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Ante una multitud, el nuevo obispo castrense llamó a “tender puentes”
Viernes 30 Jun 2017 | 16:00 pm
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Buenos Aires (AICA): Ante una multitud, monseñor Santiago Olivera tomó posesión del obispado Castrense, en la mañana del 30 de junio, durante una misa celebrada en la catedral Stella Maris del barrio porteño de Retiro. En su homilía, el obispo recordó la importancia de “tender puentes”, y llamó a “rememorar lo que nos une y nos construye”, con memoria histórica para “afirmar la riqueza del sistema democrático respetando las reglas y aceptando el diálogo como vía de convivencia cívica”. La misa fue concelebrada por el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Mario Aurelio Poli, el nuncio apostólico, monseñor Emil Paul Tscherrig, una treintena de obispos y más de un centenar de sacerdotes.
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En una misa celebrada en la catedral Stella Maris, del barrio porteño de Retiro, monseñor Santiago Olivera tomó posesión como obispo castrense en la mañana del 30 de junio.

Una multitud colmó la catedral para recibir al nuevo pastor de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, luego de diez años desde que renunciara su último obispo. Acompañaron al nuevo prelado en la procesión de entrada el nuncio apostólico, monseñor Emil Paul Tscherrig; el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Mario Aurelio Poli; el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo; el obispo emérito castrense, monseñor Antonio Baseotto, obispos argentinos y obispos castrenses de Perú y Paraguay, el administrador diocesano saliente, monseñor Pedro Candia, y los capellanes mayores: del Ejército, presbítero Oscar Naef; de la Armada, monseñor Germán Carmona; de la Fuerza Aérea, presbítero Ricardo González; de la Gendarmería Nacional, presbítero Rubén Bonacina y de la Prefectura Naval, presbítero Diego Tibaldo.

Luego de la entrega del báculo y del sillón de la cátedra episcopal, se procedió a la lectura de las letras apostólicas del Santo Padre Francisco, en las que se provee y designa como obispo castrense de la Argentina a monseñor Santiago Olivera. En representación del obispado castrense, monseñor Candia y los capellanes castrenses saludaron con un gesto filial de respeto y obediencia al nuevo pastor.

En su homilía, el obispo castrense consideró providencial haber sido enviado por el papa Francisco a este obispado. Al igual que hace nueve años, cuando fue llamado por el entonces papa Benedicto XVI para iniciar el orden episcopal, renovó el deseo de “ser signo e instrumento de paz”.

“Estoy seguro que en Jesús y en su Evangelio nos encontraremos todos”, afirmó el prelado, y en referencia al olivo que forma parte de su escudo episcopal, deseó “que este olivo evoque al Señor en primer lugar, para que a Él escuchemos, amemos y sigamos”.

Monseñor Olivera renovó también el deseo de tener los mismos sentimientos de Jesús que “nos amó hasta el extremo”: Servir al Pueblo de Dios, conforme al corazón de Cristo Buen Pastor.

"Con ustedes soy cristiano, para ustedes soy obispo"
El prelado destacó que “junto con todos los fieles y en virtud de bautismo, soy ante todo discípulo y miembro del Pueblo de Dios. Como todos los bautizados y junto con ellos, quiero seguir a Jesús, Maestro de vida y de verdad, en la comunión de la Iglesia. Como Pastor, servidor del Evangelio, soy consciente de ser llamado a vivir el amor a Jesucristo y a la Iglesia en la intimidad de la oración, y de la donación de mí mismo a los hermanos y hermanas, a quienes presido en la caridad. Como dice San Agustín: con ustedes soy cristiano para ustedes soy obispo”.

“Quiero que estos sentimientos me acompañen siempre y volveré a estas palabras más de una vez. Con ustedes soy cristiano, con ustedes quiero crecer en el seguimiento de Jesús. Soy discípulo, Soy misión, ayúdenme con su oración, consejo, amistad y afecto a responder a esta vocación”, añadió, dirigiéndose especialmente “a esta Iglesia Particular que se me ha confiado, Iglesia Particular realmente, que abarca el extenso territorio Argentino, allí donde miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad junto a sus familias se encuentre, como también aquellos que colaboran en los distintos Ministerios, dependencias Militares, Hospitales y Casas de Caridad”.

“Para ustedes soy Obispo, para ustedes quiero entregar mi vida anunciando el Evangelio de Jesús y ser Puente”, añadió, y consideró que “no hay tarea más digna que dedicarse a tender puentes hacia los hombres y hacia las cosas. Sobre todo en un tiempo en el que tanto abundan los constructores de barreras. En un mundo de zanjas, ¿qué mejor que entregarse a la tarea de superarlas?”.

