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Católicos y metodistas ya no somos “extraños”, somos “familia de Dios”, dijo el Papa
Jueves 19 Oct 2017 | 11:56 am
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El Papa Francisco saluda al obispo metodista - Foto L'Osservatore Roma... ver más
Ciudad del Vaticano (AICA): “Gracias a estos cincuenta años de diálogo paciente y fraterno podemos decirnos realmente unos a otros las palabras del apóstol Pablo: ‘ya no son extraños’”, expresó el papa Francisco, en la mañana de este jueves 19 de octubre, al recibir, en la Sala del Consistorio, a una delegación del Consejo Metodista Mundial, con motivo del 50º aniversario del inicio del diálogo teológico metodista-católico.
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“Gracias a estos cincuenta años de diálogo paciente y fraterno podemos decirnos realmente unos a otros las palabras del apóstol Pablo: ‘ya no son extraños’”, expresó el papa Francisco, en la mañana de este jueves 19 de octubre, al recibir, en la Sala del Consistorio, a una delegación del Consejo Metodista Mundial, con motivo del 50º aniversario del inicio del diálogo teológico metodista-católico.

Francisco recordó que “el Concilio Vaticano II exhortó a atender a una mayor profundidad de conocimiento y a una apreciación más justa entre los cristianos de diversas confesiones a través de un diálogo que proceda con amor de la verdad, con caridad y con humildad”.

“El diálogo verdadero anima continuamente a encontrarnos con humildad y sinceridad, deseosos de aprender los unos de los otros, sin irenismos y fingimientos”.

“Somos hermanos que, después de un largo tiempo alejados, estamos felices de reencontrarnos y de redescubrirse, de caminar juntos, abriendo con generosidad el corazón al otro”.

Por otro lado, destacó lo hermoso de “ver como el Señor siembra largamente sus dones, ver a hermanos y hermanas que abrazan en Jesús nuestra misma razón de vida” y pidió “reforzar recíprocamente el testimonio de la fe”.

El pontífice explicó que “la fe es tangible sobre todo cuando se concreta en el amor, y en particular en el servicio a los pobres y a los marginados”.

“Cuando católicos y metodistas acompañamos y levantamos juntos a los débiles y marginados respondemos a la invitación del Señor”.

El obispo de Roma afirmó que se abre una “nueva fase de diálogo” que necesita de “oración y caridad” porque si no nunca se llegará a la “plena comunión entre nosotros”.

“Que su trabajo sobre la reconciliación sea un don, y no solo para nuestras comunidades, sino para el mundo; que sirva de estímulo a todos los cristianos para ser ministros de reconciliación”.

Discurso del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas,

Agradezco al obispo Abrahams sus amables palabras y con gran alegría les doy la bienvenida con motivo del cincuenta aniversario del inicio del diálogo teológico metodista-católico.

En el libro de Levítico, el Señor anuncia el año cincuenta como un año especial, que prevé, entre otras cosas, la liberación de los esclavos: “Declararán santo el año cincuenta y proclamarán en la tierra liberación para todos sus habitantes” (Lev 25,10). Estamos muy agradecidos a Dios porque, de alguna manera, podemos proclamar que hemos sido liberados de la esclavitud de la extrañeza y la sospecha mutua. En el año cincuenta “cada uno recobrará su propiedad y cada cual regresará a su familia” (ibíd.), agregaba el Señor a Moisés. Gracias a estos cincuenta años de diálogo paciente y fraterno podemos decirnos realmente unos a otros las palabras del apóstol Pablo: “ya no son extraños”; (Ef 2,19): no en el corazón, pero tampoco en la pertenencia al Señor, en virtud del bautismo, que nos ha constituido en una fraternidad real. Sí, somos y nos sentimos “familia de Dios” (ibíd.).

A esta conciencia nos ha llevado el diálogo. El Concilio Vaticano II sigue exhortando a tender a un conocimiento más profundo y a una apreciación más justa entre los cristianos de diferentes confesiones a través de un diálogo que proceda “con amor a la verdad, con caridad y con humildad” (Decr. Unitatis Redintegratio, 11).

