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A 41 años de la masacre de San Patricio, los palotinos hacen memoria viva de “los cinco”
Martes 4 Jul 2017 | 17:05 pm
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Buenos Aires (AICA): Al cumplirse 41 años de la “masacre de San Patricio”, que acabó con la vida de tres sacerdotes y dos seminaristas palotinos, el Centro de Espiritualidad Palotina compartió una reflexión del padre Rodolfo Pedro Capalozza SAC, pronunciada durante la misa aniversario del año 2013. En sus palabras pide “que pronto la Iglesia los reconozca oficialmente como nuestros intercesores y modelos”.
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A 41 años del asesinato de los padres Pedro Dufau SAC, Alfredo Leaden SAC, Alfredo “Alfie” Kelly SAC, y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, el Centro de Espiritualidad Palotina compartió una reflexión del padre Rodolfo Pedro Capalozza SAC, pronunciada durante la misa aniversario del año 2013.

“Murieron porque en un momento en donde la vida no era respetada, en donde unos pocos se sentían dueños de la vida y de la verdad, dijeron con la palabra y los gestos: sólo Dios es el dueño de la vida”, expresa el padre Capalozza en sus pensamientos, y considera que “comprometieron su vida de fe con la defensa de la vida humana, tornándose una voz profética”.

“Unos días antes de la masacre, tuvimos nuestra periódica reunión comunitaria. Era un día frío y lluvioso. Fue en el salón de la casa parroquial que da a la calle; biblioteca, en aquel entonces, de la comunidad. Comentamos lo que se comenzaba a percibir en el país: personas que desaparecían, detenciones clandestinas, torturas. Surgió una pregunta: ¿ante tal situación, tenemos que seguir en esta línea pastoral que señala y acentúa el valor de la vida y de la justicia como camino de respeto a la misma? Y la respuesta fue: Sí, porque debemos ser fieles a Dios antes que a los hombres, a los poderosos de este mundo. Sabían que esa respuesta podía traer consecuencias duras pero optaron por ser fieles a Cristo en la certeza de que quien da la vida, gana la vida en Él. Esto hace de esas muertes, muertes martiriales”, detalla.

“Lo cierto es que algo en común marcó la vida de los cinco, con personalidades y maneras de pensar diferentes: querer ser fiel a Jesucristo, defendiendo y promoviendo el valor de la vida”, explica y advierte: “¡Cuánto hemos aprendido de ellos, tanto aquellos que los conocimos personalmente como quienes los conocieron por el testimonio nuestro! ¡Cuántas veces nos ayudaron a iluminar realidades difíciles de superar! ¡Cuántas veces fueron para nosotros luz y ánimo en el camino de la vida! ¡Cuántas veces hicieron presente en nuestras vidas la Palabra de Dios! ¡Cuántas veces nos alimentaron con la Eucaristía y nos dieron la paz del perdón! De nada valdría una memoria, incluso agradecida, si no bebiéramos de la riqueza de sus vidas y de su entrega final”.

En sus palabras cargadas de memoria agradecida, el sacerdote recuerda la paz de Alfredo Leaden, la búsqueda apasionada de la voluntad de Dios que caracterizaba a Alfie Kelly, la evangélica humildad de Pedro Dufau, el amor a los jóvenes y la opción por una vida comunitaria fundada en Jesucristo que transmitía Salvador Barbeito y la mirada en los ideales de Emilio Barletti.

Decía el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio en la misa de la celebración de los veinticinco años del martirio: “Quiero dar gracias a Dios porque todavía hoy, en medio de una ciudad turbulenta, llena de vida, de ansiedad, llena de fuerza, llena de esperanza, llena de problemas, llena de trabajo, quiso darnos una señal. Hay gente que todavía quiere vivir no para sí. Y el Señor permite que haya gente que en esa coherencia muera no para sí, sino para dar vida a otro”, y decía en esa misma misa: “Esta Parroquia ungida por la decisión de quienes juntos vivieron, ungida por la sangre de quienes juntos murieron, nos dice algo a esta ciudad, algo que cada uno tiene que recoger en su corazón y hacerse cargo. Despejar etiquetas y mirar el testimonio. Hay gente que sigue siendo testigo del Evangelio, hay gente que fue grano de trigo, dio su vida y germinó”.

“Yo soy testigo, porque lo acompañé en la dirección espiritual y en la confesión hasta su muerte de lo que era la vida de Alfie Kelly: Sólo pensaba en Dios. Y lo nombro a él porque soy testigo de su corazón, y en él a todos los demás. Simplemente ruego para tener la gracia de la memoria, que nos haga agachar la cabeza y pedir perdón, usando las palabras de Jesús ‘porque no saben lo que hacen’, por quienes desgarraron esta ciudad con este hecho”, manifestaba el entonces arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio.

El padre Capalozza concluye, al contemplar la alfombra en donde entregaron sus vidas, testigo silenciosa de su entrega final, ungida por la sangre de los cinco, que “ellos nos dicen que tenemos que ser apasionados buscadores de la verdad. Sólo ella nos hace libres. Promotores constantes de la justicia. Sin ella una sociedad sucumbe. Por eso, desde el Evangelio denunciamos todo intento de impunidad, de un silencio cómplice de la muerte, de aquí no pasó nada, de esto no hablemos más”, y pide al Señor “que nuestra búsqueda de la verdad y nuestro anhelo de justicia esté siempre movido por el amor que busca el bien de todos y, por eso, la conversión de todos”.

Para finalizar, ruega al Señor “que pronto la Iglesia los reconozca oficialmente como nuestros intercesores y modelos”.+



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