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El Papa canonizó a cinco santos: “Luces suaves en la oscuridad del mundo”
Domingo 13 Oct 2019 | 08:28 am
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Ciudad del Vaticano (AICA): El papa Francisco canonizó este domingo 13 de octubre, a los beatos John Henry Newman, Josefina Vannini, María Teresa Chiramel Mankidiyan, Dulce Lopes Pontes y Margarita Bays. En una multitudinaria misa, celebrada en la Plaza de San Pedro, el pontífice destacó que los nuevos santos de la Iglesia “son ejemplos de la santidad de la vida cotidiana”.
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El papa Francisco canonizó este domingo 13 de octubre, a los beatos John Henry Newman, Josefina Vannini, María Teresa Chiramel Mankidiyan, Dulce Lopes Pontes y Margarita Bays. En una multitudinaria misa, celebrada en la Plaza de San Pedro, el pontífice destacó que los nuevos santos de la Iglesia “son ejemplos de la santidad de la vida cotidiana”.

“Jesús, quédate con nosotros y comenzaremos a brillar como Tú brillas, a brillar para ser una luz para los demás”, expresó el Santo Padre -citando al cardenal Newman-, al concluir su homilía en la misa de canonización, celebrada junto con decenas de miles de fieles de todo el mundo.

Los cinco nuevos santos de la Iglesia son: el cardenal inglés John Henry Newman, (1801-1890), quien pasó del anglicanismo al catolicismo; una monja india, Maria Teresa Chiramel Mankidiyan (1876-1926), fundadora de la congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia; la religiosa italiana Josefina Vannini (1859-1911, cofundadora de las Hijas de San Camilo; la brasileña Dulce Lopes Pontes (1914-1992), fundadora de las misioneras de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios; la laica, suiza Margherita Bays (1815-1879), una terciaria franciscana.

En la homilía, el Papa aseguró que las tres religiosas hoy canonizadas “nos muestran que la vida consagrada es un camino de amor en las periferias existenciales del mundo”.

Mientras que la laica Santa Margarita Bays, “una costurera, nos revela qué potente es la oración sencilla, la tolerancia paciente, la entrega silenciosa. Es la santidad de lo cotidiano, a la que se refiere el santo cardenal Newman” quien dijo: “El cristiano posee una paz profunda, silenciosa y oculta, que el mundo no ve. El cristiano es alegre, tranquilo, bueno, amable, cortés, ingenuo, modesto; él no hace afirmaciones, su comportamiento está tan alejado de la ostentación y el refinamiento que a primera vista uno puede tomarlo fácilmente por una persona común”.

Y animó a pedir al Señor ser como estos nuevos santos, “’luces amables’ en medio de la oscuridad del mundo”.

Tomando el Evangelio de este domingo, el Papa recordó que los leprosos del Evangelio que piden a Jesús ser curados y explicó que no se dejaron paralizar” por las exclusiones de los hombres y gritan a Dios, que no excluye a nadie”.

“Es así como se acortan las distancias, como se vence la soledad: no encerrándose en sí mismos y en las propias aflicciones, no pensando en los juicios de los otros, sino invocando al Señor, porque el Señor escucha el grito del que está solo”.

El papa Francisco también hizo referencia a otros enfermos y necesitados que llamaron a Jesús por su nombre para ser salvados. “Llaman a Dios por su nombre, de modo directo, espontáneo. Llamar por el nombre es signo de confianza, y al Señor le gusta. La fe crece así, con la invocación confiada, presentando a Jesús lo que somos, con el corazón abierto, sin esconder nuestras miserias”, precisó.

Y animó a invocar “con confianza cada día el nombre de Jesús: Dios salva. Repitámoslo; es rezar. La oración es la puerta de la fe, la oración es la medicina del corazón”.

El Papa también explicó que los leprosos del Evangelio quedan curados “después de caminar”, “se curan al ir a Jerusalén, es decir, cuando afrontan un camino en subida”.

“Somos purificados en el camino de la vida, un camino que a menudo es en subida, porque conduce hacia lo alto. La fe requiere un camino, una salida, hace milagros si salimos de nuestras certezas acomodadas, si dejamos nuestros puertos seguros, nuestros nidos confortables. La fe aumenta con el don y crece con el riesgo. La fe avanza cuando vamos equipados de la confianza en Dios”, aseguró.

También explicó que “la fe se abre camino a través de pasos humildes y concretos, como humildes y concretos fueron el camino de los leprosos”.

De los 10 leprosos que fueron curados en el Evangelio, tan sólo uno volvió para agradecer a Jesús.

“Nuestra tarea, de nosotros que estamos aquí para “celebrar la Eucaristía”, es decir, para agradecer, es nuestra tarea hacernos cargo del que ha dejado de caminar, de quien ha perdido el rumbo: somos protectores de nuestros hermanos alejados. Somos intercesores para ellos, somos responsables de ellos, estamos llamados a responder y preocuparnos por ellos”.

“¿Quieres crecer en la fe? Hazte cargo de un hermano alejado, de una hermana alejada”, aseguró el Papa.

En ese sentido el Papa explicó que “sólo al que agradece Jesús le dice: “Tu fe te ha salvado” No sólo está sano, sino también salvado”.

“Esto nos dice que la meta no es la salud, no es el estar bien, sino el encuentro con Jesús. La salvación no es beber un vaso de agua para estar en forma, es ir a la fuente, que es Jesús. Sólo Él libra del mal y sana el corazón, sólo el encuentro con Él salva, hace la vida plena y hermosa”, precisó.

Además, señaló que “cuando encontramos a Jesús, el ‘gracias’ nace espontáneo, porque se descubre lo más importante de la vida, que no es recibir una gracia o resolver un problema, sino abrazar al Señor de la vida”.

Y precisó que cuando somos agradecidos “el Padre se conmueve y derrama sobre nosotros el Espíritu Santo”.

“Agradecer no es cuestión de cortesía, de buenos modales, es cuestión de fe. Un corazón que agradece se mantiene joven. Decir: ‘Gracias, Señor’ al despertarnos, durante el día, antes de irnos a descansar es el antídoto al envejecimiento del corazón. Así también en la familia, entre los esposos: acordarse de decir gracias. Gracias es la palabra más sencilla y beneficiosa”. +


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