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Reflexiones del presbítero Galli sobre la tierra madre, hermana e hija
Miercoles 6 Nov 2019 | 11:04 am
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Buenos Aires (AICA): El presbítero doctor Carlos María Galli, teólogo, decano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina y miembro de la Comisión Teológica Internacional, publicó en la edición del Osservatore Romano de hoy, sus comentarios sobre el tercer capítulo del documento de Aparecida 2007, elaborado por la Comisión presidida por el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio.
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En la edición del miércoles de L'Osservatore Romano, el presbítero doctor Carlos María Galli, decano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina y miembro de la Comisión Teológica Internacional, publicó sus comentarios sobre el tercer capítulo del documento de Aparecida 2007.

El documento, elaborado por la Comisión presidida por el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, contiene las enseñanzas del papa Francisco contenidas en la encíclica Laudato si' y muchas cuestiones tratadas en el último Sínodo de los Obispos sobre la Amazonía.

El presbítero Galli se desempeñó como perito teólogo de la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y El Caribe, llevada a cabo en 2007 en el santuario de Aparecida, Brasil, con el tema Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida. En ese marco, colaboró con la Comisión de Redacción del Documento Conclusivo presidida por el cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ.

El capítulo tercero del documento, señaló el sacerdote, expone la alegría de ser discípulos misioneros que anuncian el Evangelio y, entre las buenas noticias que surgen de la Buena Noticia, anuncia “la buena nueva del destino universal de los bienes y de la ecología”. De ese capítulo, destacó un párrafo significativo.
«Con los pueblos originarios de América, alabamos al Señor que creó el universo como espacio para la vida y la convivencia de todos sus hijos e hijas y nos los dejó como signo de su bondad y de su belleza.

También la creación es manifestación del amor providente de Dios; nos ha sido entregada para que la cuidemos y la transformemos en fuente de vida digna para todos. Aunque hoy se ha generalizado una mayor valoración de la naturaleza, percibimos claramente de cuántas maneras el hombre amenaza y aun destruye su ‘hábitat’.

Nuestra hermana la madre tierra es nuestra casa común y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación. Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador, un atentado contra la biodiversidad y, en definitiva, contra la vida. El discípulo misionero, a quien Dios le encargó la creación, debe contemplarla, cuidarla y utilizarla, respetando siempre el orden que le dio el Creador»



A partir de allí, el teólogo reflexionó sobre las enseñanzas del documento, muchas de ellas “adelanto” de lo contenido en la encíclica Laudato si’ y de cuestiones tratadas en la asamblea especial del Sínodo de los Obispos para la región amazónica.

En sus comentarios, el presbítero se centró en la expresión “nuestra hermana madre”, y señaló que una de las propuestas de modificación del texto llegadas a la Comisión pedía que se suprimiera esa frase porque, decía, “contenía una ideología indigenista ecologista, hostil a la Iglesia Católica, que idolatraba a la madre tierra en la figura de la Pachamama”.

En la fase de preparación del Sínodo para la Amazonía, señaló el padre Galli, “se escucharon o leyeron afirmaciones similares a la de aquel modus por parte de prelados que cuestionaban párrafos del Instrumentum laboris sobre la madre tierra”, por lo que se preguntó si aquellos detractores “por una inexplicable falta de cultura cristiana, ignoraban el Cántico [de las Creaturas, de San Francisco] o lo evitaban en su ofensiva dialéctica”.

Refiriéndose al documento final del Sínodo, destacó que “no cita el poema” y sólo remite a san Francisco como “ejemplo de conversión integral vivida con alegría y gozo cristiano”, sin mencionar que fue nombrado patrono de la Asamblea. “En cambio, dos veces se refiere a la madre tierra procurando una ecología integral”, advirtió.

El padre Galli citó una estrofa del poema de San Francisco de Asís: “Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana madre tierra, la cual nos sustenta y gobierna, y produce distintos frutos con coloridas flores y hierbas”, citado por el papa Francisco en el inicio de su encíclica Laudato si’.

“Nuestra casa común es como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos”, destacó. “La tierra participa del coro de todas las creaturas que, por la voz humana, alaban al Creador. Ella contiene a todos sus frutos: ‘Todo lo que brota sobre la tierra, bendiga al Señor’”, citó.

“En este horizonte sapiencial se pueden precisar tres relaciones del ser humano con la tierra, dos de las cuales están explicitadas en ambos cantos de alabanza. A ellas agrego el tercer rasgo filial”, expresó.

“La tierra es como una hermana porque las creaturas provenimos del único Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible. La creación es un libro abierto –el clásico liber creaturae- que comunica o revela, a su modo, la verdad, la bondad y la belleza de Dios”, indicó, y recordó: “El pobre de Asís daba a todas las creaturas el dulce nombre de hermanas y las invitaba a alabar a Dios”.

En ese sentido, detalló las otras dos relaciones: “La tierra como madre”, porque “nutre a los seres que nacemos y crecemos sobre la faz de este mundo y, en especial, a aquellos que brotan de la tierra”; y “La tierra como hija”, porque “la tierra nos precede y nos está confiada. Ella también es como una hija del ser humano, el único sobre ella que fue creado a imagen y semejanza de Dios, a quien el Señor ama de forma personal y le entrega la obra de sus manos”, y por ese motivo tiene la misión “de cultivar y cuidar la naturaleza, labrarla sin abandonarla y custodiarla sin destruirla”, lo que implica “una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza”.

Finalmente, expresó: “La Iglesia invoca a san Francisco de Asís, el hermano universal, para procurar una ecología integral en la que se aprenda y se enseñe a amar y cuidar la tierra como hermana, madre e hija”.

“Los pueblos amazónicos nos enseñan a cultivar esta trama de relaciones culturales en un momento crítico de la historia porque, como dice la Introducción del documento sinodal, la destrucción del bioma amazónico tendría un impacto catastrófico para el conjunto del planeta”, alertó.

“Esta es otra lección que los no amazónicos recibimos del Sínodo, mientras celebramos la iniciativa del papa Francisco para situar esta periferia de las periferias en el centro de la Iglesia, porque está siempre en el corazón de Dios”, concluyó.+

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