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Mons. Mestre: Escucharlo, escucharme, escucharnos
Martes 7 Ene 2020 | 11:24 am
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Mar del Plata (Buenos Aires) (AICA): El obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel Mestre, reflexionó en el segundo domingo de Navidad sobre Dios como Palabra, y propuso meditar sobre tres palabras que tienen como raíz el acto de escuchar: a Dios, a nosotros mismos y a los demás.
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En el segundo domingo de Navidad, el obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel Mestre, reflexionó sobre el prólogo del Evangelio de Juan que en seis oportunidades habla de Dios como Palabra.

“Que Dios sea Palabra implica, lo que el mismo himno dice, que se da a conocer, sale de sí, se comunica, se revela, hace participar a la humanidad de su intimidad… Por eso, podemos decir con toda propiedad, que Dios es diálogo y comunicación. Diálogo real, verdadero, auténtico… Comunicación diáfana y fluida, limpia y libre de toda interferencia… Dios es diálogo y comunicación a través de la Biblia, Palabra de Dios escrita, pero no solo allí sino en las diversas circunstancias de la vida: en la obra creadora, en las intervenciones de la historia personal y familiar de cada uno, en la vida de la Iglesia especialmente en su Liturgia, en los acontecimientos del mundo de todos los tiempos. ¡Dios es Palabra, Dios es diálogo, Dios es comunicación!”, afirmó.

“Toda palabra que se dice reclama ser escuchada. Y más si es Dios el que se autodefine como Palabra. Que el Señor sea Palabra nos compromete de forma muy particular. Por eso, sintetizo la iluminación de hoy con tres palabras que tienen como eje la raíz escuchar”, explicó y propuso: Dios es Palabra: Escucharlo; ante el Dios Palabra: Escucharme; por la gracia del Dios Palabra: Escucharnos.

En primer lugar, reflexionó: “Al pensar en la Palabra y en el verbo escuchar, lo primero y principal será escuchar al Dios que es Palabra. Escuchar-lo a Él que constantemente nos comunica su amor. Dios se comunica Él mismo, su Persona, cuando nos regala su gracia, su poder, su presencia en nuestros corazones. También, a través de su Palabra escrita, nos invita a transitar por sus senderos”.

En este punto, planteó: “¿Cómo me dispongo a escuchar al Dios Palabra? ¿Dejo que me comunique su amor, su gracia, su presencia en mi vida? ¿Busco comunicarme con Él? ¿Asumo el desafío de escucharlo…? ¿Lo escucho realmente, tengo diálogo con Él o solo realizo monólogos? ¿Lo escucho en la Biblia; en la celebración de la Eucaristía; en el rezo del Santo Rosario…? ¿Descubro que la oración es diálogo, ida y vuelta, escucha recíproca entre la grandeza de Dios y mi pequeñez humana?”.



En segundo lugar, expresó: “En un mundo tan ruidoso es complicado lograr escuchar-se a uno mismo. Al menos de forma profunda e integral. Solemos escuchar solo una parte de nosotros mismos. En nuestro corazón Dios también habla y se comunica. En lo mucho bueno que Él hace en nosotros y también, en lo malo que descubrimos y que tenemos que modificar. Si no nos escuchamos nos quitamos la posibilidad de potenciar lo bueno y cambiar aquellas cosas que lastiman nuestra vida. Escucharme no es tarea fácil porque hace aflorar esa interioridad que, a veces, está dormida. Escucharme es más que una introspección psicológica. Es escuchar el misterio de Dios que habla en mi vida concreta y cotidiana. En mis gustos y disgustos, alegrías y tristezas, aciertos y fracasos; en mis humores, en mis deseos, necesidades, miedos, desafíos… Dejar que hable toda mi interioridad, con lo bueno y con lo malo también… Pero el desafío será que lo que salga de mi corazón sea tocado por el Dios Palabra que purifica y renueva todo”, consideró.

“¿Ejercito el arte de escucharme integralmente o me quedo solo con algunas expresiones parciales? ¿Me conozco realmente… sé quién soy? ¿Dialogo con mi mundo interior? ¿Me dejo aturdir por el mundanal ruido contemporáneo y me resisto a bucear en mi interioridad? ¿Qué “palabras” brotan de mi interioridad? ¿Qué “dice” mi corazón? ¿De qué “habla” mi alma? ¿Escucho a Dios que habla en mi corazón? ¿Busco purificar, con la gracia de Dios, aquellas “palabras” de mi vida que no están en la dinámica del Reino de los Cielos? ¿Dejo que Dios toque con su poder las “palabras” negativas de mi vida?”, dejó como interrogantes.

Finalmente, y sobre el ejercicio de “escucharnos”, consideró: “Es difícil escuchar a Dios y dialogar con Él. Es difícil escuchar la propia interioridad. Es difícil también escucharnos, es decir escuchar a los demás, a los otros y dialogar con ellos. En la era de los medios de comunicación y de las redes sociales pareciera que cada vez nos escuchamos menos y estamos menos comunicados. Por un lado, como veíamos en los puntos anteriores, el mundanal ruido tampoco permite comunicarnos con los demás. Pero es paradojal dado que en nuestro mundo contemporáneo existen muchos medios para dialogar, comunicarse y escucharnos”, advirtió. “¡Cada vez más medios y cada vez menos comunicados y con menos capacidad de escucha recíproca y de diálogo! Hay mucho monólogo compartido pero poco diálogo real, diáfano y puro, como el que Dios Palabra nos enseña”.

“No es fácil dejarse invadir por la interioridad del otro. Existe mucho bloqueo en la comunicación real y en la capacidad de escucha verdadera. Como discípulo misionero del Dios Palabra debemos ser maestros en el arte de escucharnos y de comunicarnos y dialogar de forma profunda, diáfana, fluida y sincera”, animó.

“¿Ejercito el escucharnos en los diversos ámbitos de mi vida (familia, amigos, lugares de trabajo y estudio, club, barrio, edificio, pastorales, servicios, instituciones, movimientos…)? ¿Sé dialogar o solo ejercito el ‘monólogo compartido’? ¿Descubro que el diálogo es ‘ida y vuelta’ en la comunicación con el hermano? ¿Busco dar un tiempo prudencial a la escucha de alguna persona que lo está necesitando? ¿Cultivo el ‘arte de la escucha’ buscando concentrarme en el otro con su vida, sus formas, sus problemas…? ¿Tiendo a ser superficial en mi forma de comunicación y de escucha con los demás? ¿Abuso de los modernos medios de comunicación social y de las redes sociales priorizando una comunicación ‘genérica y superficial’ por sobre una escucha atenta, personal y comprometida?”, preguntó.

“¡Qué el Dios Palabra nos dé con su gracia la capacidad para escuchar-lo, escuchar-me y escuchar-nos!”, concluyó.+


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