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Sacerdotes, en la zona de las inundaciones
Miercoles 9 Abr 2014 | 12:08 pm
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San Fernando del Valle de Catamarca (AICA): Un grupo de sacerdotes del clero catamarqueño viajó hasta el departamento Santa Rosa para visitar a las personas damnificadas por el temporal registrado el fin de semana, con el fin de escuchar y llevar esperanza a los hermanos de esa zona del este provincial. Más precisamente llegaron hasta el templo parroquial Santa Rosa de Lima, ubicado en la localidad de Bañado de Ovanta, convertido actualmente en refugio de los evacuados y centro operativo de las acciones de asistencia que se brindan.
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Un grupo de sacerdotes del clero catamarqueño viajó hasta el departamento Santa Rosa para visitar a las personas damnificadas por el temporal registrado el fin de semana, con el fin de escuchar y llevar esperanza a los hermanos de esa zona del este provincial. Más precisamente llegaron hasta el templo parroquial Santa Rosa de Lima, ubicado en la localidad de Bañado de Ovanta, convertido actualmente en refugio de los evacuados y centro operativo de las acciones de asistencia que se brindan.

Al regreso del viaje, el presbítero Oscar Tapia comentó cómo surgió la iniciativa de trasladarse hasta el lugar: “Con un grupo de sacerdotes nos organizamos apresuradamente para acompañar a nuestros hermanos con lo que podíamos, de manera espiritual, porque materialmente no hay mucho que podamos hacer. También porque quisimos acompañar y sostener a nuestro hermano sacerdote Domingo Chaves, quien está llevando todo el peso de la tarea".

“Fue un milagro que no haya habido ninguna muerte”, señaló el padre Tapia. "Cuando llegamos, vimos un cuadro conmovedor: la gente en carpas y en el salón parroquial, y en el templo estaban organizándose, recibiendo mercadería. Otros ya habían partido a sus casas, ya que recién a esa hora podían ir a quitar el agua y ver qué les había quedado. Vimos un panorama realmente triste por la situación de la gente, tristeza y desesperanza”.

Frente a esta realidad, el sacerdote contó que intentaron alentarlos y ayudarlos a reconocer el valor de la vida: "Es prácticamente un milagro que no hubiera muertes, porque había niños en coches, bebés, gente discapacitada que pudo salir a tiempo. Es un cuadro realmente triste, pero también surgen las cosas lindas, que es la solidaridad de la gente. Ahora empieza la tarea de la reconstrucción. Es difícil porque se trata de una gran organización”.

Desde su punto de vista personal, el padre Tapia reflexionó: “Con los cataclismos, las tempestades, los desastres naturales, aparecen nuestra negligencia, nuestra dejadez, porque hay lugares donde no se puede construir, y porque nunca hayan pasado las cosas no significa que nunca vayan a pasar. Hemos visto que al lado del río hay un barrio, gracias a Dios no se ha inaugurado todavía, pero a la par, aproximadamente a 50 o 100 metros del río, hay un barrio nuevo. Lo que significa que no aprendemos. El río nunca lleva agua, pero esta vez llevó por todos los años que no lleva".

"Tenemos que plantearnos una manera nueva, las estrategias de los organismos y también los ciudadanos tenemos que aprender a cuidar nuestras vidas, a construir con responsabilidad, con asesoramiento de profesionales. Tenemos que acostumbrarnos al siglo XXI, donde deberíamos vivir mucho mejor, y también donde los desastres naturales se hacen cada vez más fuertes por nuestras faltas contra la ecología”, observó el sacerdote.

Los presbíteros manifestaron la impotencia que se siente ante la situación y que sólo quien estuvo allí puede apreciar la magnitud del fenómeno natural. “La necesidad es mucho más grande de lo que imaginamos”, expresó el presbítero Raúl Contreras, párroco de San Jorge, quien agregó que “no hay descripción para lo que vivió la gente del lugar, la desesperación de tener el agua encima y no poder socorrer al otro, al vecino que está al lado, es lo que más nos compartió la gente”.

El párroco comentó que su misión fue "estar cerca y escuchar a las personas evacuadas que se encontraban en el salón parroquial, visitar algunas casas y acompañar al padre Chavez”, quien no quedó exento de sufrir los daños por la crecida de los ríos en la zona.

El padre Contreras destacó las tareas que se realizan en la parroquia: “Toda la gente acudió al templo, el salón tiene más de 30 metros, y la gente está durmiendo ahí. Ahora es el centro de Cáritas, Defensa Civil y Gendarmería”.

Por su parte, el presbítero Sergio Chumbita, párroco de San Pío X, expresó que “es poco lo que uno puede hacer en estas situaciones, pero lo que intentamos es acompañar y estar cerca de las personas”, destacando que “algunos de los sacerdotes que viajaron ya conocían el lugar y fueron a visitar las casas afectadas para apoyar a los pobladores”.

Frente a la desgracia, los sacerdotes se sientieron conformes con el viaje que les permitió ver la realidad para poder “volver a las parroquias y hacer campañas solidarias, siendo conscientes de lo que necesita la comunidad".

"Compartir lo que uno ha visto es más movilizante, para que se sume la gente a trabajar”, enfatizó el padre Chumbita.+
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