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Los obispos de Buenos Aires exhortaron a abrazarse a la vida
Miercoles 27 Sep 2017 | 10:39 am
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Buenos Aires (AICA): En un mensaje con ocasión de la Marcha por la Vida, que se realizará esta tarde desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Aurelio Poli, y los seis obispos auxiliares porteños exhortaron a abrazarse a la vida y advirtieron que a partir de “este irrenunciable y ‘no negociable’ derecho a nacer” no se puede desconocer que “la defensa de la vida debe extenderse a todas las formas de agravios y atropellos que vulneran la dignidad de las personas”.
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El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Aurelio Poli, y los seis obispos auxiliares exhortaron hoy a abrazarse a la vida y advirtieron que a partir de “este irrenunciable y ‘no negociable’ derecho a nacer” no se puede desconocer que “la defensa de la vida debe extenderse a todas las formas de agravios y atropellos que vulneran la dignidad de las personas”.

Los obispos porteños se expresaron de este modo en el mensaje titulado “Abrazate a la vida” con ocasión de la Marcha por la Vida, que se realizará hoy a las 18 desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso de la Nación.

“Nos hacemos también presentes y solidarios en el sagrado y noble ideal que los ha convocado: la defensa de la vida en todos sus términos, cuidando con predilección a los más débiles, los que se encuentran en las panzas de las mamás, las que esperan ese don sagrado y, por lo tanto, se han constituido en santuarios de la vida naciente”, sostuvieron.

Texto del mensaje
Queridos hermanos presentes en la Marcha por la vida:
Con este mensaje, los obispos de la Iglesia Católica en Buenos Aires nos hacemos también presentes y solidarios en el sagrado y noble ideal que los ha convocado: la defensa de la vida en todos sus términos, cuidando con predilección a los más débiles, los que se encuentran en las panzas de las mamás, las que esperan ese don sagrado y, por lo tanto, se han constituido en santuarios de la vida naciente.

A partir de este irrenunciable y «no negociable» derecho a nacer, como nos enseñó el papa Benedicto XVI, no podemos desconocer que la defensa de la vida debe extenderse a todas las formas de agravios y atropellos que vulneran la dignidad de las personas, comenzando por los más pobres de los pobres, que son los enfermos sin la debida atención, en especial, los que están en los hospitales y a quienes nadie visita, y los que terminan sus días solos en la calle; los niños y jóvenes afectados por el cruel y nefasto negocio del narcotráfico, cuyas víctimas son los que se ubican en los márgenes de la vida, perdiendo afectos familiares, estudio, trabajo y, lo que es peor, la libertad para decidir su camino, y no son pocos a los que la droga mata; las víctimas de la trata de personas en todas sus formas humillantes; los que no se sabe nada de sus vidas, ausentes de sus familias; los ancianos olvidados que sufren en silencio la soledad y el abandono de sus familiares. Defender la vida significa también oponerse a todas las formas de corrupción social y privada, que son una «lacra humana», porque nada atenta más contra las vidas y el progreso de todos los argentinos, con sus terribles consecuencias de postergación, pobreza, falta de trabajo digno e igualdad de posibilidades para progresar, etc.

En estos días, la Iglesia Católica que camina en Buenos Aires, mira sobre todo la vida de los niños y jóvenes en los barrios más humildes de esta gran ciudad, donde las adicciones hacen estragos y castiga a los más desprotegidos, robándoles el futuro y la esperanza; es a ellos a los que convocamos con un mensaje esperanzador con el lema: Abrazate a la vida.

Nos alegra mucho saber que la causa de la vida, la que recibimos como don sagrado, ha reunido a hombres y mujeres religiosos, de distintos credos y confesiones. Nos sumamos a todos los hombres y mujeres de fe y de buena voluntad que quieren la vida para sí y la defienden para los demás. Dios, creador y fuente de la vida, bendiga cada paso de su testimonio y les conceda el consuelo de los bienaventurados.

El mensaje lleva la firma del cardenal Mario Aurelio Poli y de los obispos auxiliares Joaquín Mariano Sucunza, Enrique Eguía Seguí, Juan Carlos Ares, Ernesto Giobando SJ, Alejandro Daniel Giorgi y José María Baliña.+




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