El prelado llamó entonces a “tender puentes”: hacia nosotros mismos, de respeto, aceptación y búsqueda de la verdad; y hacia los demás, porque “los que aman son los que olvidan sus propias necesidades".

“Bendito el oficio de ser puente entre personas de diversas ideas, de diversos criterios, de distintas edades y creencias”, sostuvo, y recordó que “nuestro Obispado está al servicio de la Evangelización de todos los miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad y sus familias. La asistencia espiritual de los militares es algo que la Iglesia ha querido cuidar siempre con extraordinaria solicitud”, advirtió, y anunció que “como hijo de la Iglesia me sumo con entusiasmo al querer de ella para seguir anunciando a Jesucristo. Todo esto llevado adelante en respeto y diálogo ecuménico con todas las creencias”.

"Proteger y custodiar la democracia"
“Todas las Fuerzas Armadas y de Seguridad forman parte de un país que ha hecho una real y verdadera opción por la democracia. Debemos protegerla y custodiarla. Debemos custodiarla de todo aquello que nos destruye y separa, de la sospecha y desconfianza, debemos custodiarla del flagelo y plaga de la droga y el narcotráfico, de la trata de personas, de la violencia de todo tipo y en especial hacia las mujeres y niños, de la corrupción y lo que es peor la impunidad, de la pobreza que hiere y escandaliza”.

En palabras del entonces cardenal Bergoglio, el nuevo obispo castrense llamó a “rememorar lo que nos une y construye, a los logros más que a los fracasos”, y a la memoria histórica, para “ahondar en nuestros logros más profundos, como afirmar la riqueza del sistema democrático respetando las reglas y aceptando el diálogo como vía de convivencia cívica.”

La historia, destacó monseñor Olivera, “no debe hacerse con un objetivo político sino con verdad y justicia”, porque “no pocas veces, en apariencia, se busca justicia pero se descubre venganza negando derechos elementales. Los derechos humanos deben tener vigencia para todos los argentinos”, subrayó.

Dirigiéndose a los sacerdotes, se comprometió a intentar comportarse siempre “como padre y hermano que los quiere, escucha, acoge, corrige, conforta, pide su colaboración y hace todo lo posible por su bienestar humano, espiritual y ministerial” y tener para con ellos “un acompañamiento paternal y fraterno en todas las etapas de su vida ministerial, ayudándoles a ser y actuar como sacerdotes al estilo de Jesús”.

“Quiero manifestar en mi vida y ministerio la paternidad de Dios. La autoridad que he recibido de Cristo y de su Iglesia deseo que sea ofrecida en servicio”, manifestó, y agradeció a monseñor Pedro Candia, quien “durante estos últimos diez años condujo y acompañó la vida de este Obispado como también a todos los Capellanes que supieron con paciencia y fidelidad esperar este nuevo tiempo”.

Agradecimientos
Entre sus agradecimientos mencionó también a los consagrados, al nuncio y los obispos por la cercanía y la presencia en este día, y al Santo Padre, quien le confió este ministerio. Mencionó también especialmente con gratitud y afecto a quienes llegaron desde los distintos puntos de la diócesis de Cruz del Eje.

“Me da mucha alegría y consuelo saber que entre nosotros está presente la vida de Enrique Shaw. Él ingresó a la Escuela Naval a los 14 años dándonos como oficial de Marina un extraordinario testimonio de fe, ‘vivió su vida terrena preparando la vida eterna, dejando que Dios actúe en él’, por eso pedimos confiados por su canonización y a la vez, les comparto, encomiendo y ofrezco mi nuevo servicio episcopal”, expresó el obispo, y confió su ministerio a María, Nuestra Señora de la Prontitud, "la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás, sin demora”.

Para finalizar, pidió la protección del Santo Cura Brochero y la asistencia de Jesús: “Jesucristo Señor de la Historia, te necesitamos. Renuévanos con la luz del Evangelio, para que tu pueblo brille, en este mundo dividido por las discordias, como signo profético de unidad y de paz”.

» Texto completo de la homilía

Firmaron el acta de asunción el cardenal Mario Aurelio Poli, monseñor José María Arancedo, monseñor Jorge Casaretto, monseñor Pedro Candia, y autoridades de las Fuerzas Armadas.

