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“Toda vida humana, única e irrepetible, constituye un valor inestimable”, afirmó el Papa.
Miercoles 25 Mar 2020 | 06:52 am
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El Papa durante la audiencia. Foto: Vatican Media ver más
Ciudad del Vaticano (AICA): “Todo ser humano está llamado por Dios a gozar de la plenitud de la vida, y siendo confiado a la preocupación materna de la Iglesia, toda amenaza a la dignidad y a la vida humana no puede no repercutir en el corazón de ella, en sus ‘vísceras’ maternales”, afirmó hoy, miércoles 25 de marzo, solemnidad de la Encarnación del Verbo, el papa Francisco durante la audiencia general celebrada en la Biblioteca del Palacio Apostólico”.
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El papa Francisco afirmó hoy, miércoles 25 de marzo, -día en el que la Iglesia recuerda la solemnidad de la Encarnación del Verbo de Dios-, durante la audiencia general celebrada en la Biblioteca del Palacio Apostólico, que “todo ser humano está llamado por Dios a gozar de la plenitud de la vida, y toda amenaza a la dignidad y a la vida humana no puede no repercutir en el corazón de la Iglesia, en sus ‘vísceras’ maternales”.

El pontífice recordó en su catequesis que “hace 25 años, en esta misma fecha del 25 de marzo, que en la Iglesia es la fiesta solemne de la Anunciación del Señor, San Juan Pablo II promulgaba la encíclica Evangelium vitae, sobre el valor y la inviolabilidad de la vida humana”.

El Santo Padre explicó que, en el Evangelio del día, en el que se narra la Anunciación y el “sí” de María al proyecto de Dios, “la Virgen acoge el Verbo que se hace carne, y acepta con confianza cuidarlo. Acepta convertirse en madre del Hijo de Dios. Así, en María, se realiza el encuentro de Dios con el hombre”.

Destacó que “el vínculo entre la Anunciación y el ‘Evangelio de la vida’ es estrecho y profundo, como subrayó san Juan Pablo en su encíclica”.

“Hoy nos encontramos ofreciendo de nuevo esta enseñanza en el contexto de una pandemia que amenaza la vida humana y la economía mundial”, subrayó Francisco.

Esta situación “nos hace sentir todavía más comprometidos con la palabra con la que comienza la encíclica. Es esta: ‘El Evangelio de la vida está en el corazón del mensaje de Jesús. Acogido por la Iglesia cada día con amor, se anuncia con fidelidad valiente como buena nueva para los hombres de toda época y cultura’”.



El Papa insistió que este Evangelio de la vida “debe ser anunciado de forma prioritaria. Y pienso con agradecimiento en el testimonio silencioso de tantas personas que, de diferentes formas, se están prodigando al servicio de los enfermos, de los ancianos, de quien está solo y abandonado. Ponen en práctica el Evangelio de la vida como María que, acogido el anuncio del ángel, acudió a ayudar a su prime Isabel que la necesitaba”.

Hizo hincapié en que “la vida que estamos llamados a promover y a defender no es un concepto abstracto, sino que se manifiesta siempre en una persona de carne y hueso: un niño apenas concebido, un pobre marginado, un enfermo solo y desanimado, o en estado terminal, uno que perdió el trabajo, o que no consigue encontrarlo, un migrante rechazado o guetizado”.

“Todo ser humano está llamado por Dios a gozar de la plenitud de la vida”, recordó, “y siendo confiado a la preocupación materna de la Iglesia, toda amenaza a la dignidad y a la vida humana no puede no repercutir en el corazón de ella, en sus ‘vísceras’ maternales”.

Denunció que “los atentados a la dignidad y a la vida de las personas continúan, por desgracia, en esta época nuestra, que es la época de los derechos humanos universales; incluso nos encontramos ante nuevas amenazas y nuevas esclavitudes, y no siempre las legislaciones ofrecen la tutela de la vida humana de los más débiles y vulnerables”.

“El mensaje de la encíclica Evangelium vitae es, por lo tanto, más actual que nunca. Más allá de las emergencias, como esta que estamos viviendo, se trata de actuar en el ámbito cultural y educativo para transmitir a las generaciones futuras la actitud de solidaridad, de cuidado, de acogida, sabiendo que la cultura de la vida no es patrimonio exclusivo de los cristianos, sino que pertenece a todos los que, luchando por la construcción de relaciones fraternas, reconocen el valor mismo de cada persona, incluso cuando es frágil y sufre”.

El papa Francisco finalizó su catequesis repitiendo que “toda vida humana, única e irrepetible, constituye un valor inestimable. Esto debe anunciarse siempre de forma nueva, con la parresía de la palabra y la valentía de las acciones. Esto llama a la solidaridad y al amor fraterno hacia la gran familia humana y cada uno de sus miembros”. +




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