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Mons. Castagna: “Es el momento de restablecer una adecuada catequesis de recuperación”
Viernes 6 Jun 2014 | 10:53 am
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Corrientes (AICA): El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, destacó que “la presencia del Espíritu Santo pone en marcha la empresa evangelizadora que avanza sobre todos los pueblos. De allí la trascendencia de Pentecostés. Sin la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos, reunidos en oración con María, la Iglesia no hubiera alcanzado su verdadera dimensión” y advirtió que “esa Presencia activa no deja de serlo porque haya quienes se opongan a ella por razones de ‘neutralidad religiosa’”. El prelado alertó que “en sectores, sin suficiente conocimiento de los contenidos transmitidos por su Iglesia, hacen estragos las que San Pablo llama: ‘doctrinas extrañas’”, por lo que consideró que “es el momento de volver a Pentecostés y restablecer una adecuada catequesis de recuperación”.
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El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, destacó que “la presencia del Espíritu Santo pone en marcha la empresa evangelizadora que avanza sobre todos los pueblos. De allí la trascendencia de Pentecostés. Sin la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos, reunidos en oración con María, la Iglesia no hubiera alcanzado su verdadera dimensión” y advirtió que “esa Presencia activa no deja de serlo porque haya quienes se opongan a ella por razones de ‘neutralidad religiosa’”.

“Una imagen de la Virgen o la Cruz revisten un significado que impregna la cultura y las formas de la convivencia de nuestro pueblo. El prejuicio ideológico que inspira la eliminación de todo signo religioso no hace más que negar la identidad del mismo pueblo. Nuestros pueblos, nacidos al impulso de la evangelización, se niegan a ocultar su fe. En sectores, sin suficiente conocimiento de los contenidos transmitidos por su Iglesia, hacen estragos las que San Pablo llama: ‘doctrinas extrañas’”, subrayó en su sugerencia para la homilía del próximo domingo.

Por esto, el prelado consideró que “es el momento de volver a Pentecostés y restablecer una adecuada catequesis de recuperación. Los primeros responsables son quienes desempeñan el ministerio de la Palabra. En la enseñanza del papa Francisco, sin eludir las responsabilidades funcionales de cada uno, queda acentuada la corresponsabilidad misionera de todos los bautizados”.

Texto de la sugerencia
1.- La era del Espíritu. Se inicia la era del Espíritu. Jesús resucitado es su dador. Lo manifiesta en diversas ocasiones, cumpliendo, de esa manera, la promesa más importante formulada durante su ministerio público. La presencia del Espíritu Santo pone en marcha la empresa evangelizadora que avanza sobre todos los pueblos. De allí la trascendencia de Pentecostés. Sin la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos, reunidos en oración con María, la Iglesia no hubiera alcanzado su verdadera dimensión. Esa Presencia activa no deja de serlo porque haya quienes se opongan a ella por razones de "neutralidad religiosa". Una imagen de la Virgen o la Cruz revisten un significado que impregna la cultura y las formas de la convivencia de nuestro pueblo. El prejuicio ideológico que inspira la eliminación de todo signo religioso no hace más que negar la identidad del mismo pueblo. Nuestros pueblos, nacidos al impulso de la evangelización, se niegan a ocultar su fe. En sectores, sin suficiente conocimiento de los contenidos transmitidos por su Iglesia, hacen estragos las que San Pablo llama: "doctrinas extrañas".

2.- Corresponsabilidad misionera. Es el momento de volver a Pentecostés y restablecer una adecuada catequesis de recuperación. Los primeros responsables son quienes desempeñan el ministerio de la Palabra. En la enseñanza del Papa Francisco, sin eludir las responsabilidades funcionales de cada uno, queda acentuada la corresponsabilidad misionera de todos los bautizados. El Espíritu Santo desciende sobre un numeroso grupo de discípulos, en el que se destaca, con los Apóstoles, la Virgen Maria. Según el texto de los Hechos, la oración común aclimata a quienes se disponen a recibir el gran Don de Cristo resucitado. Aquella disposición espiritual será, en lo sucesivo, la que deba predominar en la Iglesia. Cuando se debilita es la "mundanidad" la que impone sus criterios y determina su comportamiento. Los santos se constituyen en la conciencia viva de la Iglesia animada por el Espíritu Santo. Por lo mismo, encarnan la novedad que el Espíritu causa. Es importante observarlos y aprender lo que ellos aprenden para sus hermanos creyentes. La Iglesia nos los propone de modelos e intercesores, como ocurrió recientemente en la canonización de los Santos Juan Pablo II y Juan XXIII.

3.- Permanencia del Misterio cristiano. Los acontecimientos que la Liturgia destaca, a lo largo de todo el año, indican la permanencia del misterio cristiano. Estamos siempre celebrando la Encarnación y nacimiento del Redentor; del mismo modo, la Pascua es un estado que no pasa, como tampoco lo es Pentecostés. Basta que lo revivamos, dejando que el Espíritu nos introduzca en el misterio celebrado. El empeño pastoral de la Iglesia se refiere a esa vivencia. La Liturgia, la predicación y la catequesis se orientan a celebrar, en la vida de los creyentes, la gracia de la Redención. El alejamiento comprobado, de numerosos bautizados, con respecto a la llamada "práctica religiosa" indica un estado de deterioro de graves consecuencias. Los santos sacerdotes, que componen un elenco ejemplar en la historia de la Iglesia, se muestran preocupados por acercar a los fieles cristianos - desmejorados en su "fidelidad" - a los sacramentos de la Iglesia. Recordemos, entre otros muchos, al Santo Cura de Ars, a San Pio de Pietrelcina y al Beato José Gabriel Brochero.

4.- Celebrar es más que recordar. Hoy celebramos Pentecostés, reviviéndolo mediante los sacramentos del perdón y de la Eucaristía. En la pastoral ordinaria se ha popularizado la administración del sacramento de la Confirmación y su catequesis. No obstante muchos cristianos "pasan" superficialmente por esos sacramentos, atribuyéndoles una fria acreditación de su pertenencia a la Iglesia Católica. Volver a Pentecostés es reeditar, en la vida concreta, lo que el primer Pentecostés realizó entonces. Es urgente lograrlo, de otra manera peligran los valores que explican el estilo de vida, inspirado en nuestra identidad cristiana. Es alarmante comprobar la práctica apostasía de la fe, asomada sin pudor en la vidriera donde se exhiben extraños elementos "culturales", opuestos al Evangelio.+
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