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Mons. Castagna: “Que la verdad y la justicia sean respetadas”
Viernes 14 Feb 2020 | 08:07 am
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Corrientes (AICA): Ante el debate sobre la justicia y el papel servicial de la ley, el arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, recordó que “en la independencia y separación de poderes, garantizadas por un sistema republicano de gobierno, se dan las condiciones para que la verdad y la justicia sean respetadas”. “De otra manera, todo quedaría al arbitrio caprichoso del poder de turno”, advirtió.
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“Cuando los derechos humanos son sistemáticamente conculcados, la Ley no acaba de cumplirse, más bien se la niega aunque literalmente se la observe. Con la sola letra de la Ley pueden ser absueltos los delincuentes y condenados los inocentes”, advirtió el arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna.

“En la independencia y separación de poderes, garantizadas por un sistema republicano de gobierno, se dan las condiciones para que la verdad y la justicia sean respetadas”, sostuvo.

El prelado afirmó que “de otra manera todo quedaría al arbitrio caprichoso del poder de turno”.

“Jesús habla de la Ley y del respeto máximo que se merece: ‘Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, antes que todo se realice’”, subrayó citando el pasaje evangélico de San Mateo.



Texto de la sugerencia
1.- Que la verdad y la justicia sean respetadas. Como ahora, Jesús se encuentra - en su tiempo - con gente que se vale de la letra de la ley para dejarla incumplida e incumplible. Su afirmación tiene una intención docente muy directa: “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento”. (Mateo 5, 17) Cuando los derechos humanos son sistemáticamente conculcados, la Ley no acaba de cumplirse, más bien se la niega aunque literalmente se la observe. Con la sola letra de la Ley pueden ser absueltos los delincuentes y condenados los inocentes. En la independencia y separación de poderes, garantizadas por un sistema republicano de gobierno, se dan las condiciones para que la verdad y la justicia sean respetadas. De otra manera todo quedaría al arbitrio caprichoso del poder de turno. Jesús habla de la Ley y del respeto máximo que se merece: “Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, antes que todo se realice”. (Mateo 5, 18) En estos días se ha debatido el tema de la justicia y del rol servicial de la Ley.

2.- Las virtudes humanas divinizadas en Cristo. Jesús no viene a destruir lo legítimamente construido sino “a darle cumplimiento”. Por lo tanto, vino a divinizar la naturaleza humana - tomada de María - mediante la Encarnación y la Resurrección. Con ella, también los valores y virtudes humanas. Para que su gracia actúe en los corazones, será preciso mantener una relación muy profunda con Él. Cuando se producen algunos escándalos muy dolorosos, sobre todo causados por clérigos y religiosos, es justo pensar que existe una ruptura o desconexión de la gracia del Redentor. Esas personas, libradas a sus solas fuerzas y posibilidades, se muestran frágiles porque “la carne es débil”. La moralidad o ética, para mantener su integridad y equilibrio, necesita del auxilio divino. Es posible revertir la situación actual, marcada por la corrupción y la hipocresía, si se acude a la gracia de Dios, que Cristo infunde con el don admirable del Espíritu Santo. No es ésta una ingenuidad espiritualista. Aún quienes no gozan de una fe explícita, causada por la Palabra de Dios, si procuran responder a los reclamos de su conciencia sana, son auxiliados misteriosa y oportunamente por la gracia. En medio de la vorágine de este mundo, iniciado en las primeras décadas del siglo XXI, aparecen las manifestaciones de la acción del Espíritu. Hay mucha gente sabia y virtuosa, entremezclada con la cizaña ponzoñosa del mal. Habrá que esperar, como lo dispone el Dueño del campo, que, cuando se produzca la cosecha, se destine el trigo al granero y la cizaña al fuego.

3.- La justicia de los escribas y fariseos. La severidad de Jesús, al referirse a los escribas y fariseos, deja al descubierto la verdadera causa de su implacable descalificación. Aquellos rígidos legalistas, trampeaban desde la letra de la Ley y, de esa manera, atentaban contra la justicia. En las directivas impartidas a sus discípulos, su voz parece agravarse: “Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos”. (Mateo 5, 20) Estamos en tiempos de aclarar ideas y de simplificar los instrumentos que sirvan a su transmisión. Me refiero al lenguaje de sus naturales y profesionales difusores: periodistas, docentes, evangelizadores y artistas. La sociedad necesita ser informada y provista de elementos genuinos para el desarrollo de su capacidad crítica. El Evangelio es formativo: “El “hombre” que Dios quiere lograr de cada persona humana, es Cristo”. El auxilio divino viene personalizado en Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Es preciso hacerlo conocer para su exacta identificación misionera entre los seres humanos y sus pueblos. Descartarlo, inspirados en una ideología ateisante, o prescindente, es dejar habilitado el ancho camino hacia la perdición.

4.- La letra mata pero el Espíritu da vida. En la secuencia del texto, hoy proclamado, Jesús puntualiza algunos principales preceptos de la Ley, interpretando su contenido desde el Espíritu. De esa manera deja establecido lo que San Pablo entendió y enseñó con tanta lucidez: “Él nos ha capacitado para que seamos los ministros de una Nueva Alianza, que no reside en la letra, sino en el Espíritu, porque la letra mata pero el Espíritu da vida”. (2 Corintios 3, 6) En consecuencia, el Divino Maestro, confirmando el valor de la Ley, la subordina al Espíritu Santo, para recordar que la justificación no procede de la letra sino de la gracia que la inspira y le otorga sentido. Cuando se refiere al homicidio, al adulterio, al divorcio, al juramento y a la mentada ley del talión señala el tránsito a su versión auténtica y revelada de la Ley: “Ustedes han oído que se dijo a los antepasados…pero yo les digo…” (Mateo 5, 21. 27.31.33.36) De esa manera, como Él mismo lo aclaró, refiriéndose a la Ley y a los Profetas: “No piensen que he venido a abolir la Ley o los Profetas… sino a dar cumplimiento”.+




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