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Han Lim Moon: “Quizás el Papa me hace obispo para «pinchar» a los argentinos”
Viernes 7 Mar 2014 | 09:40 am
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Mons. Ham Lim Moon, obispo auxiliar electo de San Martín. ver más
Buenos Aires (AICA): El padre Han Lim Moon será desde el 4 de mayo obispo auxiliar de la diócesis de San Martín, por decisión del Santo Padre, que lo conoce desde hace 20 años. Su designación produjo asombro, aunque él se contenta sabiendo que Dios tiene planes que exceden la lógica humana y sabe manifestarse a través de la debilidad de los hombres, para Su Gloria y el bien de la gente. Considera que su designación no es un ascenso, y confiesa que lo ve como “un descenso reconocido” para hacerse servidor de todos. En una entrevista con AICA, habla de la situación del país y por qué considera que el Papa lo eligió.
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El padre Han Lim Moon será desde el próximo 4 de mayo obispo auxiliar de la diócesis de San Martín, por decisión del papa Francisco, que lo conoce desde hace más de 20 años. Su designación produjo asombro y cuchicheos en ámbitos eclesiales: ¿Un obispo coreano? El hasta ahora párroco de San Cosme y San Damián, en el barrio de Mataderos, reconoce que es raro, fuera de la lógica, pero se tranquiliza sabiendo que, tal vez, Dios quiere manifestarse a los hombres a través de su debilidad, con el fin de que lo reconozcan a Él a través del padre Han.

De aspecto similar a tantos otros asiáticos, aunque distinguible por su mirada franca y su sonrisa, nació en Suwon, Corea del Sur, hace 58 años. Emigró con su familia a la Argentina cuando tenía 21 años, y en vez de optar por un trabajo expeditivo y de diálogo simple con la gente –tintorería, lavandería, tenedores libres o almacenes-, optó por continuar sus estudios eclesiásticos, haciendo una opción renovada por su vocación. Lo cual, claro está, supone salir al encuentro de los otros.

Ser sacerdote le costó más de la cuenta. Ingresó en el Seminario Menor de la arquidiócesis de Seúl, donde completó estudios de humanidades clásicas del secundario, juntamente con la formación correspondiente a un seminarista. Luego pasó al Seminario Mayor de la misma arquidiócesis.

Al llegar a la Argentina, se dirigió al cardenal Juan Carlos Aramburu, en aquel entonces arzobispo de Buenos Aires, solicitándole poder proseguir los estudios eclesiásticos en el Seminario de Villa Devoto. Sus estudios en la Facultad de Teología de la UCA le demoraron más de la cuenta debido a la dificultad con el idioma. “Algunos bromeaban y me decían que no tenía vocación de sacerdote, sino más bien de seminarista”. Luego de 17 años, fue ordenado sacerdote.

Con 29 años de servicio sacerdotal, el Papa lo convocó para colaborar con la conducción pastoral de la diócesis de San Martín. La noticia lo alegró, pero también lo dejó abrumado, según revelan en la parroquia, hasta donde AICA se acercó para conocer más al nuevo prelado.

San Cosme y San Damián se halla en el barrio Naón, una zona de Mataderos que destacada por su tono residencial, con amplios chalets y espacios verdes. En una de esas manzanas está el pequeñísimo templo parroquial, fundado primero como capilla por el presbítero Fernando Erdocia. Al lado está el homónimo colegio, y entre ambas ocupaciones se desvivía el padre Han, o “Hany”, como le dicen los chicos.

Comunicar su partida de la parroquia no fue fácil, cuenta la secretaria parroquial. “Incluso se quebró en medio de la misa –recuerdan-. La verdad que ha dado mucho por la escuela y la gente en estos 11 años. Ha traído todo el aire de la nueva evangelización, y además incentivó a tener adoración perpetua al Santísimo”. En la comunidad saben que si el padre Han no está en su casa, está en el oratorio frente a Jesús sacramentado.

También confiesan que el padre Han Lim Moon recibe a gente que viene a verlo de muy lejos. “Tiene fama de cura sanador”, dicen en voz baja. El futuro obispo no se atribuye tal título, y dice que gracias a Dios, él no siente nada. “¡Menos mal! Si no, me volvería soberbio. Dios me quiere humildito”, dirá luego.

El encuentro con AICA sucede mientras organiza su partida de la comunidad y su llegada a San Martín. La charla llega luego de visitar la abadía de Santa Escolástica, en Victoria, donde le realizaron la casulla que utilizará el día de su ordenación episcopal. Esta visita lo motivó a explicar el diseño de su anillo episcopal y la estampa que repartirá el día de su ordenación.

