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Un debate viciado por ideologías e intereses comerciales
Martes 6 Mar 2018 | 11:11 am
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Pbro. Leonardo Di Carlo ver más
Mendoza (AICA): El Pbro. Leonardo Di Carlo es párroco de San Pedro y San Pablo, en Mendoza y asesor de Grávida, pero además es médico y por esa condición los obispos de Mendoza lo designaron para expresarse sobre el aborto. Lo hizo con un artículo en el que considera que el actual debate sobre el tema “muchas veces está viciado por ideologías, intereses comerciales, discursos vacíos y una carga fuerte de individualismo y autosuficiencia”.
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El presbítero Leonardo Iván Di Carlo es párroco de San Pedro y San Pablo, en la ciudad mendocina de General San Martín y asesor eclesiástico de Grávida, una asociación que ayuda a madres embarazadas con intención de abortar para ofrecerles una alternativa diferente.

El presbítero Di Carlo, que además es médico y que por esa condición los obispos de Mendoza lo designaron para expresarse sobre el aborto, lo hizo mediante un artículo en el que considera que hay que cargar de sentido a “un debate que muchas veces está viciado por ideologías, intereses comerciales, discursos vacíos y una carga fuerte de individualismo y autosuficiencia”.

Texto del artículo del Pbro. Leonardo Di Carlo
Como sacerdote y médico cotidianamente me encuentro frente al desafío de reflexionar sobre el tema del aborto. Ya sea en el ámbito académico como en la pastoral con grupos o diálogos personales, no deja de tener actualidad.

Una vez más nuestro país se prepara para debatir en el ámbito parlamentario esta realidad que nos envuelve y a veces hasta nos asfixia por la falta notable de fundamentos que permitan llegar a la verdad.

Considero que estamos frente a una oportunidad inigualable para cargar de sentido este debate que muchas veces está viciado por ideologías, intereses comerciales, discursos vacíos y una carga fuerte de individualismo y autosuficiencia.

¿El debate sobre el aborto es un tema que tiene a la Iglesia Católica en una vereda y al resto de la sociedad en la otra? Sin lugar a dudas que no. Son muchos los credos que acompañan esta defensa de la vida, no sólo del niño por nacer, sino también de todos los que participan en este acto.

¿Este debate sólo parte de un punto de vista religioso? Sin lugar a dudas que no. Todo hombre, sea creyente o no, tiene grabado en su corazón la ley natural del “no matarás”. El hombre ha sido creado para cuidar la vida, hacerla posible, llenarla de sentido. Es por eso que una persona agnóstica también estará afectada por este mandato natural por el solo hecho de ser persona.

¿Defender la vida se limita a poner la mirada sólo en el niño por nacer? Custodiamos la vida de aquel que desde su fragilidad reclama cuidado y contención, pero también se busca acompañar la realidad de la madre, del padre, de otras personas que intervienen directamente y de la sociedad en general.

Sabemos muy bien que el niño por nacer es una persona. Aunque hoy se intente poner este punto en discusión, los fundamentos son irrefutables: la vida comienza con la concepción. A partir de la unión del óvulo con el espermatozoide, inicia su existencia un nuevo ser, distinto a sus padres, un individuo con una carga genética que lo identifica y cualifica. El aborto entonces es eliminar esta vida. Los motivos son otro punto de discusión.

El embarazo hoy no es sinónimo de una nueva vida querida por sus padres. Son muchos los casos en los cuales el bebé aparece como una realidad no querida. Esta situación no licua el estatuto ontológico que lo cualifica, no pierde su valor en sí mismo. Es así que frente a tantas circunstancias injustas, dolorosas y a veces ilegales, el camino a seguir como solución no puede ser el eliminar una vida.

Con frecuencia constato que el aborto provoca la muerte del niño por nacer y además lastima con heridas lacerantes el alma de quienes lo provocan. Todos los protagonistas de esta realidad dolorosa y cruel sufren sus consecuencias. Hoy conocemos muy bien la realidad de las secuelas posaborto. ¿Este punto se encuentra dentro del debate?

Las leyes actuales en otros países y los proyectos de ley en nuestro país proponen al aborto como una solución para el embarazo no deseado. Ríos de tinta se derraman para justificar ese momento en el cual la supuesta solución llega. ¿Quién se hace cargo del día después? ¿Qué sucede con esa mamá? ¿Quién acompaña a ese papá? ¿Cómo maneja su conciencia aquel que lo practica desde el ámbito médico o farmacéutico? Son clarísimas las evidencias del dolor que provoca este hecho el día después que se prolonga por años.

Cuando el alma está herida, muchas veces su dolor se expresa a través del cuerpo. Son conocidas las experiencias de vacío y enfermedades psicológicas, psiquiátricas y somáticas que aparecen luego del aborto. Sin lugar a dudas no son los fármacos los que logran su cura. ¿Quién se hace cargo de esta realidad? ¿Por qué no lo escuchamos en los fundamentos de quienes lo promueven? Es una verdad que hay que poner sobre la mesa y ponerle luz para que se tenga en cuenta.

Son muchos los casos de varones que han acompañado estas decisiones y profesionales de la salud que también sufren las secuelas posaborto. ¿Quién habla de ésto en los debates actuales?

La Iglesia Católica hoy ofrece medios para acercar la misericordia de Dios a sus hijos y a toda persona de buena voluntad que busque ayuda y el perdón de Dios.

Tenemos que iluminar nuestros debates con verdades completas. Como sociedad no nos podemos acostumbrar a verdades a medias que dan lugar a respuestas estériles.

¿Nos animamos a enfrentar este tema con madurez y un sincero deseo de bien para todas las partes?

Les comparto este desafío.+
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