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“Los hermanos migrantes nunca deben ser moneda de cambio”, piden los obispos mexicanos
Miercoles 12 Jun 2019 | 12:24 pm
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Ciudad del México (AICA): La Conferencia Episcopal Mexicana (CEM) expresó su preocupación “por la falta de una acogida verdaderamente humanitaria a nuestros hermanos y hermanas migrantes”, tras el acuerdo firmado entre los Estados Unidos y México sobre deberes y política migratoria. Por medio de un comunicado la CEM señaló que “nuestros hermanos migrantes nunca deben ser la moneda de cambio. Ninguna negociación debe estar por encima de lo que la Iglesia y la sociedad civil defendieron durante años: la no criminalización de los migrantes y de los defensores de los derechos humanos”.
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La Conferencia Episcopal Mexicana (CEM) expresó su preocupación “por la falta de una acogida verdaderamente humanitaria a nuestros hermanos y hermanas migrantes”, tras el acuerdo firmado entre los Estados Unidos y México sobre deberes y política migratoria.

Por medio de un comunicado, -firmado por el presidente y el secretario general de la CEM, respectivamente el arzobispo de Monterrey, monseñor Rogelio Cabrera López, y el obispo auxiliar de Monterrey, monseñor Alfonso Miranda Guardiola- los prelados señalan que el despliegue de seis mil oficiales de la Guardia Nacional en la frontera sur “no es una solución radical que aborde las verdaderas causas del fenómeno migratorio”, destacando: “si hemos rechazado como mexicanos la construcción de un muro, no podemos convertirnos nosotros mismos en ese muro”.

Tras reconocer la legitimidad del “tomar decisiones valientes para evitar la imposición de aranceles a los productos mexicanos comercializados con Estados Unidos”, lo que causaría graves daños económicos al país, los obispos alientan a los responsables de las negociaciones, “para que el diálogo continúe y exprese los valores fundamentales de dos países democráticos: el respeto a los derechos humanos, la solidaridad entre los pueblos y el trabajo por el bien común de nuestra región”.

“En este momento histórico -continúan-, el gobierno y la sociedad no deben renunciar a promover el desarrollo humano integral para Centroamérica y el sureste mexicano”. México “no está aislado, debe construir, junto con los países de América Central, una estrategia que sirva al bien común de la región. Nuestros hermanos migrantes nunca deben ser la moneda de cambio. Ninguna negociación debe estar por encima de lo que la Iglesia y la sociedad civil han defendido durante años: la no criminalización de los migrantes y de los defensores de los derechos humanos”.

El mensaje recuerda que miles de migrantes intentan llegar a los Estados Unidos huyendo de la violencia y la miseria de sus países, muchos otros son arrestados y deportados a México, ahora aún más bajo el programa unilateral norteamericano, según el cual miles de centroamericanos esperarán en México por una solución a su condición de inmigrantes, expuestos a graves riesgos en las ciudades fronterizas mexicanas e impidiendo su pleno acceso a la asistencia legal. “Como miembros de la familia humana no podemos ser indiferentes al dolor que muchos de ellos experimentan y que requiere nuestra ayuda humanitaria y el respeto irrestricto de sus derechos humanos”.

“La Iglesia católica en México está convencida de que es necesaria una política migratoria justa que, por un lado, garantice un tránsito libre y ordenado de personas, reguladas y responsables; y, por otro, vele por los legítimos intereses de los miembros de nuestra nación. De la misma manera, estamos convencidos de que los mexicanos debemos estar unidos para enfrentar este y otros desafíos globales. La unidad de los mexicanos no debe construirse separadamente de la fraternidad entre los pueblos. Todos somos países complementarios e interdependientes”.

Los obispos piden formalmente a los gobiernos de México y de los Estados Unidos que “privilegien siempre el diálogo y la negociación transparente en las relaciones bilaterales, sin caer en la fácil tentación del chantaje o de la amenaza. El bien de cada país se construye garantizando el bien de toda la región. No hay futuro si no caminamos juntos como hermanos que somos, en solidaridad y corresponsabilidad”. Los obispos mexicanos y norteamericanos siempre han expresado su voluntad de colaborar “con todas las iniciativas que permitan encontrar un camino de mayor seguridad y protección de los derechos humanos de los que emigran”, y reafirman que es su deber “alzar la voz cuando se violan los derechos humanos. Así ha sido siempre y será el caso en el futuro”.

El comunicado episcopal reafirma la voluntad de los prelados mexicanos de “proporcionar a los migrantes la ayuda humanitaria que necesitan en su tránsito por nuestro territorio nacional”; agradecen a miles de hombres y mujeres de la Iglesia católica, de otras iglesias y de la sociedad civil, que durante décadas han defendido los derechos fundamentales de los migrantes en México, Estados Unidos y Centroamérica; y piden a sus hermanos y hermanas migrantes que se “integren con respeto en las comunidades en las que son recibidos”. +



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