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Card. Nichols: "El tráfico de personas es un flagelo en el rostro de la humanidad"
Sabado 9 Feb 2019 | 17:20 pm
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Buenos Aires (AICA): En la primera jornada del Encuentro latinoamericano sobre nuevas esclavitudes y trata de personas, el cardenal Vincent Nichols, responsable del Grupo Santa Marta, creado por el papa Francisco para luchar contra la trata de personas, dio un discurso en la sede de la Conferencia Episcopal Argentina.
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El responsable del Grupo Santa Marta, creado por el papa Francisco para luchar contra la trata de personas, cardenal Vincent Nichols, brindó un discurso en la primera primera jornada del Encuentro latinoamericano sobre nuevas esclavitudes y trata de personas, que se desarrolla en Buenos Aires.

Para empezar, el cardenal Nichols agradeció a los presentes, en particular a la Conferencia Episcopal Argentina, a través de la Comisión Episcopal de Migrantes e Itinerantes, la Comisión Episcopal de la Pastoral Social, la Comisión Nacional de Justicia y Paz y la Policía Federal Argentina.

Nichols se refirió luego al desafío de trabajar para “rescatar, proteger, asistir y servir a los más pobres de los hijos del Padre que han sido vendidos a la esclavitud”. En ese sentido, explicó que la finalidad de la conferencia es “escuchar sobre el trabajo que se hace actualmente y ayudar a edificar confianza entre la Iglesia, la sociedad civil, las distintas confesiones, la Policía y las diferentes agencias”, para poder servir mejor a todos los que están sometidos a esclavitud.

“El tráfico de personas es un flagelo en el rostro de la humanidad. Actualmente son traficadas y sometidas a esclavitud más de 40 millones de personas, según las cifras más recientes de las Naciones Unidas”, detalló el arzobispo de Wenstminster.

Además, recordó que las mejoras implementadas aquí en Argentina en respuesta al tráfico de personas han sido reconocidas internacionalmente. “La identificación de víctimas llegó a más de 1.100 de ellas identificadas en el 2017. Los procesamientos están en marcha y las víctimas son animadas a participar en los juicios contra traficantes, a través del apoyo a lo largo del proceso judicial”, explicó, destacando el compromiso del comisario Roncaglia.

“Nuestro compromiso para luchar contra el tráfico de personas, tal como lo vemos desarrollarse aquí, radica en nuestro compromiso con los que necesitan protección para no convertirse en víctimas que con demasiada frecuencia son olvidados por la sociedad”, manifestó. “En todo lo que hacemos -ya sea el procesamiento de criminales y de la actividad criminal, la erradicación de la esclavitud de las cadenas de suministro en la industria, la detección de beneficios ilegales que pasan a través del sector bancario o el impulso político para fortalecer las disposiciones legales contra el tráfico de personas- tenemos que mantener en el centro de nuestra motivación a la persona, la persona vulnerable que es el objetivo y blanco del explotador”, afirmó. “El foco debe estar en las vidas humanas y en el modo de poner fin al sufrimiento y marginalización soportados por 40 millones de personas a lo largo del mundo”.

Partiendo desde la dignidad de todo ser humano, que no depende de su estatus, de su raza, de su sexualidad o de su religión, consideró que “cada vez más Estados y legislaciones están definiendo los derechos de cada persona que tienen que ser defendidos. Pero lo que los Estados y las legislaciones no hacen es reconocer la fuente de esos derechos, que es la dignidad que le es inherente a la persona”.

“Los derechos humanos, entonces, no son otorgados por los Estados, ni por las legislaciones, ni por la familia de origen, ni por la riqueza, el estatus o el poder. Estos derechos surgen de la dignidad, y esa dignidad, a los ojos de la fe, provienen únicamente de Dios”, sostuvo.

El purpurado reconoció que “todos los días estamos cara a cara con lo que es simplemente conocido como el 'mysterium iniquitatis', la presencia del mal, que nos enfrentamos en comprender e incluso en contrarrestar. Esto es también un punto de partida para nuestra reflexión sobre la tarea importante que afrontamos, la de contrarrestar el mal del tráfico de personas”.



“Si nuestras palabras y nuestro trabajo resultan creíbles, entonces tenemos que tener el valor de mirar este mal a la cara y no ocultar o negar sus rasgos y las formas en las que nos afecta. Esta es la verdad del tráfico de personas. Esta es también la verdad del gran mal del abuso de niños y de las personas vulnerables, que está presente también entre nosotros y que lamentablemente ha encontrado un lugar para habitar en el interior de nuestra Iglesia. Debemos permitir que nuestro pensamiento y reflexión asuman seriamente la corrupción y el mal que nos rodea. Sólo entonces nuestra proclamación de la dignidad humana comenzará a tener un impacto duradero”, aseguró. “Ésta es nuestra tarea: enfrentar juntos, todos los días, la brutal realidad del mal, en todas sus formas, con la realidad de la dignidad humana dada por nuestro Dios”, reiteró.

“Nuestro Proyecto Santa Marta de creación y sostenimiento de una cooperación práctica y efectiva entre las fuerzas de la ley y el orden y los recursos de la Iglesia y de la sociedad civil depende, sobre todo, de la confianza que se puede establecer entre los compañeros. Mi esperanza es que una visión compartida de por qué estamos dispuestos a comprometernos mutuamente puede ayudar a establecer esa confianza. Esta visión -de la verdadera naturaleza de la dignidad humana y de la forma en que vamos a enfrentar la realidad de este mal en medio de nosotros- tiene que traducirse en pasos prácticos”, reconoció.

Por un lado, “que la persona permanezca siempre en el centro de nuestra acción y de nuestra conciencia”; en segundo lugar, “que el foco de la actividad policial sea entonces la prevención y, por supuesto, el enjuiciamiento de los perpetradores de este mal”; luego, “que el rescate y rehabilitación de las víctimas sea un trabajo que ha de ser compartido, de tal modo que no sólo se pueda ayudar a las víctimas a salir a la luz, sino de tal modo que gradualmente ganen en fuerza y confianza para ser parte del proceso de enjuiciamiento de sus traficantes”; cuarto: “Que busquemos juntos educar a las comunidades, para que se abran sus ojos a la realidad invisible del tráfico de personas y a la esclavitud moderna en medio de nosotros”; y por último, “que trabajemos juntos para encontrar los recursos que se necesitan para este trabajo: recursos de los fondos públicos, de los presupuestos policiales, de las fundaciones caritativas y de las donaciones”.

El trabajo de establecer la confianza como base para esta cooperación continua es ayudado por el intercambio de experiencias que ahora vamos a seguir. La confianza incluye ser capaz de desafiar sin temor a la exclusión y ser capaz de escuchar con frecuencia a una voz que es silenciosa y que puede haber pasado durante muchos años silenciada”, explicó.

“Durante este tiempo y en las contribuciones de ustedes quizás les pida que recuerden que somos mejor servidos si hablamos con franqueza. Como se dijo en un encuentro previo del Grupo Santa Marta, ‘¡es mejor escuchar malas noticias que son ciertas que escuchar buenas noticias que son falsas!’. Que este consejo guíe nuestro camino hacia un compromiso más profundo con este trabajo y a una cooperación más fuerte con él”, concluyó.+





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