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Celebran los cien años de la comunidad siriana ortodoxa
Viernes 2 Mar 2018 | 12:33 pm
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Buenos Aires (AICA): El Arzobispado Siriano Ortodoxo de Antioquía en la Argentina celebrará una divina liturgia (misa) según el rito siríaco arameo el domingo 4 de marzo, a las 19, en la iglesia San Efrén, Tronador 1067, en el barrio de Villa Ortúzar, de la ciudad de Buenos Aires, por los cien años de esa comunidad en el país. En ese día, celebrando la fiesta de San Efrén, el arzobispo de esta iglesia, monseñor Crisóstomo Ghassali, bendecirá una placa por el centenario de la Asociación de Beneficencia Siriana, fundada en Buenos Aires el 4 de marzo de 1918. Separada de la Iglesia de Roma tras el Concilio de Calcedonia (451), la Iglesia Siriana mantiene una relación que se estrechó en los últimos años con las visitas de sus patriarcas al Vaticano y con la comunión en el “ecumenismo de sangre”, por compartir la persecución y el martirio en un ambiente hostil.
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El Arzobispado Siriano Ortodoxo de Antioquía en la Argentina celebrará una divina liturgia (misa) según el rito siríaco arameo el domingo 4 de marzo, a las 19, en la iglesia San Efrén, Tronador 1067, en el barrio de Villa Ortúzar, de la ciudad de Buenos Aires, por los cien años de esa comunidad en el país.

En ese día, celebrando la fiesta de San Efrén, fallecido en el año 374, a quien llama “doctor de la Iglesia universal, Arpa del Espíritu Santo”, el arzobispo de esta iglesia, monseñor Crisóstomo Ghassali, bendecirá una placa con motivo del centenario de la Asociación de Beneficencia Siriana, fundada en Buenos Aires el 4 de marzo de 1918.

La cabeza de esta iglesia es el patriarca Ignacio Aphrem II Karin, que reside en Damasco, Siria.

El miércoles último, en su audiencia general, el papa Francisco recordó al pueblo sirio, martirizado por la guerra. En su “cordial saludo a las personas de lengua árabe, en particular a aquellas procedentes de Siria, de Tierra Santa y del Medio Oriente”, el pontífice instó a “rezar por estos hermanos”, tras recordar que ésta es una “tierra martirizada”.

“¡Debemos rezar por estos hermanos, que están en guerra y por los cristianos perseguidos, que quieren echarlos de aquella tierra! Recemos por estos hermanos y hermanas nuestros”, pidió. Ver noticia

En Antioquía había una arraigada comunidad cristiana desde los tiempos de los Apóstoles. El libro de los Hechos de los Apóstoles (11,25-26) cuenta que Pablo y Bernabé estuvieron un año allí e instruyeron a una muchedumbre numerosa, y que fue en Antioquía donde comenzaron los discípulos a llamarse cristianos.

Tras haber participado con todas las iglesias en el Concilio de Nicea en 325, muchos de los integrantes de esa comunidad antioquena rechazaron las conclusiones del Concilio de Calcedonia (451), que precisó las dos naturalezas –divina y humana- en la persona de Cristo. Se distinguió así la iglesia siriana ortodoxa. Stricto sensu, no cabe incluirla entre las llamabas iglesias ortodoxas de origen bizantino separadas de Roma tras el cisma de Constantinopla (1053), sino entre las antiguas iglesias orientales precalcedonianas.

Pero ha habido un gran acercamiento en los últimos tiempos, que aumenta aún por compartir los cristianos el “ecumenismo de la sangre” (del martirio), al sufrir juntos la persecución hasta el exilio, la pérdida de sus hogares y la muerte en un contexto religioso y político hostil, en una zona devastada cruelmente por la guerra. Por la que el papa Francisco acaba de reiterar su inquietud y pedido de oración.

Los patriarcas de esta iglesia Ignacio Jacobo III (en 1971 y 1980) e Ignacio Zakka I (en 1984) visitaron en Roma al papa Juan Pablo II, y en 1984 se firmó una declaración común por la que ambas iglesias (la católica y la siriana) autorizan a sus fieles a recibir de la otra iglesia en determinadas circunstancias los sacramentos de la penitencia, Eucaristía y unción de los enfermos.

Y en junio de 2015 el papa Francisco recibió al patriarca siro-ortodoxo de Antioquía y de todo el Oriente, monseñor Ignacio Aphrem II Karim, a quien llamó “vuestra Santidad” y manifestó: “Es una gran alegría acogerlo aquí, cerca de la tumba de San Pedro, tan amado en Roma y en Antioquía”.

El domingo 14 de enero último, por primera vez se ordenó en la Argentina un sacerdote de la Iglesia Siriana Ortodoxa en una divina liturgia celebrada en la catedral San Pedro, de esa iglesia, en la ciudad de La Plata. Se trata del hasta entonces diácono Rubén Azar, un ingeniero y docente, casado con una mujer católica, padre de tres hijos, que desde 1992 había hecho una larga experiencia diaconal recibiendo sucesivamente distintos ministerios.

A esa ceremonia, que presidió el arzobispo siriano Crisóstomo, asistieron dos obispos católicos: el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, y el obispo maronita monseñor Habib Chamieh, quienes leyeron algunas oraciones (este último, en arameo), lo que indica la fraternal relación existente hoy entre ambas iglesias cristianas.+ (Jorge Rouillon)




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