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“Es imprescindible que busquemos la concordia entre los argentinos”, pidió Mons. Stanovnik en el tedeum
Viernes 26 May 2017 | 09:43 am
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Corrientes (AICA): El arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik OFMCap, presidió el tedeum por el 25 de Mayo y aseguró: “Es imprescindible que busquemos la concordia entre los argentinos”. “Cuando la desgracia nos golpea y nos lleva al límite entre la vida y la muerte, surge lo mejor y lo más noble que hay en nosotros”, afirmó.
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El arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik OFMCap, presidió el tedeum por el 25 de Mayo en la parroquia Nuestra Señora de la Merced, del que participó el gobernador de Corrientes, Arturo Colombi, junto con representantes de instituciones civiles y la comunidad.

En su homilía, monseñor Stanovnik exhortó a caminar “como pueblo, atentos especialmente a los más vulnerables y alejados de los bienes comunes, renunciando decididamente a todo tipo de violencia, sea en el ámbito familiar, social o en la vida pública”.

“Necesitamos purificar nuestro modo de pensar y de sentir, para comprender que no es posible construir la paz social que todos anhelamos, si no empezamos por cambiar nuestra conducta personal. Si cultivamos pensamientos de paz, pronunciamos palabras de paz y practicamos gestos de paz, nos vamos a encontrar en un clima propicio para tratarnos con más respeto, honestidad y cordialidad”, explicó.

Y añadió: “Ese es el espíritu de las palabras de cordial felicitación que le envió el papa
Francisco al presidente Mauricio Macri y las extendió a todos los hijos de nuestro amado país, en las que pidió al Señor que nos acompañe en nuestro desarrollo material y espiritual, propiciado por un clima de serenidad, paz y respeto mutuo”.

“Es imprescindible que busquemos afanosamente la concordia entre los argentinos, porque de lo contrario, estaremos irremediablemente en ese funesto círculo que nos impide avanzar en el desarrollo material y espiritual que todos queremos, y nos mantiene sumergidos en unos alarmantes índices de pobreza”, expresó.

Ante las inundaciones ocurridas este año, que afectaron varios pueblos y parajes, donde debieron ser evacuadas muchas personas y familias, el prelado destacó “las actuaciones de extraordinaria ejemplaridad de parte de muchas personas, de asociaciones civiles y religiosas, de las fuerzas de seguridad, de los que trabajan en la función pública y también de los que militan en las diversas corrientes políticas”.

“De pronto, cuando la desgracia nos golpea y nos lleva al límite entre la vida y la muerte, surge lo mejor y lo más noble que hay en nosotros. En esas circunstancias, somos capaces de actuar más allá de las diferencias sociales, políticas y religiosas, y aparece la vida como el valor más importante y el derecho fundamental que es necesario salvar a cualquier precio”.

Monseñor Stanovnik aseguró: “Esta emergencia hídrica, que ocasionó mucho quebranto y desventura, misteriosamente, originó un torrente de solidaridad y de amor auténtico, desinteresado y hasta límites extremos por el prójimo. Traslademos esta realidad circunstancial, a la familia humana: el pecado –terrible desgracia que apartó al hombre de Dios, lo enfrentó a muerte con su prójimo, y dañó su vínculo con la creación–, desató en Dios un torrente de amor y de solidaridad llevados hasta el extremo por todos los hombres, salvándolos de la muerte y fortaleciéndolos para el combate contra el mal”.

“Las situaciones extremas por las que atravesamos, ya sea en la historia personal o en la realidad colectiva, nos enseñan las verdades fundamentales que aprendimos en la familia, en la escuela y en la iglesia: que la vocación del hombre es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo; que esta patria terrena es transitoria, que nos fue confiada por Dios Creador para la cuidemos entre todos; para que nos preocupemos realmente que todos se alimenten sanamente, todos vayan a la escuela, el servicio de la salud llegue a todos, todos tengan un trabajo digno, y todos gocen de libertad religiosa”, afirmó.

Asimismo, el arzobispo de Corrientes pidió “no familiarizarnos con la violencia, la corrupción, y enfrentamiento permanente”. “En la educación para la paz, la sociabilidad, la sensibilidad ante el dolor ajeno y la disponibilidad para socorrer a los más vulnerables, es fundamental la familia”, aseveró.

“Cuidemos la familia y ayudémosla en la misión insoslayable e irremplazable que tiene como hogar y escuela, en la que se aprende a convivir, a compartir, a dialogar y a descubrir la belleza y el gozo de ser diferentes, de aceptarse y quererse como cada uno es, y de crecer como personas libres, no para hacer lo que a cada uno se le antoja, sino para compartir esa libertad que nos capacita para convivir y desarrollarnos como sociedad”, manifestó.

“Lo que es válido para la familia, lo es sustancialmente también para toda la sociedad, que es la familia grande que formamos entre todos”, concluyó.+

» Texto completo de la homilía

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