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En Corpus, monseñor Arancedo pidió a Jesús que alimente la esperanza
Lunes 19 Jun 2017 | 12:00 pm
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Santa Fe (AICA): “Este año queremos decirle: Jesús, alimenta nuestra esperanza. En este lema, al tiempo que expresamos nuestra fe en su presencia, reconocemos nuestra condición de criaturas con su dignidad y grandeza, pero también con su fragilidad y necesidad de ser acompañada”, destacó el arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo. ¨Celebrar la Eucaristía, es asumir un compromiso con Cristo¨, sostuvo.
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El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, destacó que “el despertar de la devoción eucarística se nos presenta hoy como un signo de nuestro tiempo. En ella, la dimensión religiosa del hombre encuentra una verdad que buscaba”.

“Este año queremos decirle: Jesús, alimenta nuestra esperanza. En este lema, al tiempo que expresamos nuestra fe en su presencia, reconocemos nuestra condición de criaturas con su dignidad y grandeza, pero también con su fragilidad y necesidad de ser acompañada”, subrayó.

“Vivir con fe esta realidad de nuestro caminar es un signo de sabiduría, es un don del Espíritu, que nos introduce en la verdad profunda de lo que somos. Es volver a decirle con los primeros discípulos en el camino de Emaús: ‘Señor, quédate con nosotros’, te necesitamos”, agregó.

El prelado consideró que “la adoración eucarística nos debe llevar a una participación más plena en la celebración de la santa misa” y afirmó que “una espiritualidad eucarística debe motivar, por ello, el deseo a una participación más plena y comprometida con el Cuerpo de Cristo”.

“No estamos ante un objeto religioso a contemplar, sino ante la presencia viva de Cristo que nos llama y nos quiere hacer partícipes de su Vida, para hacernos testigos y piedras vivas de su Iglesia. Hay una decisión que Él espera de nosotros, esta decisión es una gracia que debemos pedir, pero es nuestra, depende de nuestra libertad”, sostuvo.

El arzobispo santafesino recordó que “la fe cristiana tiene, además, un horizonte universal que no es proselitismo, sino testimonio de una presencia que, respetando nuestra libertad, nos presenta un camino que nos mueve a seguirlo por atracción de su verdad, bondad y belleza. Esto aleja a la fe de todo fanatismo que comprometa la libertad del hombre”.

“Al hablarnos de la Eucaristía Jesús nos muestra esta universalidad, diciéndonos: “y el pan que yo les daré es mi carne para la Vida del mundo, es decir, nos es solo para mí, es para la Vida del mundo. Ello nos debe llevar a preguntarnos si mi participación en la eucaristía tiene este alcance que Jesús le da a su presencia como enviado del Padre para todos, o queda solo como una buena práctica religiosa personal, pero sin la apertura a ese horizonte del que nos habla Jesús”, subrayó.

Monseñor Arancedo señaló que “participar en la santa misa, celebrar la Eucaristía, es asumir, por ello, un compromiso con el proyecto de Jesucristo que nos define como ‘discípulos y misioneros’ de su presencia en el mundo”. +

» Texto completo de la homilía



“Celebrar la Eucaristía, es asumir un compromiso con Cristo”
En su alocución semanal, monseñor Arancedo recordó que la solemnidad del Corpus Christi es la fiesta en la que se recuerda que “Jesucristo nos dejó en la Eucaristía, a modo de un testamento vivo y personal, su presencia. En ella nos dice cómo ha querido quedarse con nosotros”.

“No se trata de una creación de la Iglesia sino de fidelidad a su voluntad. Así lo vivió la Iglesia desde el comienzo, siguiendo fielmente la trasmisión de los apóstoles. Si bien Jesucristo es el centro de la Eucaristía, no nos podemos quedar en esta sola afirmación, debemos descubrirnos como sus destinatarios”, subrayó en su alocución semanal.

“Jesucristo no ha venido solo para quien lo recibe, ha venido para todos”, sostuvo, y agregó: “Comprender este alcance universal de su presencia, es leer con fe el sentido de su misión que no se cierra en aquellos que lo reciben, sino que los compromete en su misión”.

El prelado afirmó que “la fe cristiana tiene una pretensión de universalidad que no es proselitismo, sino testimonio de una presencia que, respetando la libertad, presenta un camino que moviliza por atracción de su verdad, bondad y belleza” y ratificó: “Esto aleja a la fe cristiana de todo fanatismo que comprometa la libertad del hombre. Misión no es proselitismo”.

“Al hablarnos de su presencia en la Eucaristía Jesucristo nos muestra esta universalidad de su presencia cuando nos dice: ‘y el pan que daré es mi carne para la Vida del mundo’. Es decir, no es solo para mí, es para la vida del mundo”, indicó.

“Ello nos debería llevar a preguntarnos si mi participación en la Eucaristía tiene este alcance que Jesús le da a su presencia como enviado de su Padre para todos, o queda solo como una buena práctica religiosa, pero sin la apertura a ese horizonte del que nos habla. Participar en la santa misa, que es celebrar la Eucaristía, es asumir un compromiso con Cristo que nos debe definir como ‘discípulos y misioneros’ de su presencia en el hoy de nuestra historia”, concluyó.+

» Texto completo de la alocución


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