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Francisco: “Una vida sin amor es como un vaso vacío, como una lámpara apagada.
Sabado 3 Nov 2018 | 09:32 am
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Ciudad del Vaticano (AICA): En la mañana de hoy, sábado 3 de noviembre, el Santo Padre presidió, en la Basílica de San Pedro, una misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el año. Comentando la parábola de las diez vírgenes que presenta el Evangelio de San Mateo, el pontífice recordó la famosa expresión de Saint-Exupery, “lo esencial es invisible para los ojos”, destacando que “lo esencial en la vida es escuchar la voz del novio que viene a transformar cada actividad en una preparación para la boda con él”.
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En la mañana de hoy, sábado 3 de noviembre, el Santo Padre presidió, en la Basílica de San Pedro, una misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el año.

“Mientras rezamos por los cardenales y los obispos difuntos durante el año pasado, pidamos la intercesión de quien ha vivido sin querer aparentar, de quien ha servido de corazón, de quien se ha preparado día a día al encuentro con el Señor”, dijo Francisco en su homilía.

Comentando la parábola de las diez vírgenes que presenta el Evangelio de San Mateo, el pontífice señaló que “la gran tentación es conformarse con una vida sin amor, es como un vaso vacío, como una lámpara apagada. Si no se invierte en amor, la vida se apaga. Los llamados a las bodas con Dios no pueden acomodarse a una vida sedentaria, siempre igual y horizontal, que va adelante sin ímpetu, buscando pequeñas satisfacciones y persiguiendo reconocimientos efímeros”, dijo el Papa.

Cuando un cristiano cae en esta tentación, explicó Francisco, termina viviendo “una vida desvaída, rutinaria, que se contenta con hacer su deber sin darse” y que “no es digna del esposo”, es decir, de Cristo.

“No nos quedemos en las dinámicas terrenas, miremos más allá. Es verdad lo que dice la célebre expresión: «Lo esencial es invisible a los ojos». Lo esencial de la vida es escuchar la voz del esposo. Esta nos invita a que vislumbremos cada día al Señor que viene y a que transformemos cada actividad en una preparación para las bodas con Él”

Por ello, es importante estar bien preparados, señaló el papa Francisco, y el Evangelio nos recuerda el elemento que es esencial para las vírgenes que esperan las nupcias: no el vestido, ni tampoco las lámparas, sino el aceite, custodiado en pequeños vasos.

El Papa explicó luego tres aspectos del aceite de las vírgenes que pueden aplicarse para la comprensión de la vida terrenal. El primero, dijo, es que “no es vistoso. Permanece escondido, no aparece, pero sin él no hay luz. ¿Qué nos sugiere esto? Que ante el Señor no cuentan las apariencias, sino el corazón. Lo que el mundo busca y ostenta –los honores, el poder, las apariencias, la gloria– pasa, sin dejar rastro”.

“Tomar distancia de las apariencias mundanas es indispensable para prepararse para el cielo. Es necesario decir no a la ‘cultura del maquillaje’, que enseña a cuidar las formas externas. Sin embargo, debe purificarse y custodiarse el corazón, el interior del hombre, precioso a los ojos de Dios; no lo externo, que desaparece”.

Un segundo aspecto, continuó, es que el aceite “existe para ser consumido. Solo ilumina quemándose. Así es la vida: difunde luz solo si se consume, si se gasta en el servicio. El secreto de la vida es vivir para servir. El servicio es el billete que se debe presentar en la entrada de las bodas eternas”.

“Lo que queda de la vida, ante el umbral de la eternidad, no es cuánto hemos ganado, sino cuánto hemos dado. El sentido de la vida es dar respuesta a la propuesta de amor de Dios. Y la respuesta pasa a través del amor verdadero, del don de sí mismo, del servicio. Servir cuesta, porque significa gastarse, consumirse; pero, en nuestro ministerio, no sirve para vivir quien no vive para servir. Quien custodia demasiado la propia vida, la pierde”.

La tercera característica es la preparación: “El aceite se prepara con tiempo y se lleva consigo. El amor es ciertamente espontáneo, pero no se improvisa”.

“Ahora es el tiempo de la preparación: en el momento presente, día tras día, el amor necesita ser alimentado. Pidamos la gracia para que se renueve cada día el primer amor con el Señor, para no dejar que se apague”.

“Mientras rezamos por los cardenales y los obispos difuntos durante el año pasado, pidamos la intercesión de quien ha vivido sin querer aparentar, de quien ha servido de corazón, de quien se ha preparado día a día al encuentro con el Señor”, animó el Papa.

“Siguiendo el ejemplo de estos testigos, que gracias a Dios hay, y son muchos, no nos conformemos con una mirada furtiva a nuestro presente; deseemos más bien una mirada que vaya más allá, a las nupcias que nos esperan. Una vida atravesada por el deseo de Dios y entrenada en el amor estará preparada para entrar por siempre en la morada del Esposo”, concluyó.+


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