En nombre de todos los integrantes del obispado, incluyendo al clero, religiosos y religiosas, a los militares y personal civil, y sus familias, monseñor Candia, administrador apostólico saliente, dio al nuevo obispo “una cordial y afectuosa bienvenida, con júbilo, corazón dispuesto y llenos de alegría cristiana”. Manifestó gratitud a Dios, al Santo Padre “por confiarnos al cuidado de un nuevo pastor”, y a monseñor Olivera “que con gran generosidad ha dicho sí y ha dado muestras de gran celo apostólico”. Para finalizar, encomendó especialmente a Nuestra Señora de Luján su ministerio, con el compromiso de rezar por él y trabajar a su lado. “Esta es su casa y su nueva familia. Caminaremos junto a usted, será nuestro padre y pastor”, afirmó, confiando en San Juan de Capistrano y en San José Gabriel del Rosario Brochero, de quien luego el nuevo obispo bendijo una imagen.

Un grupo de Cruz del Eje interpretó luego una canción dedicada al Santo Cura Brochero. Al concluir la ceremonia, monseñor Santiago Olivera invocó la protección de la Virgen, bajo sus advocaciones de Luján y de Stella Maris, y le ofreció su obispado, al tiempo que invitó a todos a rezar el Bendita sea tu pureza. Luego, mientras incensaba la estatua de la Virgen, se cantó Salve Regina en latín.

Concelebraron la misa de asunción de monseñor Santiago Olivera como obispo castrense el arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo; José Luis Mollaghan, arzobispo emérito de Rosario; Carlos Franzini, arzobispo de Mendoza; Eduardo Eliseo Martín, arzobispo de Rosario; Jorge Alcides Casaretto, obispo emérito de San Isidro; Antonio Juan Baseotto C.ss.R., obispo castrense emérito; Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús; Guillermo Rodríguez-Melgarejo, obispo de San Martín; Jorge Rubén Lugones SJ, obispo de Lomas de Zamora; Antonio Marino, obispo de Mar del Plata; Hugo Manuel Salaberry SJ, obispo de Azul; Pedro María Laxague, obispo de Zárate-Campana; Hugo Santiago, obispo de San Nicolás de los Arroyos; Enrique Eguía Seguí, obispo auxiliar de Buenos Aires; Ariel Edgardo Torrado Mosconi, obispo de Nueve de Julio; Marcelo Alejandro Cuenca, obispo de Alto Valle del Río Negro; Miguel Ángel D'Annibale, obispo de Río Gallegos; Gustavo Gabriel Zurbriggen, obispo de Deán Funes; Alberto Germán Bochatey OSA, obispo auxiliar de La Plata; Samuel Jofré Giraudo, obispo de Villa María; Gabriel Bernardo Barba, obispo de Gregorio de Laferrere; Han Lim Moon, obispo auxiliar de San Martín; Martín Fassi, obispo auxiliar de San Isidro y Jorge Martín Torres Carbonell, obispo auxiliar de Lomas de Zamora; junto con más de un centenar de sacerdotes.


Entre los presentes se encontraban religiosas de distintas congregaciones, entre ellas, de la congregación Marta y María, de La Plata; de las dominicas, de Córdoba, y siete hermanas de la Sociedad de María, fundada en Cruz del Eje. “Somos jurídicamente sus hijas”, dijo con gozo la hermana Verónica, señalando que monseñor Olivera fue quien aprobó esa joven congregación. Concluida la misa, estas religiosas fueron a dar gracias de rodillas ante el sagrario.

Asistieron el ministro de Defensa, Julio Martínez, y el secretario de Estado de Estrategia y Asuntos Militares de ese ministerio, Angel Tello. También el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, teniente general Bari del Valle Sosa, y los jefes de Estado Mayor del Ejército, teniente general Diego Suñer Funes; de la Armada, almirante Marcelo E. Srur, y de la Fuerza Aérea, brigadier general Enrique Amrein. En primera fila, junto al ministro de Defensa, estaba el secretario de Culto de la Nación, Santiago de Estrada. También participaron de la celebración el subsecretario, Alfredo Abriani, y el director nacional de Culto Católico, Luis Saguier Fonrouge.

Entre las autoridades se encontraban también el ex secretario de Culto de la Nación, Norberto Padilla, con su esposa, Gloria Williams, y el presidente de la Corporación de Abogados Católicos, Enrique Ramos Mejía.

En breves palabras, Monseñor Olivera agradeció la presencia de todos, incluidas autoridades civiles, militares y eclesiásticas, e hizo notar la presencia de los obispos castrenses de Paraguay y Perú, y de un sacerdote de la pastoral castrense de México. Deseó un buen viaje de regreso a todos. Y recordando al papa Francisco, concluyó: “¡Quiero pedirles que no dejen de rezar por mí”.

Finalmente, todos cantaron “Cristo Jesús, en Ti la patria espera”.+

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