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"Cristo presente en el enfermo": El acompañamiento espiritual en los hospitales
Miercoles 1 Abr 2020 | 07:55 am
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Buenos Aires (AICA): Ante la pandemia del coronavirus que afecta al país y al mundo, el sistema de salud está en permanente alerta para controlar de la mejor manera posible la expansión del virus. La presencia del sacerdote en los hospitales es fundamental para la asistencia espiritual de los pacientes, sus familias y personal sanitario. AICA dialogó con el presbítero Ramiro Pizarro, capellán del Hospital de Clínicas José de San Martín, de la ciudad de Buenos Aires, quien brindó detalles de cómo se vive esta situación inédita que trae consigo “un clima de tensa expectativa”, ante el que la Iglesia intenta estar presente para llevar la compañía de Dios, la atención y la escucha.
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El capellán del Hospital de Clínicas José de San Martín, presbítero Ramiro Pizarro, dialogó con AICA sobre la situación que se vive en los hospitales a raíz de la pandemia del coronavirus, el trabajo que se realiza en el acompañamiento espiritual, el mensaje que se desea transmitir tanto a los enfermos y sus familiares como al personal de salud, y las prioridades que se tienen en cuenta para atender este momento difícil, en el que se espera un incremento en el número de infectados.

En cuanto al clima que se vive en los centros de salud, el sacerdote lo definió como “de tensa expectativa”, sobre todo en el personal médico y de enfermería, “porque se siente que viene algo que nunca se vivió y hay en algunos casos miedo, angustia”. Reconoció que “no es sencillo, porque algunos se sienten un tanto desorientados o desamparados cuando faltan insumos o hay dificultades por falta de personal”. En las últimas semanas, detalló, bastante personal dejó de asistir por problemas de salud o porque tienen hijos en edad escolar que deben cuidar, y otros motivos, y no es sencillo para los que quedan. “Algunos están un poco nerviosos y asustados”, admitió.

Por otra parte, “los pacientes también se quieren ir cuanto antes porque tienen miedo al contagio”. “En el caso de mi hospital, el de Clínicas, y esto pasa generalmente en todos –también en los municipales de la Capital Federal- están tratando de tomar sólo pacientes necesarios. Las operaciones que no son urgentes o muy importantes las dejan para después, lo mismo algunos tratamientos. Se posterga todo para tener listo el hospital para la pandemia, cuando venga la gran cantidad de casos que esperan”, explicó.

El presbítero Pizarro comentó que, cuando rezan junto con los pacientes o sus familiares, e incluso con el personal de salud, piden que el coronavirus “baje”, que realmente se pueda controlar la pandemia “lo menos dolorosamente posible”. En el hospital, “todos saben que la cosa no es fácil y que va a haber muchísimos casos, pero hay una búsqueda de Dios un poco más intensa”. En este momento, el hospital de Clínicas tiene cerca de 25 casos sospechosos y sólo cuatro o cinco confirmados, uno de ellos en grave estado. Sin embargo, al igual que en el resto del país, “están esperando que venga muchísima más gente”.

“En general en los hospitales públicos, que son los que atendemos los capellanes, no hay todavía demasiados casos, no tantos como los que esperamos para las próximas semanas. Hay más en los privados, porque la gente que ha viajado, como la mayoría tiene prepaga o una obra social, están más bien en clínicas privadas”.

"Cristo presente en el enfermo"
Lo que se intenta comunicar a los pacientes y a sus familias, por medio de la presencia y la visita de los sacerdotes, es “que Dios los acompaña, que el nuestro es un Dios cercano, que Jesús está atento a todos, pero especialmente a los que sufren, y que acompaña esa cruz, ese momento difícil”, aseguró el sacerdote.

Aun cuando la situación sea más difícil, aclaró, “el mensaje es siempre el mismo: Jesús está vivo, nos ama y nos acompaña”. Citando el Evangelio, cuando Jesús dice “estuve enfermo y me visitaron”, el capellán sostuvo que “aprendemos de Jesús a venerar al enfermo en el sentido de servirlo, de estar atentos, de escucharlos. La prioridad es ver lo que realmente necesitan y cómo uno puede acercarlos al Señor”. En ese sentido, se refirió a los pacientes que profesan otra religión, o ninguna: “A todos se los atiende con todo el amor posible y con la atención que requiere cada uno, para nosotros siempre está Cristo presente en el enfermo”, destacó, recordando la actitud de servicio de la Madre Teresa de Calcuta.

