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Carta Pastoral: Somos un pueblo que camina, anuncia y sirve
Jueves 22 Mar 2018 | 08:57 am
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San Juan (AICA): En el marco de la solemnidad de San José, patrono de la Iglesia universal, este 19 de marzo el arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Eduardo Lozano, publicó su carta pastoral que se titula “Somos un Pueblo que camina, anuncia y sirve” y ofrece reflexiones pastorales “a modo de orientaciones y lineamientos a tener en cuenta”.
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El arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Eduardo Lozano, publicó este 19 de marzo su carta pastoral titulada “Somos un pueblo que camina, anuncia y sirve”.

Se trata de una propuesta de reflexión a desarrollar en todas las comunidades que forman parte de la Iglesia en San Juan, que comienza con algunas reflexiones pastorales a modo de orientaciones y lineamientos a tener en cuenta “que nos den el marco eclesial en el cual mirarnos y vincularnos”.

El primer punto de la carta se titula “Empezar a discernir”, e invoca la guía del Espíritu Santo para lograr una pastoral “orgánica, renovada y vigorosa”. En este punto, el arzobispo recuerda que el envío de Jesús: “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio”, no concluye nunca. Por eso en cada tiempo “es importante preguntarnos: ¿Qué nos pide Dios a nosotros en este hoy en particular?”.

El arzobispo llama además a un “discernimiento de los desafíos”. A las enseñanzas de la Iglesia, señala, “tenemos que ver cómo asumirlas e incorporarlas a la vida concreta”, y recuerda que “Francisco nos invita a trabajar en el discernimiento de los desafíos más cercanos a cada comunidad”.

La responsabilidad de esta tarea, advierte monseñor Lozano en su carta, “es de la comunidad cristiana”. Por lo tanto, “no es ocupación exclusiva de los Pastores, ni siquiera de ellos con un grupo reducido, sino de todos los bautizados.

“Si lo que buscamos es escuchar al Espíritu, tenemos que ponernos en oración, para pedir al Señor que abra nuestro corazón y así dejemos que su voz resuene en nuestro interior”, sostiene.

“Nos enseña el Documento Conclusivo de Aparecida que la diócesis ‘debe impulsar y conducir una acción pastoral orgánica renovada y vigorosa, de manera que la variedad de carismas, ministerios, servicios y organizaciones se orienten en un mismo proyecto para comunicar vida en el propio territorio. Este proyecto, que surge de un camino de variada participación, hace posible la pastoral orgánica, capaz de dar respuesta a los nuevos desafíos’”, retoma el prelado, y recuerda (del mismo documento) que “un proyecto sólo es eficiente si cada comunidad cristiana, cada parroquia, cada comunidad educativa, cada comunidad de vida consagrada, cada asociación o movimiento y cada pequeña comunidad se insertan activamente en la pastoral orgánica de cada diócesis”.

Este desafío, “grande y hermoso”, considera el pastor arquidiocesano, “requiere generosidad, apertura del corazón, capacidad de asumir juntos la misión que se nos confía”.

Monseñor Lozano llama luego a “retomar el ideal de las primeras comunidades cristianas”, es decir, tener “un solo corazón y una sola alma”. En este sentido, indica, “Francisco nos exhorta a salir a las periferias y los nuevos ámbitos socioculturales. ‘En orden a que este impulso misionero sea cada vez más intenso, generoso y fecundo, exhorto también a cada Iglesia particular a entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma’”. Por tal motivo, cree necesario recordar que “el primer nivel de ejercicio de la sinodalidad se realiza en las Iglesias particulares”.

En cuanto a “la sinodalidad de la Iglesia”, el arzobispo considera necesaria una pastoral dedicada a la escucha y el servicio. “La palabra sínodo viene del griego, y significa ‘hacer el camino juntos’”, señala.

“En este camino es importante dar lugar a la oración. Pedir a Dios que agrande nuestro corazón para escucharlo a Él, a su Palabra”, aseguró el prelado, y señaló que “también estamos llamados a escuchar el clamor de los pobres y el clamor de la tierra”. Citando a monseñor Angelelli, añade: “con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio”.

“Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus acciones”, insiste.

Por otra parte, el arzobispo de San Juan de Cuyo exhorta en su carta a ser “servidores de Cristo y los hermanos”. En este sentido, recuerda que “para los discípulos de Jesús, ayer, hoy y siempre, la única autoridad es la autoridad del servicio, el único poder es el poder de la cruz”.

“Nunca debemos dejar que gane lugar en el corazón una mirada mundana de ambiciones de poder, de anhelos por ocupar puestos de relevancia. Cuánto daño causa el protagonismo autorreferencial de esgrimir títulos o enrostrar influencias”, añade.

El modo en que se ejerce la autoridad en la Iglesia, explicó monseñor Lozano, es “servir, acompañar, cuidar”. Los obispos “siendo servidores de todos, inclinados en gestos de comprensión y conduciendo el rebaño del Señor por amor a Jesús y a su Pueblo”, los sacerdotes “como colaboradores inmediatos de la corresponsabilidad del anuncio y el cuidado de la comunión para la misión, prestando atención al rebaño con dedicación, de buena gana, con prontitud de ánimo, sirviendo de ejemplo para la comunidad”, los diáconos “siendo el rostro de Cristo servidor”, los consagrados y consagradas “mostrando la alegría en la entrega de la vida y haciendo punta en las periferias geográficas y existenciales”, todos los agentes pastorales, varones y mujeres, “movidos por el servicio a la misión y no por la ambición de escalar puestos, alejados del chisme que destruye la comunión, y la comodidad y apatía que frenan la misión”.

“La renovación de la Iglesia debe abarcar la Curia del Vaticano, los organismos diocesanos, las comisiones y consejos pastorales de las parroquias, capillas, comunidades educativas, movimientos e instituciones, y a cada uno de nosotros”, afirma.

Finalmente, a través del documento, el arzobispo pronuncia un fuerte llamado a la conversión pastoral, para lograr una pastoral misionera que llegue “a todos en todos lados”. La conversión, señala, “implica un cambio de conducta y de mentalidad”.

“Tal conversión debe ser coherente con el Concilio. Lo toca todo y a todos: en la conciencia y en la praxis personal y comunitaria, en las relaciones de igualdad y de autoridad; con estructuras y dinamismos que hagan presente cada vez con más claridad a la Iglesia, en cuanto signo eficaz, sacramento de salvación universal”, considera, y advierte que “el sujeto que debe convertirse es comunitario, nos involucra a todos. Y abarca a todas las actividades que desarrollamos”.

“La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que 'el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial' con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera”, agrega. “La Iglesia debe presentarse como madre que sale a la búsqueda para el encuentro y la ternura”.

“Estamos para servir con alegría”, sostiene monseñor Lozano, y alienta a “salir en búsqueda del Pueblo”, reconociendo que “en nuestras comunidades, por medio del bautismo engendramos nuevos hijos para la Iglesia, pero a veces como madre abandónica nos desentendemos de su crecimiento en la fe hasta que vienen a solicitar algún servicio o sacramento”.

Finalmente, exhorta a una permanente renovación misionera, que “abandone las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe”. En este sentido, advierte que “no nos es lícito quedar encerrados en el microclima de los salones parroquiales o de la capilla, quejándonos de que la gente no viene. Estamos llamados a estar entre los vecinos, en los lugares concretos en los cuales se desarrolla la vida cotidiana”.

La “renovación intra-eclesial”, por su parte, implica “por un lado reconocer los aspectos positivos y dar gracias a Dios por su obra, pero también reconocer en qué debemos cambiar para seguir creciendo como arquidiócesis de San Juan de Cuyo”, con el impulso del papa Francisco.

Con audacia y creatividad, se pretende “abandonar el cómodo criterio pastoral del «siempre se ha hecho así»”. La invitación es a “repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades”. +



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