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Mons. Castagna: “El mundo espera de los cristianos el testimonio de la santidad”
Viernes 4 May 2018 | 07:48 am
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Corrientes (AICA): El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, estimó preciso recoger las palabras proféticas de San Juan Pablo II y constituirlas en norma principal de vida: “El mundo espera de los cristianos el testimonio de la santidad”. “Únicamente a través de ese testimonio se irradia el Evangelio en una sociedad tan conflictiva y contradictoria como la nuestra”, subrayó.

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El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, reconoció que “a veces se produce un cierto desánimo ante la obcecación y el preconcepto ideológico de grupos minoritarios y bulliciosos” y consideró que “los evangelizadores experimentan el obstáculo grave de ser desoídos en un clima político cerrado apriorísticamente a la verdad, y al diálogo que la posibilite como hallazgo común”.

“Nuestra sociedad está necesitando una aclimatación previa, con el fin de alcanzar las condiciones requeridas para un diálogo respetuoso y sereno”, sostuvo en su sugerencia para la homilía dominical.

“Parece que estamos demasiado lejos de crearlo. No obstante es el gran desafío del amor, que el mundo reclama de los cristianos”, agregó.

El prelado estimó preciso recoger las palabras proféticas de San Juan Pablo II y constituirlas en norma principal de vida: “El mundo espera de los cristianos el testimonio de la santidad”.

“Únicamente a través de ese testimonio se irradia el Evangelio en una sociedad tan conflictiva y contradictoria como la nuestra”, concluyó.

Texto de la sugerencia
1.- El amor como obediencia a Dios. En la afirmación de Jesús, que manifiesta al amor como obediencia: “Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”. (Juan 15, 10), se captará el meollo o núcleo del Evangelio. Un cierto romanticismo, en las expresiones actuales del amor, opaca su verdadero sentido. La cultura contemporánea crea expresiones, por demás difundidas, que se apartan de la verdad que debiera sustentarlas: “Te quiero mucho”. Amar compromete la vida en favor de la persona amada. Jesús lo afirma con claridad: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”. (Juan 15, 13) Es un compromiso de vida que incluye coherencia, lo más perfecta posible, con la voluntad de Dios, el Ser más amable. El mandamiento-síntesis que Jesús dicta a sus amigos y discípulos se revierte en favor de ellos mismos: “Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros”. (Juan 15, 17) Dios encarnado - Cristo - es el modelo perfecto para el buen cumplimiento del mandamiento “nuevo”. Así lo expresa Él mismo, al presentarse como único modelo: “Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”. (Juan 15, 12)

2.- Cristo es la Palabra. Jesús enseña al mundo, en su amor al Padre y a todos los hombres, a fundar las relaciones interpersonales sobre sólido cimiento. La Verdad es el amor, y el amor es obediencia al Padre. La enseñanza de Jesús no deja márgenes para negar o debilitar esa verdad: “Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”. (Juan 15, 10) Existe, en la sociedad contemporánea, un sincero deseo de aciertos y rectificaciones pero, también, una enorme desorientación. El hambre insaciable de verdad es inseparable de la urgente necesidad de la Palabra que la sacia, como la describe el mismo Juan en el prólogo de su Evangelio: “La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre”. (Juan 1, 9) Cristo es la Palabra. De allí la acuciante necesidad de conocerlo y amarlo. En la resistencia pertinaz a recibir la Palabra, que aparece, de manera desembozada en las más destacadas manifestaciones de la vida cultural y social, emerge un clamor sordo por la Luz que, únicamente Cristo, - Palabra encarnada - puede ofrecer a los hombres.

3.- La Cruz, perfecta expresión del amor. Hace tres días hemos celebrado la tradicional Fiesta correntina de la Cruz de los Milagros. Constituye el anuncio evangelizador de mayor importancia. Su amor, que es el del Padre - en el Espíritu Santo - ha escogido, en la Cruz, su perfecta expresión: es imposible amar más. Únicamente Dios puede amar de esa manera y encarnar su amor en una naturaleza humana, la de su Hijo, nacido de María Virgen. A partir de la Encarnación del Verbo - cuya cumbre es la Resurrección - toda persona humana podrá descubrir y medir el alcance trascendente de su propia vocación. Hemos sido creados para amarnos “como Dios nos ama”. Jesús lo señala explícitamente cuando afirma que nuestro modelo de perfección es el Padre: “Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo”. (Mateo 5, 48) El odio y la violencia, a los que nos han acostumbrado, es la frustración y el fracaso de nuestra personal y única vocación. Jesús opone, a ese “pecado del mundo”, el nuevo mandamiento del amor fraterno. Si no lo logramos, nuestra vida, por más exitosa que parezca, termina en un fracaso, el más trágico e irreversible. Detrás de algunas contiendas despiadadas se oculta el odio, sustentado por la soberbia, que adquiere formas de intriga palaciega, de entrevero político, de avaricia, de insensibilidad social y de todo tipo de delincuencia.

4.- Necesaria aclimatación social. A veces se produce un cierto desánimo ante la obcecación y el preconcepto ideológico de grupos minoritarios y bulliciosos. Los evangelizadores experimentan el obstáculo grave de ser desoídos en un clima político cerrado apriorísticamente a la verdad, y al diálogo que la posibilite como hallazgo común. Nuestra sociedad está necesitando una aclimatación previa, con el fin de alcanzar las condiciones requeridas para un diálogo respetuoso y sereno. Parece que estamos demasiado lejos de crearlo. No obstante es el gran desafío del amor, que el mundo reclama de los cristianos. El Santo Pontífice Juan Pablo II lo recordaba al iniciar el tercer milenio. Es preciso recoger aquellas palabras proféticas y constituirlas en norma principal de vida: “El mundo espera de los cristianos el testimonio de la santidad” (2001). Únicamente a través de ese testimonio se irradia el Evangelio en una sociedad tan conflictiva y contradictoria como la nuestra.+




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