El cartón dirá “Al partir el Pan, lo reconocieron”, tomado del evangelio según san Lucas, donde se relata el encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús. Todo un signo: por un lado, su devoción a la Eucaristía, y por el otro, la humildad y el amor de Jesús hacia quienes no lo reconocieron.

Su anillo episcopal tendrá un dibujo simple, compuesto por un óvalo que representa la Sagrada Hostia y una cruz, que representa a la Eucaristía partida. “Eso simboliza que Jesús quiso ser partido y repartido por amor a los hombres. Mi intención es ser como él, y que el anillo que lleve en el dedo me recuerde que quiero ser partido en pedacitos. Quisiera que me recuerde que debo repartir mi tiempo, mi conocimiento y mi servicio en ayuda a la gente. Así me haré más semejante a Cristo. De alguna manera, yo quiero ser como el Pan”, explica en perfecto castellano.

Al padre Han Lim Moon, mucha gente lo felicitó por su “ascenso”, pero en una de las tantas misas en las que anunció su partida se encargó de corregir aquello del ascenso y explicar que su nueva función es más bien un “descenso reconocido”.

“Esto de ser obispo no es un ascenso, sino un descenso reconocido, en cuanto uno puede decir que tiene más responsabilidades. Pero en cuanto al sentido, es que Dios, a través del Papa, me reconoce que puedo servir más, y a más gente. Entonces, siento que me pide bajar más y ser más humilde para poder servir mejor a los otros”, reflexiona en una charla previa a la misa de 19.30.

“Si yo me hago el más bajo –agrega-, puedo servir mejor a los otros. Jesús lo hizo así: para poder servirnos, se puso de rodillas ante los apóstoles. Mi idea es la misma: yo quiero eso, y el Señor me invita, por eso estoy contento que me reconozca que puedo servir a más gente”.

¿Por qué un obispo coreano?
“Uno no comprende por qué hace las cosas Dios; en última instancia, seguro para su Gloria y para el bien de la gente”, se excusa el padre Han. Su designación despertó sorpresa: jamás se había elegido a un obispo coreano, y menos a un obispo extranjero de geografías tan distantes.

En el episcopado argentino hay obispos de origen español, como monseñor José Vicente Conejero Gallego, obispo de Formosa; monseñor Joaquín Gimeno Lahoz, obispo de Comodoro Rivadavia, o monseñor Joaquín Sucunza, obispo auxiliar de Buenos Aires –aunque este vivió desde pequeño en la Argentina-. También está el polaco José Slaby CSsR, obispo prelado de Esquel. En todos los casos, se trata de misioneros con conocimiento de las zonas donde fueron destinados. Los demás prelados extranjeros están dedicados a la atención de las eparquías creadas por la Santa Sede para la mejor atención de los fieles, como el obispo libanés Juan Habib Chamieh, de los fieles maronitas.

Consultado por la posibilidad, el padre Moon descarta que a futuro el papa Francisco pudiera crear un ordinariato para fieles asiáticos en la Argentina: “Para los coreanos católicos, hay dos sacerdotes designados y enviados especialmente para atender a los cerca de 1.000 fieles que hay. Excepto ocasiones importantes, como las fiestas patronales, Semana Santa o Navidad, no voy muy seguido, porque no hay grandes necesidades. Respecto a otras comunidades católicas extranjeras asiáticas, no conozco ni tengo contacto. El idioma es muy diferente: ¡no entiendo nada de chino ni nada de japonés, aunque a ustedes les parezca parecido!”.

El nuevo obispo se identifica con san Pablo, al que cita varias veces. «Te basta mi gracia, porque en la debilidad se manifiesta mi poder», expresa el apóstol de los gentiles en la segunda carta a los corintios.

“Una cosa que yo sé es que no porque uno hable bien, o porque tenga muchos argumentos lógicos o humanos, mueve y convierte a la gente. Seguramente muchos se habrán asombrado… tal vez sea para que vean que lo que Dios hace a través del padre Han, no proviene del padre Han, sino de Dios”, interpreta.

