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Mons. Aguer: El imperio de la violencia en la Argentina
Martes 29 Nov 2016 | 10:27 am
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La Plata (Buenos Aires) (AICA): El sábado 19 de noviembre, en su habitual reflexión sobre el acontecer del país, el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, se refirió al incremento de la violencia en la sociedad argentina, una cuestión que además de ser un tema de conversación diaria, es una realidad, un hecho que se sufre cotidianamente. El prelado atribuyó esta situación a la disolución de la familia, a la caída de la educación y a la falta de trabajo digno y genuino.
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El sábado 19 de noviembre, en su habitual reflexión sobre el acontecer del país, el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, se refirió al incremento de la violencia en la sociedad argentina, una cuestión que además de ser un tema de conversación diaria, es una realidad, un hecho que se sufre cotidianamente.

"Basta seguir las noticias de cada día -detalló el prelado-: atracos, crímenes, asaltos que acaban en homicidios sin necesidad. Quieren robarle el celular a alguien y, a veces, no alcanzan a robárselo pero lo matan. Además vemos entraderas de todo tipo y también lo que se sabe de la violencia doméstica, el maltrato a las mujeres, lo que se llama ahora femicidio. Todo esto pareciera que se hubiera precipitado de una manera tremenda en los últimos años”.

El pastor platense se pregunta acerca de la causa de esto. ¿Por qué es así? Sí, está la malicia de la persona humana y siempre habrá habido robos y crímenes pero tengo la impresión de que, ahora, hay una especie de concentración de estos males”, reflexionó.

Admitiendo que no es un sociólogo, dijo que a su parecer "hay dos o tres causas que pueden influir en esto. Una es la disolución de la familia, pues hoy es muy difícil encontrar una familia como la entendíamos antes. Ahora tenemos lo que se llaman las familias ensambladas y yo, hablando con los jóvenes, como lo hago frecuentemente, observo que muchos no han conocido a su padre y tienen hermanos de varias parejas de su madre, etc. Hay una especie de orfandad afectiva en muchos de estos chicos y en algunos ambientes eso le llega fácilmente. Son reclutados, con facilidad, por una bandita y caen presos y se tragan, como “perejiles”, ocho años en la cárcel cuando los grandes “chorros” pasean tranquilos”.

A la disolución de la familia el arzobispo agregó otra razón que podría ser la caída de la educación. "Y no me refiero sólo al sistema educativo sino a la educación en general, lo que era el decoro, el respeto, la cordialidad, el respeto por el otro, por la vida del otro. Eso también es algo que hoy parece que no tiene una vigencia cultural de peso”.

“Además -añadió- está la falta de trabajo, de trabajo digno, de trabajo genuino. Hay mucha gente cuyo trabajo es 'chorrear' y hacen lo que pueden por sobrevivir y, por supuesto, no estoy justificando esto. Lo que veo es entre todas estas causas la constitución de una especie de drama argentino, una tragedia argentina y eso tiene que ver con la violencia, la violencia en todos los órdenes Incluso en la calle, entre los pasajeros de un colectivo, o alguien que cruza una calle y un auto que no lo respeta, etc. Parecen minucias pero el conjunto hace una especie de síndrome psicológico y sociológico de violencia”.

En tren de proponer alguna solución, monseñor Aguer señaló que "los cristianos tenemos que hacer un aporte, no sólo en cuanto a nuestra conducta sino en cuanto a la difusión de una corriente diversa de trato con las personas, de respeto, de afecto, de solidaridad aun con personas desconocidas. Esto parece algo difícil de realizar pero es lo normal, tendría que ser lo corriente, lo cotidiano”.

“No quiero exagerar las cosas. Si yo sigo las noticias policiales de los diarios por supuesto que este cuadro que les estoy pintando es perfecto y ya sé que hay gente que vive de otra manera, que vive bien, que trata a los demás como deben ser tratados. Pero los periodistas reflejan esto sobre todo y, de hecho, uno encuentra que hay una especie de crispación que tiene además de las causas que he citado algunas otras que se podrían añadir pero que implican la deshumanización de la convivencia humana”.

En el final de su reflexión, monseñor Aguer dijo que "tenemos que reaccionar, en primer lugar con el aporte de nuestro propio trato empezando por casa, y siguiendo por los que están más próximos. Es una experiencia que yo mismo, como pastor de la Iglesia, he tenido porque hay cosas que a uno lo enojan, lo fastidian, y espontáneamente surge el temperamento, uno está inclinado a contestar de mal modo, aun en esas pequeñeces, me parece que se juega ese imperio de la violencia y es algo que nosotros podemos dominar, podemos corregir, podemos encauzar y sobre todo los que tenemos alguna responsabilidad educativa con los chicos, sea en el hogar, sea en la escuela. Es muy importante eso de tratar de tranquilizarlos, tratar de llevarlos a la mesura. Hay una especie de descontrol y eso no es la libertad porque la libertad es perfectamente compatible con el respeto, con la mesura, con la integración de una comunidad”, concluyó.+

Texto completo de la reflexión
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