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Miles de venezolanos honraron a la Virgen en Parque Rivadavia
Martes 19 Nov 2019 | 12:33 pm
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Buenos Aires (AICA): Miles de venezolanos honraron a la Virgen de Chiquinquirá en un festival musical en el parque Rivadavia, tras una concurrida misa en la parroquia de Nuestra Señora de Caacupé, en el barrio porteño de Caballito. La imagen fue llevada en procesión al parque, donde estuvo en el estrado levantado ante el monumento a Simón Bolívar. Allí tocaron distintos conjuntos musicales. La imagen de la Virgen fue envuelta en un artístico marco de bronce, cincelado por el sacerdote orfebre Juan Cruz Padilla.
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Miles de venezolanos honraron el domingo 17 a la Virgen de Chiquinquirá en un festival musical en el parque Rivadavia, tras una concurrida misa celebrada a las 13 en la parroquia de Nuestra Señora de Caacupé, en el barrio porteño de Caballito.

Este acontecimiento popular se llama “La gran feria de la Chinita” (como llaman cariñosamente a su patrona los habitantes de Maracaibo) y se realizó en Buenos Aires por segundo año consecutivo.

Una enorme bandera venezolana, de 18 metros de largo, y flores de muchos colores decoraron el presbiterio del templo durante la Santa Misa, presidida por el párroco, presbítero Eusebio Pax, y concelebrada por el presbítero Ruben Tardío, capellán del hospital Churruca.

Luego, a las 14.30, la Virgen fue llevada en procesión al parque, cruzando la avenida Rivadavia y poniéndola en el estrado levantado delante del monumento erigido por la Nación Argentina a Simón Bolívar.

La imagen de la Virgen de Chiquinquirá, réplica de la original de la patrona de Maracaibo, quedará entronizada oficialmente el 14 de diciembre en esa parroquia, que es santuario para las comunidades inmigrantes, y habitualmente ha sido punto de encuentro de los fieles paraguayos, a los que se han sumado últimamente muchos venezolanos.

El presbítero Juan Cruz Padilla, sacerdote orfebre, estuvo hasta dos días antes trabajando contra reloj en su taller cincelando el artístico marco de bronce que realza la imagen de la Virgen. Sacerdote de la prelatura del Opus Dei, el presbítero Padilla confiesa todos los domingos por la tarde en la parroquia, donde ese día se celebran tres misas vespertinas.



Alegría contagiosa
Un ambiente de contagiosa alegría se notaba en el parque, donde la gente seguía las canciones de distintos conjuntos venezolanos con movimientos, bailes, aplausos, gestos. Y con frecuencia los cantantes se referían con afecto a “la Chinita”, el apelativo que gustan usar los “maracuchos” (los habitantes de Maracaibo, en el estado de Zulia).

En la celebración coincidían gentes de distintos lugares del país hermano, haciendo suya esa devoción local. De vez en cuando un conductor preguntaba si había gente de La Guaira, de Magallanes, de la isla Margarita, de tal o cual lugar y levantaban las manos muchos o pocos de esa procedencia. “Bienvenida a Buenos Aires”, dijo el locutor con relación a una señora apenas llegada al país que estaba cerca del palco. A su lado, una chica joven transmitía buena onda a todos desde el micrófono.

Cumplir con la Virgen
En primera fila de los asistentes, junto a la valla, estaba Flor Hernández, una joven de Maracaibo con un año en el país. Su profesión es paramédica, enfermera, pero aquí trabaja en un restaurante. Resignó un turno en su trabajo para estar en la misa y luego quedarse hasta la noche en la celebración. “Tenía que venir a cumplir con la Virgen”, comentó.

La imagen de la Virgen estaba en un costado del estrado ornada con flores amarillas, rojas y blancas, y de tanto en tanto dos mujeres las rociaban con agua con un vaporizador para mantenerlas frescas. En el estrado se fueron sucediendo distintos conjuntos hasta cerca de la medianoche, ante un público contento que parecía incansable. Entre otros, tocaron Migración Gaitera y Gaita Son. Uno de este conjunto agradeció a “este gran país que nos ha recibido con mucho cariño”. Y el público respondió a sus invitaciones: “Que viva Venezuela, que viva Argentina”.



Hoy no hay dieta
En la feria circundante, que se realizó por segundo año en esta festividad, había muchos piestos con techos de tela blanca, donde podían comprarse alimentos típicos, recuerdos, artesanías. Chévere Fast Food ofrecía plátanos con pollo, carne o queso. Otro puestos invitaba: “Soy el alma de la fiesta. Hoy no hay dieta”. Vendía perros calientes (panchos) a 120 pesos y papas con Cheddar a 150. No faltaba la oferta de arepas, otro plato típico venezolano, en varios lugares.

“Requetevenezolano”, decía otro lugar. Lo atendía Dina González, con su marido, Luis Martínez. Están hace un año. Son de Puerto La Cruz, estado de Anzoátegui. Los ayudaban un sobrino y otros parientes llegados hace seis meses. Querrían tener un local para instalarse. Ofrecían “hallaca”, un plato tradicional con carne de cerdo, y otras comidas. Dina es licenciada en enfermería.

Asado, bebidas y fuegos artificiales
Eso era en el parque Rivadavia. Pero también había algunos puestos cruzando la avenida, dentro del terreno de la parroquia, que tiene a su frente un amplio espacio dedicado otras veces a estacionamiento de autos. Allí humeaban en una parrilla chorizos, pollos, y había una larga cola para degustarlos. Había también otros pequeños mostradores con estampas, adornos, comidas, etc. Gabriel, Génesis (una chica que lleva ese nombre bíblico) y Moisés, todos de Caracas, de entre 22 y 26 años, ofrecían un refresco, chicha. Es una bebida hecha de fideos de sémola de trigo, a lo que se agregan vainilla, canela y leche, y con hielo resulta muy refrescante, a la vez que nutritiva. Moisés, el que hace más tiempo que está, lleva un año y medio en el país.

La organización del acto fue movilizada por una organización de la sociedad civil, Baires en Libertad. Este año se duplicó la concurrencia del año anterior.

Cerca de la medianoche concluyó el acto, estallaron fuegos artificiales y la imagen de la Virgen fue llevada nuevamente a la parroquia por los Servidores de María. En los próximos días recorrerá algunos hogares de venezolanos hasta su entronización definitiva en el templo.

La feria se realizó el domingo para facilitar la presencia de los asistentes. Al día siguiente, lunes 18, era el día propio de la Virgen; a las 19, ofició la misa correspondiente a esta fiesta el párroco de Caacupé.+ (Jorge Rouillon)
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