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“¡La desidia ante el drama de los migrantes es pecado!, exclamó el Papa
Jueves 19 Dic 2019 | 10:28 am
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Ciudad del Vaticano (AICA): “Debemos socorrer y salvar, porque todos somos responsables de la vida de nuestro prójimo, y el Señor nos pedirá que demos cuenta de ello en el día del juicio”, exclamó el papa Francisco durante el encuentro que mantuvo esta mañana, en el Vaticano, con el grupo de refugiados recientemente llegados de Lesbos, gracias a los pasillos humanitarios e hizo colocar una cruz en la entrada al Palacio Apostólico desde el Patio del Belvedere en memoria de los migrantes y refugiados.
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El papa Francisco se reunió esta mañana, en el Vaticano, con el grupo de refugiados recientemente llegados de Lesbos, gracias a los pasillos humanitarios e hizo colocar una cruz en la entrada al Palacio Apostólico desde el Patio del Belvedere en memoria de los migrantes y refugiados.

El grupo de refugiados está compuesto por 33 personas que buscan asilo político, entre ellos una docena de fieles cristianos y 14 menores.

Los refugiados de Lesbos llegaron a Roma gracias a la ayuda de un corredor humanitario, acompañados por el limosnero apostólico, cardenal Konrad Krajewski y la Comunidad de San Egidio, que tuvieron la oportunidad de comprobar la dramática situación de los refugiados que viven en la isla griega desde hace meses en condiciones inhumanas.

Por pedido del Papa, el cardenal Krajewski, fue a Lesbos para acompañar personalmente hasta Italia a este grupo de 33 personas, cuya atención y sostén correrán a cargo de la Santa Sede y de la Comunidad San Egidio, que les proporcionará hospitalidad en Roma en la casa familiar de la Comunidad en Santa María in Trastevere, pero también en apartamentos cedidos por particulares y casas religiosas, pequeñas fundaciones y parroquias.

El pontífice comenzó su discurso mostrando al grupo de refugiados un chaleco salvavidas y les dijo: “Este es el segundo chaleco salvavidas que recibo como regalo. El primero me lo dio hace unos años un grupo de socorristas. Pertenecía a una niña que se ahogó en el Mediterráneo. Se lo di a los dos subsecretarios de la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Humano Integral. Les dije: "¡Esta es su misión!". Con esto quería subrayar el compromiso ineludible de la Iglesia de salvar la vida de los migrantes, para que después puedan ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados”.

Y continuó contando el Papa: “Este segundo chaleco, entregado por otro grupo de socorristas hace apenas unos días, pertenecía a un migrante que desapareció en el mar el pasado mes de julio. Nadie sabe quién era ni de dónde venía. Sólo se sabe que su chaleco se encontró a la deriva en el Mediterráneo central el 3 de julio de 2019, en determinadas coordenadas geográficas. Nos enfrentamos a otra muerte causada por la injusticia. Sí, porque es la injusticia la que obliga a muchos migrantes a abandonar sus tierras. Es la injusticia la que los obliga a cruzar los desiertos y a sufrir abusos y torturas en los campos de detención. Es la injusticia la que los rechaza y los hace morir en el mar.

“El chaleco –continuó el pontífice- "viste" una cruz de resina de colores, que quiere expresar la experiencia espiritual que capté en las palabras de los socorristas. En Jesucristo la cruz es fuente de la salvación. En la tradición cristiana la cruz es un símbolo de sufrimiento y sacrificio y, al mismo tiempo, de redención y salvación”.

“Esta cruz es transparente: representa un desafío para mirar con más atención y buscar siempre la verdad. La cruz es luminiscente: quiere alentar nuestra fe en la resurrección, el triunfo de Cristo sobre la muerte”.

“He decidido mostrar aquí este chaleco salvavidas, "crucificado" en esta cruz, para recordarnos que debemos tener los ojos abiertos, tener el corazón abierto, para recordar a todos el compromiso imperativo de salvar toda vida humana, un deber moral que une a los creyentes y a los no creyentes”.

“¿Cómo podemos dejar de escuchar el grito desesperado de tantos hermanos y hermanas que prefieren enfrentarse a un mar tormentoso antes que morir lentamente en los campos de detención libios, lugares de tortura y esclavitud innoble? ¿Cómo podemos permanecer indiferentes ante los abusos y la violencia de los que son víctimas inocentes, dejándolos a merced de traficantes sin escrúpulos? ¿Cómo podemos "dar un rodeo", como el sacerdote y el levita de la parábola del Buen Samaritano, haciéndonos responsables de sus muertes? ¡Nuestra desidia es pecado!”

“Doy gracias al Señor por todos los que decidieron no permanecer indiferentes y se prodigan para socorrer al desventurado, sin hacerse demasiadas preguntas sobre cómo o por qué se toparon con ese pobre medio muerto en su camino. No se resuelve el problema bloqueando los barcos. Debemos comprometernos seriamente a vaciar los campos de detención en Libia, evaluando y aplicando todas las soluciones posibles.”

“Debemos denunciar y perseguir a los traficantes que explotan y maltratan a los migrantes, sin temor a revelar connivencias y complicidades con las instituciones. Los intereses económicos deben dejarse de lado para que la persona, cada persona, cuya vida y dignidad son preciosas a los ojos de Dios, esté en el centro. Debemos socorrer y salvar, porque todos somos responsables de la vida de nuestro prójimo, y el Señor nos pedirá que demos cuenta de ello en el día del juicio. Gracias”, concluyó Francisco

Por último el pontífice invitó a que “mirando este chaleco y mirando la cruz, que cada uno rece en silencio”. +





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