Dentro de su tarea pastoral, reconoció que “por supuesto, cuando se puede, se hace un anuncio concreto de Cristo y se reza”, y aunque admitió que el porcentaje de sacramentos que se imparten dentro del hospital decayó en los últimos años, aseguró que los sacerdotes tratan de recorrer las salas, “porque cuando uno ya ve en más de una oportunidad al paciente, cuando lo visita dos, tres veces, se logra más familiaridad y es más fácil el diálogo, ya sea espiritual o humano, hay un poco más de confianza”.

"El paciente no es un número"
Por otra parte, lo que se intenta transmitir es que el paciente “tiene dignidad propia, que no es un número, ni una vesícula, ni un apéndice, ni una neumonía”, manifestó. “Tratamos de que les quede claro que son importantes para nosotros” y de brindar una atención personalizada. “También estamos atentos a si necesitan algo desde el punto de vista material, por eso el voluntario es de una ayuda fundamental”, dijo el sacerdote, aunque aclaró que “en este momento los voluntarios de los hospitales están suspendidos durante la pandemia por el riesgo de contagio. Además nuestras voluntarias en su mayoría son mayores de 65, por lo que se les pidió en los hospitales que no concurran hasta que termine este difícil momento”.

En cuanto al trabajo con los médicos y el personal, detalló: “Los profesionales de la salud son importantísimos para nosotros. Si bien el centro es el paciente y, por supuesto, su familia, los profesionales son esenciales porque nos ayudan y los ayudamos. Hay una tarea en común, son pares nuestros, compartimos las tareas, y tratamos también de ser delicados en el trato con todos, no sólo médicos y enfermeros sino también el personal técnico, extraccionistas, radiólogos, kinesiólogos, y es importante la presencia dispuesta, alegre, del sacerdote”. Generalmente, explicó, los trabajadores “no tienen mucho contacto con la Iglesia, entonces uno trata de transmitir amor y una mirada positiva y solidaria”.

"Escuchar qué nos quiere decir Dios"
Para terminar, el sacerdote reflexionó sobre el momento que estamos viviendo como sociedad, en el que se escuchan y leen muchas cosas. Al respecto, recomendó “reforzar la oración para tratar de descubrir qué es lo que Dios nos quiere decir con esta pandemia. Esto es también una Palabra de Dios que quiere llegar al corazón de todos y cada uno”, afirmó.

“Tiene que ser un momento de reflexión para tanta gente que se queda adentro, que lo pueda ir meditando más. No es fácil, pero también es importante que asuman libremente el hecho de quedarse en la casa: ‘Ya que me tengo que quedar, me quedo voluntariamente porque quiero colaborar a una solución del problema desde donde estoy’, puede decir una persona, y también aprovechar para investigar en su interior, si se da el caso. El diálogo familiar puede ser muy positivo y la relación con Dios tiene más tiempo”, advirtió.

“También es un buen momento para que se vuelva a valorar la salud, todo el trabajo que hace el personal de salud, que siempre están bastante mal remunerados y con pocos insumos”, alertó el capellán. “Mi papá era médico y él siempre decía que la salud pública siempre iba a ir de mal en peor en este país porque es lo que más plata sale y lo que menos votos da”, recordó. Por eso, pidió que este sea “un momento para volver a valorar algo tan maravilloso como es el trabajo con los enfermos y todo el esfuerzo y el trabajo de tantísima gente que se mata trabajando muchísimas horas, con muy pocos recursos y, en la gran mayoría de los casos, también con muy poco sueldo".

Finalmente, destacó que es un tiempo propicio “para ejercitar la paciencia. Al estar encerrados tanto tiempo, no estamos acostumbrados pero también puede ser una ocasión para acercarnos a Dios, conocernos un poco mejor a nosotros mismos, y dialogar y aprender a amarnos mejor en familia”, aconsejó.

“Todo esto es básico pero me parece que es una oportunidad que Dios nos da, cada uno tiene que descubrir para qué, pero también tenemos que escuchar qué nos quiere decir Dios con esto, para ver qué tenemos que cambiar y saber que Dios quiere acompañar estos momentos”. Retomando las palabras del papa Francisco, insistió: “Nadie se salva solo”.+
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