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Mons. Castagna: “La fe incluye una decisión libre y liberadora”
Viernes 3 May 2019 | 08:18 am
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Corrientes (AICA): “La fe incluye una decisión libre y liberadora. No se debe imponer por la fuerza y, su exposición testimoniada no tolerará ser falsamente considerada como ‘un lavado de cabeza’”, recordó el arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Castagna, en su sugerencia semanal para la homilía.
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El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, destacó que “escuchar a los Apóstoles, auténticos testigos de la Resurrección, y vivir la fe en la Verdad transmitida por ellos, constituye el secreto de la sabiduría”, y completó: “A ello debemos tender, como máxima aspiración”.

“Los demás valores, ante el supremo valor que predican los apóstoles - hoy por medio de la Iglesia - pasan a ser subalternos”, recordó, y subrayó: “La fe incluye una decisión libre y liberadora. No se debe imponer por la fuerza y, su exposición testimoniada no tolerará ser falsamente considerada como ‘un lavado de cabeza’”.

“Los convertidos, a partir de Pentecostés, son seres libres, y liberados del pecado, por los méritos de la Pasión y la acción del Espíritu Santo. ¡Qué poca o falsa conciencia existe, sobre el particular, en nuestra sociedad! Lo comprobamos mediante el más ligero de los análisis sociológicos contemporáneos”, indicó.

El prelado sostuvo que “escuchar la Palabra, sin prejuicios ideológicos, constituye una honesta decisión intelectual, que no todos saben adoptar”.



Texto de la sugerencia
1.- La aparición a los “pescadores de hombres”. Esta aparición de Jesús resucitado confirma, a aquel grupo de discípulos, que el Señor está vivo, habiendo pasado por la muerte. Todo el pueblo es testigo de la crucifixión del Señor. Allí están los enemigos acérrimos y los curiosos, los que lo aman y siguen sus pasos hasta el Calvario, como su Santa Madre y las piadosas mujeres. De sus discípulos principales se lo ve a Juan, el amigo fiel y valiente. No obstante, los once Apóstoles se mantienen comunicados. Pedro retiene, sin pretenderlo, un cierto primado entre los demás, estando tan deprimido como ellos. Deciden distraer su angustia mediante el ejercicio de la anterior profesión de pescadores: “Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “Vamos también nosotros”. Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada”. (Juan 21, 3) Esta aparición, que no es la primera, reviste un significado singular. Requiere, como las anteriores y las posteriores, un ejercicio de la fe que incluye la pureza de corazón de Juan y la (ahora) humilde intrepidez de Pedro. Los demás, al ser testigos de la pesca milagrosa, van a la costa con una pesada cosecha de peces grandes: “eran ciento cincuenta y tres” (ibídem 11).

2.- La fe incluye una decisión libre y liberadora. Juan reconoce la presencia del Señor resucitado y Pedro, confiado en la palabra del joven Apóstol, se lanza al encuentro de su misericordioso Maestro y Señor. Está en coherencia con la auténtica metodología de la fe pos pascual. En lo sucesivo ése será el derrotero que los creyentes deben recorrer para llegar a la fe y vivir por ella. Escuchar a los Apóstoles, auténticos testigos de la Resurrección, y vivir la fe en la Verdad transmitida por ellos, constituye el secreto de la sabiduría. A ello debemos tender, como máxima aspiración. Los demás valores, ante el supremo valor que predican los Apóstoles - hoy por medio de la Iglesia - pasan a ser subalternos. La fe incluye una decisión libre y liberadora. No se debe imponer por la fuerza y, su exposición testimoniada no tolerará ser falsamente considerada como “un lavado de cabeza”. Los convertidos, a partir de Pentecostés, son seres libres, y liberados del pecado, por los méritos de la Pasión y la acción del Espíritu Santo. ¡Qué poca o falsa conciencia existe, sobre el particular, en nuestra sociedad! Lo comprobamos mediante el más ligero de los análisis sociológicos contemporáneos. Escuchar la Palabra, sin prejuicios ideológicos, constituye una honesta decisión intelectual, que no todos saben adoptar.

3.- Misión garantizada por el amor. Inmediatamente después de la pesca milagrosa, se consigna el diálogo de Jesús resucitado con Pedro. Durante el mismo ese discípulo, muy avergonzado por su cobardía, es confirmado en su misión de primado. Es insólito el criterio empleado por el Señor al señalar cuál es la condición para desempeñar la misión de representarlo como cabeza de la Iglesia en el mundo: “Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? Él le respondió: “Si, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas”. (Juan 21, 15) Por tres veces repite la misma pregunta, dejando entristecido a Pedro que responde de idéntica manera, y con el mismo fundamento: “Tú lo sabes todo”. Es Dios, que lee en los corazones y manifiesta su ternura paterna en el don de su Hijo, convirtiendo a todos los hombres y mujeres, en hijos suyos muy amados. En el diálogo con Pedro, Jesús deja de manifiesto que la única condición, al otorgarle la grave responsabilidad de apacentar a sus corderos y ovejas, es su personal amistad. Me refiero al verdadero amor, capaz del don de la propia vida “por los amigos” (Juan 15, 13). Ello demanda la intimidad de la contemplación, que identifica la relación ejemplar de Jesús con su Padre.

4.- Para estar con Él y predicar. A veces, la administración eclesiástica se distancia de ese criterio de elección. Es oportuno y urgente volver a él y proponerlo como presupuesto necesario en la elección de los mayores responsables de la evangelización. Ciertamente el amor a Cristo constituye la condición indispensable para recibir y desempeñar la misión de Pastores en la Iglesia. Los Doce, incluyendo a Matías, que completa el número de los Apóstoles - después de la trágica deserción de Judas Iscariote - testimonian que la virtud necesaria, para cumplir correctamente la misión encomendada por el Maestro, es el amor a su divina Persona, hasta el martirio. Como ocurrió con los Doce, el amor a Cristo sólo es alimentado en la convivencia, durante los tiempos dedicados a la oración. El Pastor debe ser elegido conforme a esta pauta evangélica: “Y Jesús instituyó a los doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar” (Marcos 3, 14). Dos objetivos claramente definidos: estar con Él y predicar. Ambos están vinculados necesariamente, de tal modo que si se disocian, el mismo ministerio confiado pierde su original valor y capacidad, con grave e irreparable daño para la acción pastoral y la vida de la Iglesia.+
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