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Mons. Mestre: La gracia del Bautismo es para todos sin distinción
Martes 14 Ene 2020 | 08:49 am
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Mar del Plata (Buenos Aires) (AICA): El obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel Mestre, compartió sus reflexiones sobre el relato evangélico del Bautismo del Señor, que da por concluido el tiempo de Navidad. Al respecto, propuso “tres puntitos” para reflexionar, con raíz en tres palabras: “Trinidad”, “acepción” y “apagará”.
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Al finalizar el tiempo de Navidad, el obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel Mestre, propuso “tres puntitos” para reflexionar sobre el relato evangélico del Bautismo del Señor. Para empezar, aclaró que este pasaje “no habla en primer lugar del Sacramento del Bautismo, sino de la manifestación, de la revelación de Dios al mundo. Es una teofanía, donde por la acción del Espíritu Santo la voz del Padre da a conocer a su Hijo muy querido en el contexto de un ritual de purificación que realiza Juan Bautista en el río Jordán”.

“En este misterio de la vida de Jesús se da místicamente el increíble paso del bautismo de simple purificación simbólica al Santo Sacramento del Bautismo. Las aguas no purifican a Jesús sino que las aguas quedan santificadas en el contacto con el Salvador para que podamos ser regenerados y transformados en nuevas creaturas”, explicó.

“Dentro de las múltiples opciones que tenemos para reflexionar sobre este gran misterio propongo detenernos en tres puntos sintetizados en tres palabras: Trinidad, acepción, apagará”.

En cuanto al primer punto, tomado de la frase “Bautizados en nombre de la Santísima Trinidad”, expresó: “El Evangelio de hoy es la manifestación de la Santísima Trinidad. La presencia del Hijo, la voz del Padre y el descenso del Espíritu Santo son una fuerte evocación de la presencia del Dios Uno y Trino que hemos recibido como sello el día del Sacramento del Bautismo”.

“Por eso hoy, es una bella oportunidad para tener memoria agradecida por el Bautismo trinitario que hemos recibido. Gracias a la fe de nuestros padres y abuelos en nuestra vida, se abrió el universo de la fe y la vida sacramental a través del Bautismo trinitario que nos regalaron más o menos años atrás”, animó. “Memoria agradecida que nos debe comprometer en el presente para ser testigos, anunciadores, catequistas de la importancia y la centralidad del Bautismo para la vida de los recién nacidos o de los adultos que no lo hayan recibido. Con respeto y delicadeza, sin imposición de ningún tipo, debemos ser instrumentos del mismo Dios Uno y Trino, recordando a las personas y familias el gozo y la alegría de ser sellados por el Sacramento del Bautismo”, añadió.



En segundo lugar, recordó que “Dios no hace acepción de personas”, y explicó: “La segunda lectura de hoy nos relata una parte de la reflexión de Pedro antes del bautismo de los primeros paganos. Es claro el camino de conversión pastoral que hace Pedro para no hacer acepción de personas. Ha descubierto que no debe considerar ni impuro ni manchado a ningún ser humano y por eso la gracia del Bautismo es para todos sin distinción ni acepción de ningún tipo”.

“En la Iglesia debemos seguir madurando en esta conversión pastoral que nos pide el papa Francisco para estar abiertos a todos sin excluir a nadie. No haciendo acepción de personas a nadie que quiera ingresar al universo de la vida sacramental a través del Bautismo. Todos somos pecadores y en cuanto pecadores hemos recibido las aguas de la salvación. Con nosotros no se hizo acepción de personas. No hay argumento para no dejar hacer el camino posible que cada uno pueda hacer. Nuestras comunidades deben aprender a recibir la vida herida tal cual viene y ofrecer el Bautismo y toda la vida sacramental sin realizar acepción de personas”, advirtió.

Finalmente, de la frase “No apagará la mecha que arde débilmente”, tomó la palabra “apagará” y reflexionó: “La metáfora de Isaías es más que elocuente al describir al futuro Servidor del Señor, como aquel que ‘no apagará la mecha que arde débilmente ni romperá la caña quebrada’. Esta metáfora se aplica al Mesías, al Señor Jesús, a Cristo. Así es su misión y su servicio en la humanidad”.

“Por el Bautismo somos otros cristos en la tierra, por eso la metáfora es también para nosotros. La gracia bautismal nos hace seres humanos pacíficos y pacificadores. Nos da las fuerzas necesarias para que, en las coyunturas de la historia cotidiana, seamos capaces de rescatar todo pequeño rescoldo de vida buscando no apagar la mecha que arde débilmente. Como bautizados no estamos llamados a condenar sino a continuar con la misión del Siervo Jesús: ser instrumentos de paz no apagando la mecha ni rompiendo la caña quebrada”, exhortó.+


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