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Francisco: Las lágrimas de Jesús lavaron muchas almas, aliviaron muchas heridas”
Jueves 5 May 2016 | 15:47 pm
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Ciudad del Vaticano (AICA): “Las lágrimas de Jesús desconcertaron a muchos teólogos a lo largo de los siglos, pero sobre todo lavaron a muchas almas, aliviaron muchas heridas”, expresó esta tarde, el papa Francisco, al presidir en la basílica de San Pedro, la Vigilia “Enjugar las lágrimas”, celebrada en el marco del Año de la Misericordia haciendo referencia a una de las obras de misericordia ‘consolar al triste.
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“Las lágrimas de Jesús desconcertaron a muchos teólogos a lo largo de los siglos, pero sobre todo lavaron a muchas almas, aliviaron muchas heridas”, expresó esta tarde, el papa Francisco, al presidir en la basílica de San Pedro, la Vigilia “Enjugar las lágrimas”, celebrada en el marco del Año de la Misericordia haciendo referencia a una de las obras de misericordia ‘consolar al triste.

Luego de escuchar algunos conmovedores testimonios el pontífice dirigió unas palabras en las que señaló que “si Dios lloró, también yo puedo llorar sabiendo que se me comprende. El llanto de Jesús es el antídoto contra la indiferencia ante el sufrimiento de mis hermanos”.

“Ese llanto –añadió- enseña a sentir como propio el dolor de los demás, a hacerme partícipe del sufrimiento y las dificultades de las personas que viven en las situaciones más dolorosas”.

Emotiva vigilia con conmovedores testimonios
El papa Francisco se conmovió al escuchar los testimonios que se fueron sucediendo durante la celebración. El primero fue el de una familia italiana de Salerno compuesta por Giovanna, de 48 años, casada con Domenico desde 1995. Tienen dos hijos Rafaele y Chiara. Hace un tiempo y cuando tenía solo 15 años, el mayor de los tres, Antonio, se suicidó.

El segundo testimonio fue el del pakistaní Kaizer Felix, quien se presentó acompañado de su familia. Cuando cubría la realidad de la minoría católica, fue víctima “de la violencia brutal y la persecución que promueve la ley de blasfemia”.

El tercer testimonio fue el del italiano Maurizio Frattemico y su hermano gemelo Enzo, quienes lo “tenían todo” en una época: dinero, éxito, mujeres, aunque al final “me sentía vacío, sin sentido”. Maurizio tuvo un intenso cuestionamiento sobre su vida en marzo de 2002 y agradeció a su madre que lloró mucho por él, como “Santa Mónica por San Agustín”. Tras esa experiencia en África se encontró días después con su hermano “que se veía muy alegre, distinto”. Enzo le contó que todo era debido a Dios y lo abrazó. Maurizio comenta que “en ese abrazo sentí el amor que nunca me juzgó ni me condenó”.

Luego de cada testimonio se encendió una vela ante el relicario de la Virgen de las Lágrimas de Siracusa, expuesto en esta ocasión para la veneración de los fieles en la Basílica de San Pedro.

El Papa entregó luego a diez personas el Agnus Dei (antiguo objeto de devoción usado en los años jubilares desde 1470), como símbolo de consuelo y esperanza, bendecido por él mismo. De forma oval y cera blanca, este objeto tiene grabada la imagen del Cordero Pascual en un lado, y del otro lado el logo del Jubileo de la Misericordia.

Entre las personas que lo recibieron están una que ha perdido un hijo en un accidente de tráfico, otra que perdió un familiar en el trabajo, otra que perdió a sus familiares en el genocidio en Ruanda y otra que estuvo encarcelada.

En sus palabras el Santo Padre recordó que en los momentos de tristeza, en el sufrimiento de la enfermedad, en la angustia de la persecución y en el dolor por la muerte de un ser querido, “todo el mundo busca una palabra de consuelo”. Sentimos una gran necesidad de que alguien esté cerca y sienta compasión de nosotros, precisó.

El Pontífice subrayó que en este sufrimiento “no estamos solos”. También Jesús “experimentó una profunda conmoción y rompió a llorar” cuando murió Lázaro. Asimismo, ha recordado a los presentes que “si Dios ha llorado, también yo puedo llorar sabiendo que se me comprende”. El llanto de Jesús –añadió– es el antídoto contra la indiferencia ante el sufrimiento de mis hermanos.+

Texto completo de la meditación del papa Francisco
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