El diálogo verdadero anima constantemente a encontrarnos con humildad y sinceridad, deseosos de aprender unos de otros, sin irenismos y sin fingimientos. Somos hermanos que, después de un largo distanciamiento, están contentos de volver a encontrarse y redescubrirse uno al otro, de caminar juntos, abriendo generosamente el corazón al otro. Así proseguimos, sabiendo que este camino ha sido bendecido por el Señor: por Él ha comenzado y a Él se dirige.

“Declararán santo el año cincuenta”, dijo Dios a Moisés. En el documento más reciente de la Comisión ustedes hablan precisamente de santidad. John Wesley quería ayudar al prójimo a vivir una vida santa. Su ejemplo y sus palabras animan a muchos a dedicarse a las Sagradas Escrituras y a la oración para aprender a conocer a Jesucristo. Cuando entrevemos signos de una vida santa en los demás, cuando reconocemos la acción del Espíritu Santo en otras confesiones cristianas, no podemos por menos que alegrarnos. Es hermoso ver cómo el Señor siembra ampliamente sus dones, es bueno ver a los hermanos y hermanas que abrazan en Jesús nuestra misma razón de vivir. No sólo eso: los otros “familiares de Dios” pueden ayudarnos a acercarnos todavía más al Señor y estimularnos a dar un testimonio más fiel del Evangelio. Demos, pues, gracias al Padre por todo lo que nos ha concedido mucho antes de los últimos cincuenta años, en los siglos pasados y en todo el mundo, en las respectivas comunidades. Dejémonos fortalecer recíprocamente por el testimonio de la fe.

La fe se hace tangible sobre todo cuando se concreta en el amor, en particular en el servicio a los pobres y marginados. “Proclamarán en la tierra liberación para todos sus habitantes”. En el año cincuenta del diálogo esta antigua invitación de la Palabra viva resuena especialmente actual para nosotros. Forma parte de la misma llamada a la santidad que, siendo llamada a la vida de comunión con Dios, es necesariamente llamada a la comunión con los demás. Cuando católicos y metodistas acompañamos y levantamos juntos a los débiles y los marginados –aquellos que, a pesar de vivir en nuestras sociedades, se sienten lejanos, extranjeros, extraños– respondemos a la invitación del Señor.

Mirando al futuro, más allá de los cincuenta años, tenemos una certeza: no podemos crecer en la santidad sin crecer en una comunión mayor. Esta es la senda que se abre ante el camino con la nueva fase de diálogo que está a punto de iniciar sobre el tema de la reconciliación. No podemos hablar de oración y de caridad si, juntos, no rezamos y no trabajamos por la reconciliación y la plena comunión entre nosotros.

¡Que su trabajo sobre la reconciliación sea un don, y no sólo para nuestras comunidades sino para el mundo! ¡Que sea un estímulo para que todos los cristianos sean ministros de la reconciliación! Es el Espíritu de Dios el que obra el milagro de la unidad reconciliada. Y lo hace con su estilo, como lo hizo en Pentecostés, suscitando diferentes carismas y recomponiendo todo en una unidad, que no es uniformidad, sino comunión. Por lo tanto, es necesario que estemos juntos como los discípulos esperando al Espíritu, como hermanos en camino.

Muchas gracias por su presencia; agradezco a la Comisión de diálogo el trabajo ya realizado y el futuro y al Consejo Metodista Mundial el continuo apoyo al diálogo. La bendición de estos últimos cincuenta años radica en la gracia que hemos descubierto los unos en los otros y que ha enriquecido a ambas comunidades.

La tarea no se ha terminado y estamos llamados, mientras seguimos caminando, a mirar hacia adelante. Hemos aprendido a reconocernos hermanos y hermanas en Cristo; ahora es el momento de prepararnos, con esperanza humilde y esfuerzo concreto, a ese pleno reconocimiento que tendrá lugar con la ayuda de Dios cuando finalmente podamos encontrarnos juntos en la fracción del Pan. Quisiera invitaros a rezar por esto, pidiéndole al Padre el pan de cada día que sostenga nuestro camino: Padre nuestro…+



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