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Mons. Martorell llamó a “vivir con el corazón puesto en el Señor”
Jueves 20 Abr 2017 | 10:13 am
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Puerto Iguazú (Misiones) (AICA): En su reflexión pascual, el obispo de Puerto Iguazú, monseñor Marcelo Raúl Martorell, recordó: “Este es el día que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos en él, ¡Aleluya!” y llamó, en el día más grande del año, a “hacer las cosas de la tierra, con tanto amor, de forma tal que gocemos con Él definitivamente en la gloria”.
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Monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, se dirigió a los fieles en ocasión del tiempo Pascual, para conmemorar la resurrección del Señor, en “el día más grande del año, porque el Señor de la vida había muerto y ahora triunfante vuelve a la Vida”.

El prelado recordó las palabras de San Pablo: “Si Jesús no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe”. Al respecto, planteó: “¿quién podría creer y esperar en un muerto?”. El sepulcro vacío y el anuncio de la resurrección del Señor “produjo en un primer momento temor y espanto” de modo que las mujeres “huían del monumento y a nadie dijeron nada, tal era el miedo que tenían”.

“Es el primer acto de fe en Jesús resucitado de la Iglesia naciente”, detalló, provocado por la constatación de la tumba vacía y por el testimonio de una mujer después de la visión del Ángel. “Aún no se habían dado cuenta de la Escritura, según la cual era preciso que él resucitase de entre los muertos”, recordó el prelado, y “tampoco comprendían lo que Jesús mismo les había dicho tantas veces sobre su resurrección.”

Monseñor Martorell señaló que, aunque bajo otra forma, las “señales” de la Resurrección se ven todavía presentes en el mundo: “la fe heroica, la vida evangélica de tanta gente humilde y escondida; la vitalidad de la Iglesia, que las persecuciones externas y las luchas internas no llegan a debilitar. La Eucaristía, presencia viva de Jesús resucitado que continúa atrayendo hacia sí a los hombres. Toca a cada uno de nosotros vislumbrar y aceptar estas señales, creer como creyeron los Apóstoles y hacer cada vez más firme la propia fe”.

“La resurrección del Señor, su paso de la muerte a la vida, debe reflejarse en el corazón de todos los creyentes como un paso del hombre viejo al hombre nuevo en Cristo”. La necesidad de ocuparse de las cosas terrenas, continuó, “no debe impedir a los resucitados con Cristo el tener el corazón dirigido a las realidades eternas, las únicas definitivas. Aunque tengamos la tentación de asentarnos en este mundo como si fuera nuestra única patria. No debemos olvidarnos que la Resurrección del Señor es una fuerte llamada a vivir con el corazón puesto en Él y hacer las cosas de la tierra, con tanto amor, de forma tal que gocemos con Él definitivamente en la gloria”, concluyó.+

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