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Domingo de Ramos: Cristo murió gritando su amor por cada uno de nosotros
Domingo 25 Mar 2018 | 09:06 am
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Ciudad del Vaticano (AICA): El papa Francisco presidió hoy, domingo 25 de marzo, la celebración eucarística del Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor, fecha en la que también se celebra la XXXIII Jornada Mundial de la Juventud. El pontífice bendijo las palmas y los ramos de olivos. En su homilía el Santo Padre dijo que aún se escucha el grito ¡crucifícalo! “que se forma con el desprestigio, la calumnia, cuando se levanta falso testimonio”.
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El papa Francisco presidió hoy, domingo 25 de marzo, la celebración eucarística del Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor, fecha en la que también se celebra la XXXIII Jornada Mundial de la Juventud. El pontífice bendijo las palmas y los ramos de olivos, y dijo que aún se escucha el grito ¡crucifícalo! “que se forma con el desprestigio, la calumnia, cuando se levanta falso testimonio”.

Una multitud de fieles acudieron ante la Basílica de San Pedro, entre ellos varios de los jóvenes que participarán en la Jornada Mundial de la Juventud, donde el pontífice impartió su bendición en el primer gran acto de la Semana Santa, el que se conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén.

El Papa vistió los paramentos de color rojo símbolo del amor de Dios, la sangre derramada por los mártires y color del Espíritu Santo.

En su homilía, dijo que la liturgia, cuando Jesús entra en Jerusalén, “invitó a hacernos partícipes y tomar parte de la alegría y fiesta del pueblo”. Pero, recuerda que esa “alegría” del pueblo “se empaña y deja un sabor “amargo” al terminar “de escuchar el relato de la Pasión”.

Habló que en esta celebración “se entrecruzan historias de alegría y sufrimiento, de errores y aciertos que forman parte de nuestro vivir cotidiano”.

Francisco en su homilía explicó el grito: «¡Crucifícalo!». Para Francisco no es “un grito espontáneo, sino el grito armado, producido, que se forma con el desprestigio, la calumnia, cuando se levanta falso testimonio”.

“Es la voz de quien manipula la realidad y crea un relato a su conveniencia y no tiene problema en «manchar» a otros para acomodarse. El grito del que no tiene problema en buscar los medios para hacerse más fuerte y silenciar las voces disonantes. Es el grito que nace de “trucar” la realidad y pintarla de manera tal que termina desfigurando el rostro de Jesús y lo convierte en un “malhechor”.

“Es la voz del que quiere defender la propia posición desacreditando especialmente a quien no puede defenderse. Es el grito fabricado por la «tramoya» de la autosuficiencia, el orgullo y la soberbia que afirma sin problemas: «Crucifícalo, crucifícalo».

Francisco repasó en su homilía los momentos más importantes de los actos de la Semana Santa, como el saludo del pueblo a Jesús y la Pasión con el grito “Crucifícalo, crucifícalo”.

“Así se termina – prosiguió – silenciando la fiesta del pueblo, derribando la esperanza, matando los sueños, suprimiendo la alegría; así se termina blindando el corazón, enfriando la caridad”.

“Es el grito del ‘sálvate a ti mismo’ que quiere adormecer la solidaridad, apagar los ideales, insensibilizar la mirada… el grito que quiere borrar la compasión”.

El Pontífice ofreció el “mejor antídoto” que es “mirar la cruz de Cristo y dejarnos interpelar por su último grito”.

“Cristo murió gritando su amor por cada uno de nosotros; por jóvenes y mayores, santos y pecadores, amor a los de su tiempo y a los de nuestro tiempo”.

“En su cruz hemos sido salvados para que nadie apague la alegría del evangelio; para que nadie, en la situación que se encuentre, quede lejos de la mirada misericordiosa del Padre”.

Invitó a mirar la cruz que “es dejarse interpelar en nuestras prioridades, opciones y acciones. Es dejar cuestionar nuestra sensibilidad ante el que está pasando o viviendo un momento de dificultad”.

“¿Qué mira nuestro corazón? ¿Jesucristo sigue siendo motivo de alegría y alabanza en nuestro corazón o nos avergüenzan sus prioridades hacia los pecadores, los últimos y olvidados?”, anotó.+

» Texto completo de la homilía


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