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Mons. Aguer se despidió de la comunidad arquidiocesana platense
Lunes 11 Jun 2018 | 10:36 am
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Mons. Aguer saludado por los obispos concelebrantes ver más
La Plata (Buenos Aires) (AICA): El arzobispo emérito de La Plata, monseñor Héctor Aguer, se despidió el domingo 10 de junio de la comunidad arquidiocesana con una misa en la catedral local, donde anunció que residirá en la Casa Sacerdotal Cura Brochero, de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús (calle 149, entre 62 y 64, de Los Hornos). ¨Allí estaré. Si alguien quiere venir a verme, lo recibiré con mucho gusto¨, manifestó.
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El arzobispo emérito de La Plata, monseñor Héctor Aguer, se despidió el domingo 10 de junio de la comunidad arquidiocesana con una misa en la catedral local.

La Eucaristía fue concelebrada por los obispos auxiliares de La Plata, monseñor Nicolás Baisi y monseñor Alberto Bochatey OSA (actual administrador apostólico); el obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Frassia (compañero de ordenación episcopal de monseñor Aguer); el obispo titular de Bolsena, monseñor Alfredo Zecca; y el obispo emérito de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino, con quien lo une una amistad de sesenta años, desde aquellos tiempos adolescentes en que concurrían, los fines de semana, a estudiar la Suma Teológica, con el presbítero Julio Meinvielle.



Concelebraron, también, numerosos sacerdotes del clero secular y religioso de la arquidiócesis; y de las anteriores diócesis en que monseñor Aguer ejerció el ministerio episcopal y sacerdotal: Buenos Aires, y San Miguel.

El templo mayor estuvo colmado de religiosas, consagrados y laicos. Se destacaron, especialmente, los jóvenes, las familias numerosas, personalidades de la cultura y los fieles procedentes de las barriadas pobres.

Antes de la bendición final le dirigieron palabras de agradecimiento un joven, una religiosa, la hermana Adriana de las Hijas de la Misericordia, quien destacó la labor de monseñor Aguer en pos de la beatificación de María Ludovica de Ángelis); y una laica del equipo de Pastoral Social.

En nombre del clero platense habló monseñor Rodolfo O' Neill y, por último, hizo lo propio monseñor Baisi, a quien monseñor Aguer conoce desde que era un joven estudiante en el "glorioso colegio Don Jaime" (tal como lo describió el arzobispo emérito), de Bella Vista.

Monseñor Aguer agradeció las muestras de afecto y anunció que permanecerá residiendo en la arquidiócesis, en la Casa Sacerdotal Cura Brochero, de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús (calle 149, entre 62 y 64, de Los Hornos).

"Allí estaré. Si alguien quiere venir a verme, lo recibiré con mucho gusto", manifestó.

En la homilía, monseñor Aguer señaló que “en el Catecismo de la Iglesia Católica aparecen seis referencias a la blasfemia, una de ellas citando el pasaje que vamos comentando; también para ilustrar la existencia del infierno y su eternidad; otra vez como ejemplo de los actos intrínsecamente malos, siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto, y como muestra misma del pecado mortal”.

“Al explicar el segundo mandamiento, el Catecismo extiende la prohibición de la blasfemia a las palabras contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas sagradas”, agregó.

“Resulta ahora que para la tilinguería cultural de la pobre Argentina que vivimos, es una obra de arte la torta que representa a Cristo yacente, y arte en acción el comérsela. La blasfemia -advirtió- hace valer sus derechos al condenar la justa protesta del cardenal primado y al reprochar como cobarde la retórica disculpa del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”.

Monseñor Aguer recordó que “cultura se llama al conjunto de conocimientos, modos de vida y costumbres que tienen vigencia en una época o sociedad determinada” y alertó: “Cuando este complejo se descristianiza, y la Iglesia por falta de recursos o por incuria lo abandona, se retira, se recluye, la cultura queda a merced del príncipe de este mundo, del padre de la mentira”.

“Él es un inspirador invencible de ese tipo de diálogo o encuentro en el cual los hombres son inducidos con arte refinado a la blasfemia contra el Espíritu Santo. Solo los santos advierten plenamente, con perspicacia sobrenatural, tan delicadas artimañas, y no le dejan al que te dije el campo abierto”, concluyó.+

» Texto completo de la homilía




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