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Reflexión de Mons. Aguer sobre música, liturgia y lo sagrado
Martes 29 Ago 2017 | 07:44 am
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La Plata (Buenos Aires) (AICA): El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, reflexionó sobre la relación entre la música, la liturgia y lo sagrado. Lo hizo en el programa Claves para un Mundo Mejor, que se emitió el sábado 26 de agosto por el Canal 9 de TV.
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El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, reflexionó sobre la relación entre la música, la liturgia y lo sagrado. Lo hizo en el programa Claves para un Mundo Mejor, que se emitió el sábado 26 de agosto por el Canal 9 de TV.

Comenzó explicando que vive frente a la plaza principal de la ciudad de La Plata, y que es muy frecuente que allí, en ese espacio, se hagan recitales en distintos horarios, desde la tarde temprano y hasta la noche. "La verdad -señaló- es que cuesta vivir allí por los ruidos y digo los ruidos porque la música que se escucha es rock, cumbia, reggaetón, con ritmos percutivos y melodía muy poca. Los vecinos suelen venir a pedir mi intervención y algo conseguimos con las actuales autoridades del municipio. Últimamente va mejor. En La Plata hay muchos espacios para tales espectáculos pues está el Estadio Único, está El Bosque, y no tiene por qué ser siempre allí en la plaza principal”.

Seguidamente se preguntó: ¿Por qué debe difundirse sólo y de manera unívoca, principalmente entre los jóvenes, el rock o esos aires centroamericanos? ¿Por qué no el folklore? ¿Por qué no el tango? ¿Por qué no, como hizo el doctor Joaquín De La Torre, cuando siendo Intendente de San Miguel, llevó a la plaza principal de esa ciudad la Orquesta y el Coro del Teatro Colón para interpretar la Novena Sinfonía de Beethoven, con gran beneplácito del pueblo que colmó el lugar? ¿Por qué no dar lo mejor? ¿Por qué ese prejuicio de que los jóvenes sólo pueden gustar del rock o de los aires tropicales? Podemos darles otras cosas”.

Recurriendo a su propia experiencia, monseñor Aguer contó que se inició en la música, "en la apreciación de la música que vulgarmente se llama clásica (en realidad habría que llamarla de otro modo, porque hay música clásica romántica, moderna, contemporánea, etc.) digamos académica, que es la música de los grandes autores de todos los tiempos. Todo eso gracias a un profesor del Colegio Nacional, estatal, que nos hizo gustar del arte pictórico y musical. Falta la posibilidad de ofrecerla a los jóvenes y de un modo sistemático. Incluso esa carencia se registra en nuestros colegios católicos”.

Ya en el tema musical, el prelado se refirió -como lo había hecho en otra oportunidad- a los cantos que se cantan en los templos. Al respecto señaló que "no se puede generalizar, pero la tendencia indica que el canto debe ser algo un poquito movido, que sea grato para todos, que facilite movimientos elementales y aplausos. Vemos que en general se emplea la guitarra y a veces pregunto si en lo que se llama pomposamente “ministerio de la música” sus integrantes saben música, si saben tocar la guitarra, porque en realidad a veces pareciera que la castigan, no que la tocan. La guitarra se puede tocar como el arpa o la cítara. Esto sin hablar del texto de algunas canciones y por supuesto de las melodías de ellas. Conozco el caso de alguna diócesis donde la misa de los niños incluye el 'ministerio' de payasos, para que los chicos no se aburran”.

Seguidamente lamentó que “ya no se reconoce más que la música que hay que tocar en la Iglesia debe ser música sagrada. Más aún, hay algunos sacerdotes –yo los he oído- que piensan que ya no hay más distinción entre sagrado y profano. Entonces en la iglesia puede entrar perfectamente el ritmo que se escucha en la plaza principal de La Plata o en cualquier sitio. Esto no es así porque existe una música sagrada, propia de la celebración litúrgica y adecuada a ella”.

“En la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II -prosiguió explicando- hay un capítulo, el 6°, sobre la música sagrada. Se habla allí todo el tiempo de lo sagrado, lo sagrado, lo sagrado. ¿Y lo sagrado qué es? Lo sagrado es lo distinto, lo que se reserva para Dios, lo que se reserva para el templo. Los hombres de la Edad de Piedra ya sabían distinguir entre lo sagrado y lo profano. Lo sagrado era para los dioses y lo profano era lo propio de la vida cotidiana”.

“Además -agregó- en la música de diversión o de escucha para el entretenimiento, o pasar un rato, ¿por qué siempre el rock y los aires tropicales? ¿Por qué no la música verdadera, la música de los grandes músicos de todos los tiempos, o por qué no lo que es más nuestro: el folclore y el tango? Y en la Iglesia, lo que corresponde a la sacralidad de la Sagrada Liturgia”.

“Me parece que esto es interesante que lo reflexionemos y que vayamos haciendo opinión. Los catequistas, en este punto, tienen un papel fundamental porque si a los chicos cuando empiezan la catequesis, a los siete u ocho años, los movilizan musicalmente mediante ritmos sincopados y creen que la Misa de Niños es una fiestita, se equivocan porque les hacen perder de entrada a los chicos el sentido de lo sagrado”.

En la última parte y como un apéndice de su comentario televisivo sobre la música, monseñor Aguer señaló que "el órgano y aun el modesto armonio han desaparecido o callado en muchas celebraciones", y tras reconocer que la restauración de estos instrumentos es costosa, trajo un ejemplo alternativo. "En una parroquia de Berisso se emplean para acompañar los cantos violines y violoncelos ejecutados por niños. Es posible porque en ese municipio existe una orquesta infantil. La cuestión clave, en mi opinión, es ésta: la Iglesia ha sido siempre madre de las artes y ha ofrecido a los fieles el acceso a la belleza. Puede y debe seguir cumpliendo ese oficio, especialmente en favor de los pobres, que se merecen lo mejor".

Por último el arzobispo platense recordó "que el 21 de agosto se celebró el Día del Catequista, por la memoria del papa San Pío X que hizo tanto por la catequesis, y que insistió en que los niños, cuanto antes, debían iniciar la catequesis y acercarse a recibir a Jesús en la Sagrada Comunión. Por eso quiero felicitar a los catequistas, agradecerles y augurarles un buen trabajo a todos ellos”.+


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