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Mons. Buenanueva reflexionó sobre la agresión contra templos católicos durante el Día de la Mujer
Viernes 10 Mar 2017 | 10:52 am
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San Francisco (Córdoba) (AICA): El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, reflexionó sobre los agravios y la agresión contra templos católicos en nuestro país el 8 de marzo durante la celebración del Día Internacional de la Mujer. El obispo lamentó estos hechos de violencia de “grupos reducidos, muy fanatizados e ideologizados”, e invitó a vivir un camino de reconciliación y a “tomar la iniciativa de romper, de forma deliberada y proactiva, el círculo vicioso de la violencia”.
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Con el título: “¿Adversarios o hermanos?”, el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, hizo una reflexión con motivo de “los agravios y la agresión contra templos católicos que empañaron en nuestro país la celebración del Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo”.

“Lamentablemente –dijo el obispo- estos hechos de violencia se han vuelto habituales en muchas manifestaciones que tienen como legítima bandera la lucha por la dignidad de la mujer. Los protagonizan grupos reducidos, muy fanatizados e ideologizados”.

Monseñor Buenanueva aseguró que “lo peor de la violencia es que se contagia y, así, envenena y enceguece los corazones en la misma medida, o incluso más, que la agresión externa”. Por eso, afirmó que “la virtud de la fortaleza está en resistir ese contagio interior, diciéndole no al odio, al rencor y al deseo de acallar al adversario”.

Además, aclaró que “esos grupos reducidos no representan al mundo complejo y variopinto del feminismo, incluso al que es más crítico y hostil a la Iglesia, así como tampoco el feminismo, en sus distintas variantes, es expresión unívoca de los sentimientos de las mujeres”.

El prelado destacó la importancia de “esta mirada diferenciada, porque, al menos desde un punto de vista cristiano y católico, siempre hay que ejercitarse en el discernimiento de los fenómenos sociales y culturales, para comulgar con lo que tienen de verdadero y genuino, siendo críticos con lo que se valora como falsedad o error”.

“En este caso, la lucha por un reconocimiento más efectivo de la dignidad de la mujer, en la superación de toda forma de violencia contra ella, sea física, emocional o simbólica”, agregó.

“Sin embargo, es necesario dar un paso más”, señaló y continuó: “En el Evangelio, Jesús insiste en que es necesario ver al adversario como a un hermano, con el que estamos en camino de reconciliación… Creo también que es posible encontrar una traducción coherente de este principio evangélico al lenguaje común de la convivencia ciudadana, posible de compartir también por los no creyentes”.

En ese marco, el obispo de San Francisco expresó: “En una sociedad plural y con espacios cada vez más amplios de libertad, la convivencia entre personas y grupos diversos y hasta opuestos en sus visiones de la vida, es posible, a condición de que nos reconozcamos recíprocamente como ‘semejantes’”.

“El otro, distinto de mí, es como yo: un ser humano. Esto supone también que no exijamos a los demás cambiar su modo de pensar. Solo el respeto hacia el otro en cuanto tal, y la necesidad de cultivar un diálogo franco y leal, especialmente en aquellos puntos en que mayor es la divergencia”, aseveró.

Para el prelado, “es parte de la dinámica interna de las sociedades que existan visiones diversas, conflictos y encendidos debates públicos”. “Esto no conspira contra la paz social ni hace imposible una convivencia ciudadana de alta calidad. Pienso que, bien vividas, estas tensiones contribuyen notablemente a la buena salud de la sociedad civil, a la vez que ponen límites a la voracidad insaciable del Estado por ocupar todos los espacios públicos, hasta el último rincón de humanidad”, opinó.

Finalmente, señaló que para vivir saludablemente estas tensiones, “toda forma de oposición crítica necesita de una mística previa que es precisamente la que el Evangelio enuncia cuando nos invita a reconocer en cada ser humano a un hermano, es decir, a un semejante en humanidad”.

“Es solo un pensamiento en voz alta, ofrecido al debate, desde una preocupación muy honda por nuestra forma de convivencia, siempre amenazada, pero también abierta a nuevos desarrollos”, concluyó.+

» Texto completo de la reflexión
 
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