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Mons. Castagna: “Cristo, redentor de todo el género humano”
Jueves 31 Dic 2015 | 08:04 am
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Corrientes (AICA): El prelado consideró que “la Palabra que los apóstoles predican, y la Iglesia transmite, debe resonar sin estridencias, en los ámbitos diversos de la vida social”, pero advirtió que “los farisaicos y tradicionales enemigos lo intentarán todo para acallarla”. “No conviene al mal el bien, al error la verdad, al odio el amor y a la violencia la paz. La historia de esta verdad no necesita argumentaciones dialécticas para su comprobación”, sostuvo.
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El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, advirtió que “es absurdo permanecer indiferentes ante esta increíble realidad. Cristo, cuyo nacimiento temporal estamos celebrando, es el Redentor del género humano. En Él se nos revela el verdadero Dios, nuestro Padre y Creador, que nos ama hasta el extremo impensable de la Encarnación y de la Cruz de su Verbo”.

“Ante esta Verdad acontecida, que se extiende a todos los hombres, sobran las palabras. Cuando intentamos describirla, la empobrecemos y encapsulamos en frágiles conceptos. Se la comprende cuando se la contempla. Absortos, hasta el silencio, podremos acceder a ella y permanecer en su amor”, aseguró en su sugerencia para la homilía dominical.

“Pero, ¿cómo lograrlo en medio del desasosiego y la confusión de nuestra actual sociedad?”, preguntó.

El prelado consideró que “la Palabra que los apóstoles predican, y la Iglesia transmite, debe resonar sin estridencias, en los ámbitos diversos de la vida social”.

“Los modernos areópagos constituyen un desafío insoslayable para la Iglesia que debe evangelizarlos. Sus farisaicos y tradicionales enemigos lo intentarán todo para acallarla. No conviene al mal el bien, al error la verdad, al odio el amor y a la violencia la paz. La historia de esta verdad no necesita argumentaciones dialécticas para su comprobación”, sostuvo.

Texto de la sugerencia
1.- Y la Palabra era Dios. El prólogo del Evangelio de San Juan muestra una fibra teológica de admirable consistencia. Siempre su gran tema, como lo será en San Pablo, es el Misterio de Cristo. Estamos espiritualmente aclimatados por la Navidad. Su gran relator es San Lucas, pero, San Juan es el contemplativo que intuye, con mirada angélica, el Misterio divino que se hace carne y se instala definitivamente entre los hombres. La Palabra es el Hijo que, encarnado en el seno virginal de María, se hace visible y audible al mundo. Es Jesús, engendrado - por obra del Espíritu Santo - nacido en Belén y educado en Nazaret. Con las palabras del santo evangelista podremos abordar, con mayor exactitud, el misterio redentor: "Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios". Y más adelante afirma: "Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe". (Juan 1, 1-4). Al contemplar el Pesebre somos invitados a trascender lo que vemos - al recién nacido dormido entre las pajas de un comedero de animales - para adorar al Dios eterno y Creador de todo lo que existe. La sorpresa se vuelve estupor al advertir que ese Niño, sumido en la pobreza y absolutamente dependiente de su Madre, es la Palabra sin la cual: "no se hizo nada de todo lo que existe". Entonces volvemos a preguntarnos: ¿Por qué? Hallamos la respuesta en el mismo Apóstol Juan al formular la más simple definición de Dios: "El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor". (1 Juan 4, 8) La decisión divina, que produce la encarnación del Hijo de Dios, es el amor. No existe otra razón. Dios lo hace todo por amor. Somo fruto de su amor divino, cuyo propósito es que participemos de su Vida.

2.- Redentor de todo el género humano. Es absurdo permanecer indiferentes ante esta increíble realidad. Cristo, cuyo nacimiento temporal estamos celebrando, es el Redentor del género humano. En Él se nos revela el verdadero Dios, nuestro Padre y Creador, que nos ama hasta el extremo impensable de la Encarnación y de la Cruz de su Verbo. Ante esta Verdad acontecida, que se extiende a todos los hombres, sobran las palabras. Cuando intentamos describirla, la empobrecemos y encapsulamos en frágiles conceptos. Se la comprende cuando se la contempla. Absortos, hasta el silencio, podremos acceder a ella y permanecer en su amor. Pero, ¿cómo lograrlo en medio del desasosiego y la confusión de nuestra actual sociedad? La Palabra que los Apóstoles predican, y la Iglesia transmite, debe resonar sin estridencias, en los ámbitos diversos de la vida social. Los modernos areópagos constituyen un desafío insoslayable para la Iglesia que debe evangelizarlos. Sus farisaicos y tradicionales enemigos lo intentarán todo para acallarla. No conviene al mal el bien, al error la verdad, al odio el amor y a la violencia la paz. La historia de esta verdad no necesita argumentaciones dialécticas para su comprobación.

3.- Cristo es la respuesta divina al hombre necesitado. Corresponde, como complemento necesario de la Palabra aceptada, testimoniar su presencia ante un mundo neo paganizado que alardea de ser "ateo militante". La fe nos lleva a Cristo, y es Cristo la respuesta divina a los profundos desequilibrios causados por el pecado. Si no ocudimos a Él no hallaremos la respuesta a la verdadera causa de nuestros males. Durante el Adviento recordábamos a Juan Bautista como el precursor del Señor. Su sobrenatural intuición profética le inspiró señalar a Jesús como el único que expia el pecado del mundo: "Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: 'Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo'". (Juan 1, 29). Aunque la mayoría de las personas de nuestras modernas sociedades no lo adviertan, o explícitamente lo rechacen, el estado en que se encuentra la humanidad exhibe una situación deplorable provocada por el mal original o pecado. En consecuencia, está a la vista su mal y la necesidad que tiene de su auténtico Redentor. Los Apóstoles experimentaron la urgencia, heredada de su Maestro, de evangelizar al mundo. La misma urgencia es producida por la fe de quienes se disponen a vivir en la Verdad. Están incluidos los creyentes y, de forma extensiva, quienes, por su honestidad intelectual y moral, han alojado la verdad en sus conciencias.

4.- Construir la paz en base a la reconciliación. Durante estos domingos de Navidad es conveniente prestar atención a la Verdad en la que debemos fundar nuestras vidas. Las experiencias vividas han establecido comportamientos dañinos para la convivencia fraterna, dispuesta a construir la paz en base a una reconciliación que no la frustre. Cristo, ese Niño Dios, es el autor de la reconciliación, que se logra en una nueva relación con Dios, con las demás personas y con el cosmos. El Papa Francisco iluminó esa nueva relación con su celebrada Encíclica: "Laudato si". La responsabilidad del ser humano es de una gravedad y universalidad que, a causa de su estado de pecado, requirió de Dios la Redención.+
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