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Año Jubilar por los 200 años de la ordenación sacerdotal del Cura de Ars
Viernes 6 Mar 2015 | 10:24 am
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Santo Cura de Ars ver más
Paris (Francia) (AICA): Los obispos de las diócesis francesas de Lyon, Grenoble y Belley-Ars, han dispuesto la celebración de un Año Jubilar al conmemorarse en 2015 los 200 años de la ordenación sacerdotal de San Juan María Vianney, más conocido como el Cura de Ars.
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San Juan María Vianney fue ordenado sacerdote el 13 de agosto de 1815 en el Gran Seminario de Grenoble, razón por la cual los obispos dispusieron la realización del Año jubilar desde el 8 de febrero hasta el 8 de diciembre de este año.

Sobre este aniversario, el obispo de Belley-Ars, monseñor Pascal Roland, señala que “valorar este 200º aniversario no es buscar un pretexto para hacer fiesta. No buscamos ceder a un espíritu nostálgico, es tomar conciencia de que Dios interviene en nuestra historia y recordar que Dios sigue cuidándonos, hoy como ayer”.

“Hace 200 años, la villa de Ars, como el resto de nuestro país, conocía la pobreza espiritual, la miseria moral y social. El ateísmo militante y la violencia revolucionaria habían calado y asistíamos a un adormecimiento de la vida cristiana. En ese contexto, el Señor envió a su pueblo a un buen pastor que reveló el amor de Dios y al prójimo”.

El prelado subrayó que Dios “dio un buen pastor que mostró la misericordia de Dios a sus parroquianos y difundió este amor en el corazón de todos”.

Tras resaltar que con el Cura de Ars Dios muestra que siempre es fiel a sus promesas y a su alianza, el obispo señaló que este Año Jubilar también debe servir para ayudar a sostener a los sacerdotes y para promover las vocaciones al sacerdocio: “no olvidemos que en la familia Juan María Vianney aprendió a amar a Dios y al prójimo: ¡la familia es la cuna de las vocaciones!”

Su vida
San Juan María Vianney es conocido como el Cura de Ars por el nombre del pueblo en el que sirvió durante 41 años. Fue un gran confesor, tenía el don de profecía, recibía ataques físicos del demonio y vivió entregado a la mortificación y la oración. Es el patrón de los párrocos.

Su gran amor por la salvación de las almas lo llevaba a pasar cerca de 11 horas en el confesionario donde arrebató muchas almas al demonio que molesto lo atacó, incluso físicamente, durante 35 años.

En febrero de 1818 lo trasladaron a Ars. El vicario general le dijo: "no hay mucho amor en esa parroquia, tú le infundirás un poco". Cuando llegó al lugar dijo una profecía, "la parroquia no será capaz de contener a las multitudes que vendrán aquí".

Al ser un pueblo muy atraído por lo mundano, cuando salía a orar por la pradera hablaba con los lugareños sobre las cosechas, el tiempo, sus familias. Se preocupaba por los pobres y vivía intensamente la virtud de la humildad.

Era desprendido de las cosas materiales, al punto que dormía en el suelo de su cuarto porque regaló la cama, comía solo papas y de vez en cuando un huevo hervido.

Siempre decía que “el demonio no le teme tanto a la disciplina y a las camisas de pelo; lo que realmente teme es a la reducción de comida, bebida y sueño".

Una vez el demonio hizo temblar su casa por 15 minutos, en otra ocasión quiso sacarlo de la Misa e incendió su cama pero el Santo mandó a otras personas apagar el fuego y él no dejó el altar. El demonio hacía mucho ruido para no dejarlo dormir y también le gritaba desde la ventana: "Vianney, Vianney comepapas".

Una de las secuelas de la Revolución Francesa –que fue marcadamente anticatólica– fue la ignorancia religiosa. Para intentar remediarla pasaba noches enteras en la pequeña sacristía de su parroquia escribiendo y tratando de memorizar sus sermones. No tenía buena memoria y le costaba mucho retener lo que escribía.

Instruía a los niños en el Catecismo y luchó para que la gente no trabajara o estuviera en las tabernas los domingos.

Su popularidad fue creciendo y eran miles las personas de todas partes que llegaban para confesarse con él. El último año de su vida acudieron más de 100 mil personas a quienes confesó.

Le concedieron al pueblo el permiso de construir una Iglesia, lo que garantizaría la permanencia de Santísimo. Su tierno amor por la Virgen María llevó a que consagre su parroquia a la Madre de Dios. Hasta ahora se mantienen en el mismo lugar la estatua de la Virgen que él colocó en la entrada.

El sábado 4 de agosto de 1859, el Cura de Ars encomendó su alma a Dios. Su cuerpo permanece incorrupto en la iglesia de Ars. El 8 de enero de 1905, el papa Pío X lo beatificó y en la fiesta de Pentecostés el 31 de mayo de 1925, el papa Pío XI lo declaró Santo.+
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