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Mons. Collazuol: “La Cuaresma conduce a la paz interior”
Miercoles 4 Mar 2020 | 08:43 am
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Concordia (Entre Ríos) (AICA): El obispo de Concordia, monseñor Luis Armando Collazuol, envió a los fieles una carta pastoral con motivo del tiempo de Cuaresma. En su mensaje, recordó que “el ayuno del cristiano va unido a la limosna, a las obras de misericordia”.
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Con motivo del tiempo de Cuaresma, el obispo de Concordia, monseñor Luis Armando Collazuol, envió a los fieles una carta pastoral titulada “Las prácticas cuaresmales”.

En su mensaje, se refirió a la “cuarentena” de días para llegar a celebrar una Pascua santa, y la comparó con las cuarentenas que hoy en día hay “por todas partes” por temor al virus que se expande, que provocan “angustia y alerta”.

Nosotros, en cambio, señaló el prelado, “iniciamos una ‘cuarentena’ libre, personal, comunitaria. Y, curiosamente, es para ‘contagiarnos’, contagiarnos vida, la Vida que brota de la Pascua de Jesús que nos disponemos a celebrar”.

Si en algunos momentos nos aislamos, advirtió, “es retirarnos del ruido para escuchar una voz, la del Señor. La Cuaresma conduce a la paz interior”.

En ese sentido, monseñor Collazuol propuso meditar sobre las prácticas a las que la Iglesia nos invita en este tiempo de Cuaresma, “para que por ellas encontremos una inyección de vida”.

La limosna. Vivir la Cuaresma en espíritu de misericordia.
“Jesús y la Iglesia nos invitan a compartir con los hermanos, y una de las prácticas de este tiempo es la limosna, símbolo de toda obra de misericordia corporal y espiritual por amor al prójimo que sufre”.

“Hay formas obligadas de dar. Hoy se aumentan los impuestos y se nos dice que eso es solidaridad. Por medio de ellos damos de lo nuestro al Estado para que, nos dicen, el Estado lo distribuya solidariamente en planes sociales. Pero… nadie quiere que le saquen más de su bolsillo para este tipo de limosna social forzada”, reconoció.

“Cuaresma nos enseña a compartir con espíritu de misericordia, no forzadamente sino con alegría, dando tiempo y bienes, y dándonos a los hermanos, como Jesús, que dio todo hasta darse a sí mismo en la Cruz”.

El ayuno. Vivir la Cuaresma en espíritu penitencial.
“Unas prácticas cuaresmales tradicionales son las del ayuno, la abstinencia de carnes, y los pequeños o grandes sacrificios personales ofrecidos al Señor”, explicó el obispo.

“Muchos se imponen ayunos rigurosos por la estética del cuerpo, otros lo hacen por necesidad de salud. Son las dietas de todo tipo”, señaló.

“Y… ¿Qué decir del ayuno forzado del pobre que padece hambre?”, planteó. “Hay quienes hacen abstinencia absoluta de carnes, y no son los ermitaños del desierto. Son los veganos, por principios ideológicos”, indicó.

“Todos sufrimos dolores y adversidad. Son pruebas en la vida, pero muchos no las saben resignar (dar una significación nueva) y las aguantan con rebeldía porque no queda otra: ‘¿Por qué esto a mí?’”.

“Nos imponemos en Cuaresma obras penitenciales, ayuno y abstinencia, y ofrecemos con fe y amor nuestros dolores y pruebas de la vida con un sentido nuevo, como una ofrenda nuestra que unimos al sacrificio de Jesús entregado por nuestra salvación, para ir completando en nosotros su pasión por la redención de todos”, detalló.

En ese sentido, destacó: “El ayuno del cristiano va unido a la limosna, a las obras de misericordia. Desde antiguo los santos nos exhortan a que las privaciones del ayuno y de la abstinencia de los fieles sean alimento de los pobres, y lo que cada cual sustrae de su alimentación, aproveche al necesitado”, relató.

“Nos decía San León Magno (+461) en consonancia con los Santos Maestros de la Iglesia de los primeros tiempos, pero con un mensaje que es para todos los tiempos: ‘Sustraigamos algo de la abundancia de los bienes terrenos, de modo que aproveche a las limosnas lo que no se pone sobre la mesa. Porque la medicina del ayuno ayuda a sanar el alma si la abstinencia del que ayuna quita el hambre del necesitado’”.



La oración. Vivir la Cuaresma en espíritu orante.
“Hay quienes buscan el silencio y la soledad para la meditación trascendental, para alcanzar una plenitud interior conectándose consigo mismos, para lograr una sensación de serenidad, energía y equilibrio. Acuden a técnicas milenarias para relajarse, dormir mejor, tener la mente en paz, ser más feliz”, señaló monseñor Collazuol.

“En Cuaresma buscamos el silencio no para encerrarnos en nuestro yo, sino para emerger desde nosotros mismos hacia Dios, para el encuentro con ‘el Padre, que ve en lo secreto’, para la oración como diálogo con Él, para la lectura orante de su Palabra, no para encontrar la luz propia sino la Luz que viene del Señor”.

“En Cuaresma no hacemos cosas extrañas al mundo (donde también encontramos dádivas, dietas, recogimiento interior…) pero procuramos hacerlas no con el espíritu del mundo”, aclaró.

“Iniciamos la Cuaresma como un camino espiritual de conversión y vida nueva, con plena libertad interior y confianza desbordante en la Gracia de Dios”, afirmó. “Nuestra mirada se vuelve una y otra vez a la Cuaresma de Jesús en el desierto, donde derrotó al demonio y desenmascaró sus seducciones”.

“La conversión es un Sí a la persona de Jesús, a su obra, a su mensaje, a su amor. Se trata de ‘convertirse a’ y de ‘creer en’ el amor de Cristo, vencedor del pecado y de la muerte”, aseguró.

“La conversión es aceptar la misericordia de Dios en nuestras vidas que nos lleva a participar de la victoria de Jesús sobre el tentador y sus seducciones, es dejarse transformar por ella y transmitirla a los demás”, sostuvo.

“Las prácticas cuaresmales no son un fin en sí mismas, sino nuestra colaboración y disposición a la obra del Padre, que en Cristo, por el Espíritu Santo, nos ofrece la salvación eterna”, concluyó, invitando a los fieles a “caminar el itinerario cuaresmal contemplando a la Madre de Jesús y Madre nuestra, María Santísima, cuya vida toda fue un caminar hacia la Pascua de su Hijo, participando de un modo singular y único de su sacrificio en el calvario, y gozando ahora de la plenitud pascual en su gloria”.

“Dios proteja a sus familias, recorriendo juntos el camino cuaresmal y dejándose reconciliar por Él. Reciban un saludo cordial y mi bendición pastoral”, concluyó.+




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