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El papa Francisco planteó cómo debe ser un buen sacerdote
Sabado 7 Oct 2017 | 13:00 pm
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Ciudad del Vaticano (AICA): El Santo Padre Francisco recibió esta mañana a los participantes en el Congreso internacional sobre la ¨Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis¨, organizado por la Congregación para el Clero. En el discurso que les dirigió el Papa habló de cómo tiene que ser un buen sacerdote. El Pontífice aseguró que la formación sacerdotal es “determinante” para la misión de la Iglesia y señaló que “la renovación de la fe y el futuro de las vocaciones es posible solo si tenemos sacerdotes bien formados”.
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El Santo Padre Francisco recibió esta mañana a los participantes en el Congreso internacional sobre la "Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis", organizado por la Congregación para el Clero. En el discurso que les dirigió el Papa habló de cómo tiene que ser un buen sacerdote.

El Pontífice aseguró que la formación sacerdotal es “determinante” para la misión de la Iglesia y señaló que “la renovación de la fe y el futuro de las vocaciones es posible solo si tenemos sacerdotes bien formados”.

La Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis es un documento que con el título El Don de la Vocación Sacerdotal fue promulgado el 8 de diciembre de 2016. La anterior Ratio Fundamentalis databa de 1970, aunque fue actualizada en 1985.

El documento está llamado a ordenar la formación de los futuros sacerdotes en todos los seminarios del mundo y organizar la formación permanente de quienes tienen el Orden Sagrado.

La guía para la fomación sacerotal tiene como eje principal el recorrido por las principales materias que componen el curriculum de estudios de los seminaristas. Pretende orientar a los formadores sobre el contenido y enfoque de las diversas asignaturas, actualizadas a las necesidades contemporáneas.

“La formación sacerdotal -afirmó el Papa- depende en primer lugar de la acción de Dios en nuestra vida y no de nuestras actividades. Es una obra que requiere la valentía de dejarnos plasmar por el Señor, para que transforme nuestro corazón y nuestra vida”.

La formación “no se resuelve con cualquier actualización cultural o cualquier iniciativa esporádica local” sino que “es Dios el artesano paciente y misericordioso de nuestra formación sacerdotal” y “este trabajo dura para toda la vida”.

“Cuando nos despegamos de nuestras comodidades, de las rigideces de nuestros esquemas y de la presunción de haber llegado ya, y tenemos la valentía de ponernos en la presencia del Señor, Él puede retomar su trabajo en nosotros, nos plasma y nos transforma”.

Francisco advirtió que si uno no se deja “formar por el Señor” se convierte en “un sacerdote apagado, que se deja arrastrar en el ministerio por inercia, sin entusiasmo por el Evangelio ni pasión por el pueblo de Dios”.

Y al contrario, quien “conserva en el tiempo el entusiasmo del corazón, recibe con alegría la frescura del Evangelio, habla con palabras capaces de tocar la vida de la gente y sus manos, ungidas por el obispo en el día de la ordenación, son capaces de ungir a su vez sus heridas, las esperas y las esperanzas del pueblo de Dios”.

En la etapa de formación Francisco recomendó abandonar “el rumor de las ambiciones humanas” y preferir “el silencio de la oración”. “Más que la confianza en las propias obras, sabrá abandonarse en las manos del Señor y en su providente creatividad; más que de esquemas preconstituidos, se dejará guiar por una inquietud del corazón. Más que la soledad, buscará la amistad con los hermanos en el sacerdocio y con la propia gente, sabiendo que su vocación nace de un encuentro de amor. El de Jesús y el del pueblo de Dios”.

A los obispos y a los formadores les dijo que si no colaboran con la obra de Dios “no tendremos sacerdotes bien formados” y recordó el valor de un buen “discernimiento como instrumento privilegiado”.

“La Iglesia necesita sacerdotes capaces de anunciar el Evangelio con entusiasmo y sabiduría, de encender la esperanza donde las cenizas han cubierto las brasas de la vida, y de generar la fe en los desiertos de la historia”.

Y no nos olvidemos nunca del Pueblo de Dios, recomendó finalmente el Papa Francisco, recordando la importancia de caminar en medio de la gente con los avatares de tantas situaciones, sus solicitudes y sus necesidades, llevando y anunciando al Señor.

Antes de concluir, el Papa presentó algunas preguntas que se deberían plantear los sacerdotes: ¿Qué sacerdote quiero ser? ¿Un "cura de salón", uno tranquilo y asentado, o un discípulo misionero cuyo corazón arde por el Maestro y por el pueblo de Dios? ¿Uno que se acomoda en su propio bienestar o un discípulo en camino? ¿Un tibio que prefiere la vida tranquila, o un profeta que despierta en el corazón del hombre el deseo de Dios?".+


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