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Mons. Castagna: “El sinsentido del mundo, reclama el auxilio de Dios”
Viernes 31 Ene 2020 | 08:19 am
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Corrientes (AICA): “El sinsentido contamina la vida moderna, e introduce a hombres y mujeres, de diversas edades en un clima social de desolación y frivolidad que alcanza dimensiones impensables. El asesinato y el suicidio, que salpican las portadas de los medios gráficos, constituyen la prueba de la necesidad de la fe en Dios que experimenta el mundo contemporáneo”, aseguró el arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna.
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El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, afirmó que “la Palabra de Dios, expresada en cada festividad religiosa, recobra su actualidad en ocasiones como las actuales”.

“El sinsentido que atormenta a los ciudadanos de este mundo, reclama el auxilio de Dios para que no se produzcan la desesperación y el caos”, aseguró en su sugerencia para la homilía dominical.

“Cuando se constata que la violencia y el odio cobran nuevas víctimas, apoderándose de los más jóvenes y vulnerables, se evidencia la necesidad extrema de Dios que padece nuestra sociedad”, agregó.

El prelado advirtió que el sinsentido contamina la vida moderna, e introduce a hombres y mujeres, de diversas edades, en “un clima social de desolación y frivolidad que alcanza dimensiones impensables”.

“El asesinato y el suicidio, que salpican las portadas de nuestros principales medios gráficos, constituyen la prueba de la necesidad de la fe en Dios que experimenta el mundo contemporáneo”, precisó.

Monseñor Castagna consideró que “la Iglesia debe aprender de Simeón y de Ana, para identificar en Cristo el auxilio que el mundo necesita. De esa manera, debe presentarlo como el sentido único que la historia requiere para ser auténticamente humana”.



Texto de la sugerencia
1.- Único sendero de redención. Para quienes cubren aquella tierna escena - Jesús, María y José; Simeón y Ana - el encuentro, relatado por San Lucas, reviste un sentido trascendente. Nadie parece advertir lo que acontece. Está bien que así sea. El populismo, fácilmente manipulador, desvirtúa la verdad hasta diluirla. Dios no cae en esa trampa. Los primeros sorprendidos son sus humildes y desconocidos protagonistas. La intuición profética de Simeón y Ana, deja al descubierto el constante proceder de Dios en la Historia de la Salvación. Desde la Encarnación en adelante el mundo hallará la Redención al concluir este único sendero. No existe otra forma, y, cuando se la pretende reemplazar, se produce el fracaso o una indetenible involución al caos. La historia, con sus éxitos e intentos fallidos, desalienta el sostenimiento de frágiles proyectos unipersonales. Hay mucha ignorancia, en algunos ocasionales conductores de la sociedad, pero, la soberbia sobrepasa a la ignorancia y, en consecuencia, se produce una trágica desconexión de la verdad buscada.

2.- Carácter mariano de la Presentación del Señor. La Presentación de Jesús en el Templo es motivo de sorpresa y admiración para María y José: “Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él”. (Lucas 2, 33) El estado de ánimo de los santos esposos, corresponde a la predisposición espiritual que los anima al escuchar a los ancianos profetas. El anuncio, que formulan ambos, contextualiza el sabor agridulce generado por el reconocimiento de la identidad y misión de ese pequeño y frágil Niño: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón”. (Lucas 2, 34-35) Lo entenderán después, cuando ese misterioso Niño se convierta en el joven Profeta de Nazaret. Lo comprenderá mejor María cuando, transida de dolor, lo vea morir en la Cruz y, con gozo indescriptible, lo estreche - ya resucitado - entre sus purísimos brazos maternos. José guarda un recato ejemplar - que lo caracteriza - en el cuidado de los preciosos tesoros de Jesús y María. La Fiesta de hoy, además de la Presentación del Señor en el Templo, tiene una referencia mariana de particular significación. María lleva en sus brazos al Dios encarnado para cumplir con la Ley. Parece extraño ofrecer a Dios, a quien es el Dios hecho hombre y someterse a una ritual purificación - por causa de una exigencia legal - quien ha sido preservada del pecado original. Es el humilde ángulo por el que Dios quiere entrar en la historia y redimir a los hombres.

3.- Un sentido nuevo de la historia humana. Tanto Simeón como Ana constituyen la esperanza sostenida y alimentada por la vigilia orante. Ambos dedican los años de su ancianidad a la oración y a la penitencia. Dios recompensa a sus fieles servidores con esta singular experiencia. Simeón toma entre sus brazos al pequeño Dios encarnado y profetiza, inspirado por Él. No es un acontecimiento más, entre otros muchos. Como constitutivo de la Historia de la Salvación, reedita su vigencia en cada época y con cada generación. Lo celebramos para hacer viva hoy su memoria y su eficacia. Aquel Niño es Cristo que, muerto y resucitado, ofrece a quienes hoy hacemos la historia un sentido nuevo y trascendente. Para acceder a él debemos recuperar la capacidad de velar en todo momento, especialmente cuando el mal parezca prevalecer. Es la lucha no acabada entre el pecado y la gracia, el error y la Verdad. La celebración litúrgica, que es anuncio y actualización del Misterio redentor, está destinada a informar y a crear conciencia del acontecimiento celebrado. La ignorancia y la proclividad al mal no superada, se conjugan para mantener al mundo en un estado de irredención, aparentemente sin retorno.

4.- El “sin sentido” contamina la vida. La Palabra de Dios, expresada en cada festividad religiosa, recobra su actualidad en ocasiones como las actuales. El “sin sentido” que atormenta a los ciudadanos de este mundo, reclama el auxilio de Dios para que no se produzcan la desesperación y el caos. Cuando se constata que la violencia y el odio cobran nuevas víctimas, apoderándose de los más jóvenes y vulnerables, se evidencia la necesidad extrema de Dios que padece nuestra sociedad. El “sin sentido” contamina la vida moderna, e introduce a hombres y mujeres, de diversas edades, en un clima social de desolación y frivolidad que alcanza dimensiones impensables. El asesinato y el suicidio, que salpican las portadas de nuestros principales medios gráficos, constituyen la prueba de la necesidad de la fe en Dios que experimenta el mundo contemporáneo. La Iglesia debe aprender de Simeón y de Ana, para identificar en Cristo el auxilio que el mundo necesita. De esa manera, debe presentarlo como el sentido único que la historia requiere para ser auténticamente humana.+


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