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Concluyó la fase diocesana de la Causa de Canonización del padre Mauricio Jiménez SJ
Lunes 5 Ago 2019 | 08:35 am
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San Miguel (Buenos Aires) (AICA): En el marco de la festividad de San Ignacio de Loyola, el miércoles 31 de julio se llevó a cabo en la sede del obispado de San Miguel, un acto presidido por el obispo, monseñor Damián Gustavo Nannini, en el que se dio por concluida la fase diocesana del proceso de canonización del siervo de Dios Mauricio Jiménez SJ. Los documentos y el trabajo de la Comisión Histórica serán entregadas en la Congregación para las Causas de los Santos, en Roma.
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En un acto presidido por el obispo de San Miguel, monseñor Damián Gustavo Nannini, el 31 de julio en la sede del obispado, concluyó la fase diocesana del proceso de canonización del siervo de Dios Mauricio Jiménez SJ.

Monseñor Nannini tuvo a su cargo las palabras inaugurales, y luego el vicepostulador de la causa, padre Julio Merediz SJ, rezó la oración para pedir la glorificación del siervo de Dios Mauricio Jiménez.

A continuación, se hizo el juramento prescripto del tribunal que instruyó el proceso, integrado por el presbítero Fernando de la Peña (delegado episcopal), el presbítero Hernán Palacios (promotor de justicia) y la hermana Isabel Fernández (notaria).

Finalmente, se presentaron las cajas con los documentos y el trabajo de la Comisión Histórica revisados por el obispo, que fueron cerradas y lacradas para ser entregadas en Roma, en la Congregación para las Causas de los Santos.

Resumen Biográfico del Siervo de Dios Padre Mauricio Jiménez (1881-1954)
El siervo de Dios Mauricio Jiménez SJ nació en Castilruiz, Soria (España), el 22 de septiembre de 1881, fiesta litúrgica de San Mauricio de Tebas y compañeros mártires. A los 15 años, el 14 de junio de 1897, ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús en Veruela, proveniente del seminario diocesano donde había estudiado el ciclo básico de la escuela secundaria. Luego de sus estudios eclesiásticos fue ordenado sacerdote el 27 de julio de 1913 en el Colegio Máximo de Dertos (Tarragona).

Sus primeros trabajos apostólicos los realizó en el Colegio de Orihuela (1915-1924) del que fue rector. En 1924 fue trasladado como rector del noviciado-juniorado (formador de un centenar de jesuitas en su primer lustro de vida religiosa) de Veruela. Después de seis años, partió hacia la Argentina para cumplir la misma misión en la que se había destacado, como un eximio formador de jóvenes jesuitas futuros discípulos de Jesús y misioneros de su Evangelio.

El 24 de diciembre de 1930 asumió como maestro de novicios en el Colegio de la Sagrada Familia de Córdoba, cargo que desempeñó hasta el 18 de abril de 1948. En esos 18 años fue en dos oportunidades rector de dicha casa, que incluía además de 40 novicios, 65 juniores, y entre sacerdotes y hermanos unos 35 jesuitas más; de los que dependían la parroquia de la Sagrada Familia, ubicada en el barrio Pueyrredón, de mayoría de familias obreras relacionadas al Ferrocarril Central Argentino; también la Asociación Obrera de la Sagrada Familia; el Colegio para alumnos externos con 300 alumnos, dos capillas, capellanía del Hospital San Roque, tres capellanías de casas religiosas y algunas misiones como en Traslasierra, en la casa de ejercicios fundada por el Santo Cura Brochero y llevada adelante por sacerdotes de la comunidad, como Antonio Aznar.



También se desempeñó como instructor de Tercera Probación de sacerdotes jesuitas, que de esta manera coronaban su formación religiosa y apostólica.

Todos los que estuvieron con él recuerdan la paz que tenía y que comunicaba en su dirección espiritual, su fervor espiritual y su capacidad de discernimiento. Como un verdadero padre, asumía las cargas, angustias y preocupaciones de los hijos encomendados que recobraban junto a él, el consuelo espiritual que reconforta la fe para vivirla en obras, la caridad para ejercerla con fatigas y la esperanza en nuestro Señor Jesucristo iluminando el camino de la vida con firme constancia.

Inmediatamente determinado su rectorado en Córdoba, fue nombrado rector del Seminario Mayor Interdiocesano de Montevideo (Uruguay) (1948-1952) donde continuó su misión de formador por la que hoy es recordado (134 seminaristas y comunidad de 20 Jesuitas).

Desde 1952, trasladado a Buenos Aires se desempeñó como confesor en la iglesia del Salvador, director de ejercicios espirituales y padre espiritual de la comunidad jesuítica formada entonces por 27 sacerdotes, 10 maestrillos y 9 hermanos.

Tras un breve cáncer que lo consumió en quince días, falleció en una clínica cercana al Colegio del Salvador de Buenos Aires el 8 de diciembre de 1954, solemnidad de la Inmaculada Concepción en el Año Mariano Universal, en el centenario del dogma de la Inmaculada. Fue asistido por su ex novicio y en esa oportunidad su superior, el padre José Antonio Sojo, quien narra que una tarde cuando lo fue a visitar al padre Mauricio, éste le dijo muy despacio, como cuando en las pláticas quería recalcar algo importante espiritualmente: “Lo que vale, lo que cuenta es la misericordia del Señor - y luego de una pausa insistió-: la gran misericordia del Señor”. En la víspera de su muerte, luego de recibir el Viático y la Extremaunción dijo sus últimas palabras del Salmo 121: “¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la Casa del Señor!”.

Fue enterrado en el panteón que los padres Jesuitas tienen en Buenos Aires; y luego trasladado al cementerio del Colegio Máximo de San José, en San Miguel, donde su cadáver estuvo allí unos ocho años en tierra.

Al ser exhumado, veinticinco años después de su fallecimiento, su cuerpo se encontró incorrupto, tal como lo atestiguaron tres médicos que lo observaron totalmente flexible y conservado en su integridad. El cajón de zinc en que se encontraba en el momento de ser abierta su tumba estaba desecho totalmente, y el agua y la tierra lo invadían todo.

El 29 de junio de 1984, siendo vicepostulador y rector del Colegio Máximo de San José en San Miguel el padre Jorge Mario Bergoglio SJ, el Obispo de San Miguel, monseñor José Manuel Lorenzo, firmó el decreto con el que comenzó el proceso de investigación sobre “vita et virtutibus” con miras a una eventual beatificación y canonización del siervo de Dios, padre Mauricio Jiménez Artiga SJ.

El 8 de marzo de 2018 sus restos fueron trasladados a la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de la diócesis de San Miguel, en la Argentina, donde el pueblo de Dios pide por su glorificación y encomienda muchas intenciones.+
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