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Mons. Gottau, evocado en un acto en Añatuya
Miercoles 24 May 2017 | 10:59 am
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Añatuya (Santiago del Estero) (AICA): Monseñor Jorge Gottau (1917-1994), primer obispo de Añatuya, fue recordado en esta ciudad al cumplirse cien años de su nacimiento, en un acto en el que estuvieron sus tres sucesores (los obispos Antonio Baseotto, Adolfo Uriona y José Melitón Chávez), el intendente, Julio Castro, y cuarenta abanderados de escuelas. Mons. Baseotto acompañó a Gottau al llegar a Añatuya en 1961, cuando sólo había siete sacerdotes en un territorio muy extenso, y recordó su lema “Salva tu alma”.
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Monseñor Jorge Gottau (1917-1994), primer obispo de Añatuya, fue recordado en esta ciudad al cumplirse cien años de su nacimiento, en un acto en el que estuvieron sus tres sucesores, autoridades municipales y cuarenta abanderados de escuelas.

En una mañana nublada, el acto se realizó en una plazoleta donde hay una ermita de la Virgen del Valle y una estatua que lo recuerda, en la intersección de la ruta que da entrada a la ciudad y la avenida que lleva el nombre del “obispo misionero y padre de los pobres”.

Un gran cartelón con su foto decía: “Para mí el trabajo…Para el prójimo el provecho…Para Dios la gloria”.

El actual obispo de Añatuya, monseñor José Melitón Chávez, pidió a Dios que bendiga a este pueblo “que has premiado con un pastor según tu corazón”. Dijo que las obras grandes esconden un corazón amante de Dios, “que todo lo hizo para gloria tuya, Señor”. Todos se hicieron la señal de la cruz y acompañaron al obispo en el rezo del Padrenuestro y el Avemaría.

Los jóvenes abanderados y escoltas lucían muy bien arreglados, con sus uniformes de distintos colores, sosteniendo banderas argentinas, papales, de la provincia y de la ciudad. Y la banda municipal interpretó distintos himnos patrióticos y religiosos.

Mons. Baseotto, testigo de los comienzos
Con un poncho beige sobre su sotana negra, el primer sucesor de Gottau, monseñor Antonio Baseotto, dijo que lo conoció siendo muy joven. Cuando Baseotto estudiaba en el seminario redentorista en Villa Allende el padre Gottau visitaba a los seminaristas y les contaba sobre sus misiones en el sur de la provincia de Buenos Aires, en La Pampa y en toda la Patagonia.

Estaban en la iglesia de las Victorias, a cargo de la congregación redentorista en el centro de Buenos Aires, cuando le llegó a Gottau el nombramiento de obispo. Antes le habían ofrecido el obispado de Resistencia y había podido sortear “la tempestad”, pero no pudo evitar este encargo. “Lo vi preocupado, medio mal. Le dije: “A Ud. le está pasando algo”. Y me mostró el nombramiento, en latín, de obispus añatuyensis”.

Baseotto fue maestro de ceremonias en la ordenación episcopal, realizada en la iglesia Nuestra Señora de las Victorias. Y lo acompañó luego en su viaje a Añatuya. “Llegamos en dos camionetas. Él se quedó en Santiago. Yo vine antes acá para preparar su llegada”.

Contó del festivo recibimiento y la toma de posesión en la iglesia de San José. Y que la primera sede de la diócesis fue una casa desocupada en el hospital local. “Quedamos los dos solos una semana”. Monseñor Baseotto recordó que en ese territorio tan extenso había solamente siete sacerdotes. Monseñor Gottau llamó a algunos sacerdotes redentoristas para remover el ambiente espiritual que quedaba de la primera evangelización y de misiones esporádicas. Vino el padre Emilio Elejalde, que se ocupó de la parte administrativa y de organización, en tanto Baseotto se ocupaba más de la parte pastoral. Pero debió volver a Buenos Aires y lo ayudaba desde lejos hasta que en 1975 vino a vivir con él aquí en Añatuya y lo sucedió en 1992.

Su lema: “Salva tu alma”
La primera preocupación de Gottau había sido conseguir sacerdotes y religiosas. “Cuando me tocó sucederlo había 100 religiosas y 37 sacerdotes”. Subrayó que el primer objetivo del obispo Gottau era la vida espiritual y que su lema era “Salva tu alma”. Los trabajos de promoción humana fueron más bien el resultado, precisó. ¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?, dice Cristo en el Evangelio, apuntó.

Baseotto recordó las dificultades de los primeros viajes, lo que tardaron una mañana para ir a Los Juríes. Y allí vieron que la capilla tenía las puertas de color azul y las paredes de amarillo. Y Gottau, que desde chico era animoso seguidor de River Plate, le comentó: “¡Mirá lo que han hecho!”.

Baseotto fue obispo local entre 1992 y 2002. De sus más de 60 años de sacerdote, 27 los vivió en Añatuya. Al final volvió sobre el lema de su antecesor, que lo hizo colocar en muchos lados: “Les dejo una consigna: salva tu alma”.

“Y te quedaste por siempre, para no irte jamás”
Luego pusieron una ofrenda floral del Instituto Monseñor Jorge Gottau, de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN). Este instituto facilita que empleados públicos adultos que no tienen el ciclo secundario puedan terminarlo haciendo una materia cada mes, con clases presenciales complementadas con educación a distancia. Una empleada y alumna local, Cecilia Zerra, leyó “Peregrino de la paz”, una poesía escrita por el profesor Luis Adolfo Ortiz, especialmente dedicada al pastor en su centenario. “Y el verde opaco de los quebrachales, la aridez del suelo reseco, los algarrobos y los tunales, se enriquecieron con el canto celestial de tu paso, portador de bendiciones a los humildes de corazón”, dice.

“La fe de mi pueblo empezó a brotar”, añade. Y concluye: “Y te quedaste por siempre, para no irte jamás. Gottau de Añatuya, Gottau mi pastor, tu obra está hecha. ¡¡Qué grande mi Dios!!”

Al final, alumnos primarios de la escuela de la Medalla Milagrosa interpretaron en canto y flautas dulces un himno que pedía “que nos sigas guiando camino hacia Jesucristo”. Asistieron el actual obispo de Río Cuarto, que fue hasta 2014 el tercer obispo de Añatuya, monseñor Adolfo Uriona, y el intendente de la ciudad, Julio Castro.

También estuvieron algunos representantes de los más de 360 alumnos de la Escuela Especial Santa Margarita, una gran obra que monseñor Gottau creó e impulsó para chicos con capacidades diferentes, la única de este tipo en la zona. Se retiraron en una camioneta blanca de este instituto del obispado. En la parte trasera podía leerse un aviso de seguridad: “Vehículo monitoreado por Dios”. (Jorge Rouillon, enviado especial) +


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