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Declaración ecuménica conjunta: “Refugiados, una oportunidad para crecer juntos”
Jueves 22 Jun 2017 | 11:53 am
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Madrid (España) (AICA): “Si, como familia humana que somos, insistimos en ver a los refugiados solamente como una carga, nos estamos privando de oportunidades de solidaridad, que son siempre oportunidades de aprendizaje, de enriquecimiento y crecimiento mutuo”, se lee en la Declaración ecuménica conjunta, firmada por una veintena de organismos cristianos con motivo de la Jornada Mundial del Refugiado, promovida por las Naciones Unidas y celebrada el pasado 20 de junio bajo el lema: “Con los refugiados. Hoy más que nunca debemos estar del lado de los refugiados”.
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“Si, como familia humana que somos, insistimos en ver a los refugiados solamente como una carga, nos estamos privando de oportunidades de solidaridad, que son siempre oportunidades de aprendizaje, de enriquecimiento y crecimiento mutuo”, se lee en la Declaración ecuménica conjunta, firmada por una veintena de organismos cristianos con motivo de la Jornada Mundial del Refugiado, promovida por las Naciones Unidas y celebrada el pasado 20 de junio bajo el lema: “Con los refugiados. Hoy más que nunca debemos estar del lado de los refugiados”.

En un contexto social donde la crisis migratoria aumenta cada día más, forzando a millones de personas a abandonar sus países de origen a causa del hambre, la guerra y la pobreza, la declaración conjunta subraya que “no basta con que los cristianos profesen amor a Cristo: la fe es auténtica únicamente si se expresa en acciones de amor. Todos somos parte del Cuerpo de Cristo” y “estamos entrelazados en una solidaridad que nos define y que nos exige hacer algo”, indica el texto.

El documento resalta que “en todo encuentro genuino tiene lugar un intercambio de dones. Al compartir con los demás lo que tenemos y poseemos, descubrimos que todo es un don de Dios. Y cuando damos la bienvenida a aquellos con los que nos encontramos, hallamos al Dios que está siempre con los vulnerables, en las periferias y en los demás”.

Asimismo los firmantes de la declaración advierten que “cada vez se construyen más muros por todo el mundo para evitar que los desplazados puedan entrar: no solo muros físicos, sino también muros de miedo, de prejuicios, de odio y de ideologías. Intentemos todos, como una sola familia humana, construir puentes de solidaridad en lugar de muros de división. Nuestras hermanas y hermanos refugiados nos ofrecen una oportunidad para enriquecernos y crecer mutuamente: es Dios quien nos une”.

Texto de la declaración ecuménica conjunta
“La Biblia cristiana nos relata la historia de dos hombres, Pedro y Cornelio, con creencias religiosas y culturas completamente diferentes, que al encontrarse descubrieron que Dios les tenía preparado un destino común que ninguno de los dos había comprendido antes. Aprendieron que el Espíritu Santo derriba muros y une a aquellos que piensan que no tienen nada en común.

Mujeres, hombres y niños de todo el mundo se ven obligados a abandonar sus hogares por la violencia, la persecución, los desastres naturales y los provocados por el hombre, el hambre y muchos otros factores. Su deseo por escapar al sufrimiento es más fuerte que las barreras que se alzan bloqueando su camino. La oposición de algunos países a la migración de los desplazados forzosos no podrá impedir que aquellos que padecen un sufrimiento insoportable abandonen sus hogares.

Los países ricos no pueden eludir su responsabilidad por las heridas que han infligido al planeta; desastres medioambientales, comercio de armas, desigualdad en el desarrollo; y que son las que provocan la migración forzosa y el tráfico de personas. Aunque la llegada de los migrantes a los países desarrollados puede suponer ciertamente un reto real e importante, también puede ofrecer una oportunidad para el cambio y la apertura.

El papa Francisco nos plantea esta pregunta: “¿Qué podemos hacer para ver estos cambios no como obstáculos para el verdadero desarrollo, sino como oportunidades para un genuino crecimiento humano, social y espiritual?”. Las sociedades que encuentran el coraje y la visión de futuro necesarios para superar el miedo a los extranjeros y los migrantes descubren muy rápido la riqueza que traen y que siempre han traído consigo.

Si, como familia humana que somos, insistimos en ver a los refugiados solamente como una carga, nos estamos privando de oportunidades de solidaridad, que son siempre oportunidades de aprendizaje, de enriquecimiento y crecimiento mutuo.

No basta con que los cristianos profesen amor a Cristo: la fe es auténtica únicamente si se expresa en acciones de amor. Todos somos parte del Cuerpo de Cristo, un cuerpo indivisible. En palabras de Dietrich Bonhoeffer, “solo a través de Jesucristo somos hermanos y hermanas los unos de los otros... A través de Cristo nuestra pertenencia recíproca se hace real, integral y eterna”. Si somos un solo cuerpo, estamos entrelazados en una solidaridad que nos define y que nos exige hacer algo.

Los gestos de solidaridad se multiplican cuando sobrepasan las fronteras de la religión y la cultura. Encontrarse con personas de otras creencias nos anima a profundizar en el conocimiento de nuestra propia fe y, en los encuentros con nuestros hermanos y hermanas refugiadas, Dios nos habla y nos bendice como hizo con Cornelio y Pedro.

En todo encuentro genuino tiene lugar un intercambio de dones. Al compartir con los demás lo que tenemos y poseemos, descubrimos que todo es un don de Dios. Y cuando damos la bienvenida a aquellos con los que nos encontramos, hallamos al Dios que está siempre con los vulnerables, en las periferias y en los demás.

Somos testigos de cómo cada vez se construyen más muros por todo el mundo para evitar que los desplazados puedan entrar: no solo muros físicos, sino también muros de miedo, de prejuicios, de odio y de ideologías. Intentemos todos, como una sola familia humana, construir puentes de solidaridad en lugar de muros de división. Nuestras hermanas y hermanos refugiados nos ofrecen una oportunidad para enriquecernos y crecer mutuamente: es Dios quien nos une.

Con el desarrollo de nuevos marcos internacionales como el Pacto Mundial sobre los refugiados y los migrantes en 2018, los estados no solo deberán garantizar una forma más eficaz de compartir la responsabilidad frente a los grandes movimientos migratorios, sino que deberán asumir también la oportunidad de reconocer y poner de relieve las importantes aportaciones que hacen los refugiados y los migrantes a sus comunidades de acogida, para convertir la verdadera solidaridad en una experiencia real para quienes buscan protección y para quienes la ofrecen cumpliendo con sus obligaciones”.


Firman la Declaración: ACT Alliance; Alboan; Anglican Alliance; Cáritas Española; Caritas Internationalis; Catholic Charities USA; Community of Sant’Egidio; CONFER (Conferencia Española de Religiosos); Dominicans for Justice and Peace; Entreculturas; International Union of Superior Generals (UISG); Franciscans International; Jesuit Refugee Service; Jesuitas Social; Justicia y Paz España; Lutheran World Federation; Pax Christi International; Scalabrinian Missionaries; Scalabrini International Migration Network (SIMN); Talitha Kum Worldwide Network of Religious Life against Trafficking in Persons; Union of Superior Generals (USG); Vivat International; Voices of Faith; World Union of Catholic Women’s Organizations (WUCWO).


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