere salir?’; y si quiere tenemos donde derivarlo. Tiene que primar la voluntad del adicto en querer recuperarse”, explica Norma.

El equipo de pastoral de adicciones, que cuenta con la asesoría del presbítero Daniel Achkar, vicario de la cárcel de Coronda, también pretende brindar “una amplia acción en educación y prevención”, que los lleva a dar charlas en escuelas, parroquias y municipalidades de la provincia.

“Trabajamos mucho en el interior de la provincia. El tema de la droga explotó en el interior, pero no solo la droga sino también el alcohol –señala Jorge-. El problema no es el porro; el problema es el motivo, la vida sin objetivos mayormente, lo que lleva a la droga y al alcohol. Por eso hay que volver a las fuentes, trabajar por la vida, retomar los valores”.

El matrimonio también observa que la ausencia de la mujer en la casa trae profundas consecuencias. Si por asuntos laborales las madres no pueden estar en el hogar, recomiendan quitar horas de televisión o de la computadora; llamar a los abuelos para que contengan a los chicos y los escuchen, para que los miren y les transmitan sus conocimientos sobre los valores que hay que tener en la vida.

Reconociendo la inexperiencia e ignorancia sobre cómo abordar la detección temprana de las adicciones, los equipos de pastoral de adicciones forman referentes, especialmente en la tarea de la escucha y de la detección: “Hacemos charlas, talleres, apoyatura, acompañamiento de las Instituciones, incluso con los agentes de la salud. Se puede decir que trabajamos a demanda. Cuando nos llaman de un pueblo, se congrega el intendente, la policía, el cura, el pastor, los referentes del pueblo. Vamos, vemos lo que les preocupa y hacemos una capacitación”.

Los agentes pastorales reconocen que el porro “está socializado”, por lo que se hace necesario prevenir y alertar en distintos ámbitos. “Muy pocos de los que consumen toman la adicción –cuentan-. En el barrio, en la parroquia, en las oficinas de acción social, tiene que haber un referente para captar a los jóvenes en peligro y decirles ‘Che, me parece que estás consumiendo demasiado’ ”.

Norma y Jorge dicen apoyarse mutuamente ante tanto dolor con el que conviven. Pero reconocen el necesario auxilio espiritual que reciben en su equipo: “Estar en contacto con las familias, sobre todo con las madres, es difícil. Pero nos apoyamos entre nosotros y el equipo. Además tenemos mucha espiritualidad.

Jorge concluye la charla diciendo: “Luchar porque no exista la droga no se puede, es luchar contra molinos de viento. Lo que hay que lograr es que los chicos pasen al lado de una montaña de droga y pasen de largo”. Norma prefiere tomar una carpeta y leer un fragmento de El drama de las drogas y el narcotráfico, dado a conocer por los obispos en noviembre: “No dejemos que nos roben la esperanza, ni que se la arrebaten a nuestros jóvenes. Cuidémonos los unos a los otros. Estemos particularmente cerca de los más frágiles y pequeños. Trabajemos por una cultura del encuentro y la solidaridad como base de una revolución moral que sostenga una vida más digna”.+
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