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Mons. Croxatto: “No nos dejemos robar la alegría de evangelizar”
Martes 21 Nov 2017 | 12:36 pm
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Neuquén (AICA): El obispo de Neuquén, monseñor Fernando Croxatto, presidió la misa de cierre del V Congreso Misionero Nacional (CoMiNa), celebrada el lunes 20 de noviembre en el Parque Central de la capital neuquina, ante la presencia de cientos de fieles que compartieron el fin de semana con el lema “Argentina en misión, el Evangelio es alegría”.
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El obispo de Neuquén, monseñor Fernando Croxatto, presidió el lunes 20 de noviembre la misa de cierre del V Congreso Misionero Nacional (CoMiNa). La celebración tuvo lugar el Parque Central de la capital neuquina y reunió a más de mil personas entre organizadores, participantes y habitantes de la diócesis anfitriona.

En su homilía, el prelado reiteró la invitación a que Jesús “nos complique la vida” con el Evangelio. “Estamos alentados a mantenernos firmes, llenos de valor, a preferir incluso la muerte antes que fallarle al Señor... A no traicionar el amor, a no callar nuestro anuncio. Recordando expresiones de Francisco que tenemos presente estos días, no es lo mismo haber conocido a Jesús, que no conocerlo, caminar con Él que caminar a tientas”, subrayó.

“El verdadero misionero que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él”, recordó, y celebró que la vida “se nos complique”, porque con Él “es mucho más plena y le encuentra sentido a todo”.

“La misión es salir para detenerse, es andar por parajes, pueblos, ciudades, realidades sociales, los areópagos modernos. Pero no solo pasando, sino deteniéndonos. Dejando que nos detengan para acercarnos, para mirar a los que gritan desde las orillas”, sostuvo.

“Haz Señor que vea. Haz que no nos conformemos con algunos espacios de espiritualidad y misión que no alimentan el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo, la pasión evangelizadora. Que no entremos en esa obsesión por ser como todos y por tener lo que poseen los demás, que terminen ahogando la alegría misionera y así las tareas evangelizadoras se vuelven forzadas. Que no nos dejemos robar el entusiasmo misionero. Haz que no nos escapemos de los compromisos que nos pueden robar nuestro tiempo libre, como si la tarea evangelizadora fuera un veneno peligroso, y no una alegre respuesta al amor de Dios que nos convoca a una misión y nos vuelve plenos y fecundos”, pidió el prelado.

“Haz Señor que yo vea. Que nos demos cuenta cuando estamos cayendo en la mayor amenaza que es ese gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia, en la cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad. Llamados a iluminar y a comunicar vida, finalmente nos dejamos cautivar por cosas que solo generan oscuridad y cansancio interior y que nos apolillan el dinamismo apostólico”, añadió.

“Haz Señor que yo vea. No seamos profetas de calamidades, que seamos realistas pero no pesimistas. Que podamos ver los males de este mundo como desafío a crecer. Que no dejemos nunca de ver la luz que siempre derrama el Espíritu en medio de las oscuridades, y siempre descubramos el trigo que crece en medio de la cizaña. Que no nos dejemos robar la esperanza. Haznos ver siempre que la fe en vos, el Hijo de Dios hecho carne, es inseparable del don de nosotros mismos. Por eso, haz que podamos correr siempre el riesgo de encontrarnos con el rostro de los otros, con sus dolores y sus reclamos. De pertenecer a una comunidad y hacernos servidores. Que no nos cansemos de optar por la fraternidad. Que no perdamos contacto con la realidad sufrida de nuestro pueblo fiel, entreteniéndonos en lo que habría que hacer y no que se nos deshilache la vida y nos cansemos en el barro. Que probemos a fondo el gusto por la misión”, continuó.

Para finalizar, exhortó a los misioneros a volver a casa “glorificando al Señor por estos días. Que nuestra vida, por la alegría, por la fuerza y el entusiasmo del Evangelio sea una alabanza cotidiana al Señor”.

“No nos dejemos robar la alegría de evangelizar. Que tu vida, mi vida misionera convenza por el amor y la alegría. Porque tenemos un tesoro de vida y de amor que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo de cada ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nadie más puede llegar. Que María, la Madre del Evangelio viviente y nuestros santos que nos han acompañado con sus reliquias también, intercedan para que podamos llevar adelante las propuestas de este CoMiNa 5. Por eso, Argentina en misión: El Evangelio es Alegría. Misioneros a la misión - El Evangelio es Alegría”, concluyó monseñor Croxatto.

Conclusiones del CoMiNa
Los participantes del 5º Congreso Misionero Nacional, reunidos en la ciudad de Neuquén, del 18 al 20 de noviembre de 2017, bajo el lema “Argentina en misión, el Evangelio es alegría”,

Observamos
- una mayor conciencia misionera, como consecuencia de las enseñanzas del Papa Francisco;
- un cambio y renovación de las estructuras pastorales a través de gestos y acciones propias de una Iglesia en salida;
- una profundización en la formación, como consecuencia de su importancia en la actividad misionera; y en la espiritualidad, a través de una mayor valorización de la piedad popular;
- dificultades en la comunicación, falta de comunión, clericalismo y poca perseverancia;
- resistencias y miedos a los cambios y a salir al encuentro, por falta de confianza en la eficacia del Evangelio;
- signos de cansancio, desinterés y poca pasión en la tarea evangelizadora.

Creemos que
- la alegría de evangelizar echa sus raíces en el encuentro con Cristo resucitado, que reconocemos en el otro;
- esta alegría pascual es la que nos ayuda a superar el miedo, la comodidad y la indiferencia;
- la misión expresa el amor de Dios y la misericordia por todos;
- la fe se vive y se testimonia desde una comunidad de discípulos misioneros.

Proponemos
- generar ámbitos de encuentro con Cristo a través de una espiritualidad misionera centrada en la Eucaristía y la Palabra de Dios;
- acrecentar la formación misionera en todos los ámbitos pastorales;
- favorecer los vínculos de comunión y el trabajo en equipo para un testimonio misionero fecundo;
- disponernos a la escucha de nuestro pueblo, acrecentando la salida al encuentro con los pobres;
- revitalizar espacios de difusión, formación y acompañamiento de las vocaciones ad gentes.

Confiamos en que el Señor infunda en nuestras vidas la fuerza de su Espíritu Santo para que renueve en nosotros la pasión por la misión y nos haga anunciadores de la alegría del Evangelio.
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