“Si soy un tipo muy capaz, muy talentoso y muy famoso, quizás crean que es por mérito propio. Pero lo cierto, también, es que Dios puede hacer muchas cosas por medio de gente que no se nota. ¿Quién se destaca en ese caso? Dios. ¿Es raro? Sí, lo es. No entra en la lógica humana. Pero Dios va mucho más allá que la lógica humana. Pensando un poquito, Dios no tenía obligación de bajar a la Tierra hecho hombre, ni morir en la Cruz. Ya rompió el esquema humano. Bueno, de alguna manera es un poco lo que yo siento. El Señor está rompiendo los esquemas conmigo; puede hacer muchas buenas obras a través de mí. Tiene su lógica, pero es muy diferente de la lógica humana”, dice el sacerdote, improvisando una pequeña reflexión.

¿Humanamente, ha interpretado por qué Francisco se fijó en usted?.
- Yo no sé por qué. El Papa me conoce hace 20 años. Pero quizás… ¿viste que la Argentina no anda muy bien, teniendo todas las condiciones? Quizás, quién sabe, por ahí un hombre con mentalidad oriental adaptada a los argentinos pueda promover lo que no hacen otros argentinos.

“Desde el primer día en la Argentina, pensé: yo voy a morir acá. ¡Me van a enterrar ustedes! Con el tiempo descubrí que tengo que aportar para los argentinos, pero no sabía bien qué. Yo me irrito mucho cuando los chicos del colegio no cantan bien el himno nacional argentino, porque es el símbolo del amor por la Patria, y además promuevo que se rece la oración por la Patria, cosa que tal vez no le dan demasiada importancia otros argentinos. El tema es este: ¡pinchar, motivar, moverles la estantería a los argentinos! Me gustaría que la gente se pregunte: ¿¡A vos te parece que tiene que venir un coreano a la Argentina para motivarnos?!.

Fijate que si un coreano se preocupa por la situación del país, eso llama la atención. «¡Portate bien, no robes al país, tratá bien a tu hermano!», quizás estas frases sean una motivación más para pensar. Lo diría con cariño, pero estoy seguro de que va a llamar la atención, ¿entendés?. Yo ya viví, y estoy dispuesto a dar la vida y morir acá, partido en pedazos. Entonces, si un coreano dice “pórtate bien con tu hermano argentino”, esto va a mover a reflexionar. Quizás sea una contribución importante, ¡digo yo!, tal vez. Es una interpretación humana de por qué el Señor llama a un coreano entre lo argentinos.

¿Habló con el Santo Padre? ¿Planea ir a visitarlo?
- No, no… al menos todavía yo no hablé. Espero ir a verlo. Luego de ser ordenado obispo, hay que ir a Roma a hacer un curso de formación. Por supuesto, iré a saludar al Papa. Y si lo puedo saludar antes, lo haré. Por ahí vaya en septiembre.

Y respecto a la diócesis, ¿conoce su nuevo destino de misión? ¿Conoce a monseñor Rodríguez-Melgarejo?
- No conozco la diócesis, pero estuve charlando largamente con monseñor Rodríguez-Melgarejo, con quien nos conocemos hace 35 años. Lo conocí cuando yo era seminarista: él era el director espiritual del seminario. Luego fue obispo auxiliar en la zona donde trabajaba como cura. Por distintos lados, y en distintas épocas, nos conocimos.

Estoy seguro que él está bastante preocupado y abocado a cuidar la parte pastoral de la diócesis, pero también quisiera construir una nueva catedral y la curia. Justamente, como se requiere mucho esfuerzo en lo pastoral, se me ocurre que por eso haya pedido al Papa que le diera un obispo auxiliar para atender ambas partes. Eso andaría mucho mejor. ¿Qué voy a hacer allá? No sé… yo estoy a su disposición. Para lo que él necesite.


La charla concluye, y el padre toma la estola y camina dos cuadras hasta la parroquia. En el camino comenta algo respecto a la pastoral de la salud y la atención espiritual, dando pie a resolver la inquietud sobre las “curaciones milagrosas”.

“Aquí tenemos a dos santos patronos que son médicos, por eso durante la novena viene mucha gente a verme desde lejos. Nunca me atribuí ningún título, o lo que sea. Sí creo en la comunión de los santos, y que la gracia viene por intercesión de los santos médicos Cosme y Damián. Yo rezo con la gente, les doy la bendición de Dios, y gracias a Él, no siento que la gracia pase sensiblemente. ¡Menos mal! Si no, me sentiría importante. Pero Dios me quiere humildito”, explica.

A la salida de la misa, los feligreses y otros vecinos recién llegados hacen cola para que el padre Han les haga en la frente la señal de la cruz y los bendiga en el nombre del Señor.+ (Ezequiel Chabay)
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