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Visita del Patriarca maronita, Card. Bechara Boutros Rai
Lunes 15 Abr 2013 | 12:28 pm
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Buenos Aires (AICA): El patriarca maronita de Antioquía y de todo el Oriente, Su Beatitud el cardenal Bechara Boutros Rai, presidió una misa concelebrada en la catedral de San Marón, Paraguay 834, el domingo 14, a las 11.30. Concelebraron el nuncio apostólico, monseñor Emil Paul Tscherrig; el obispo auxiliar y administrador apostólico de la arquidiócesis de Buenos Aires, monseñor Joaquín Sucunza, y otros obispos católicos latinos y de iglesias católicas orientales. En un almuerzo posterior el patriarca destacó la presencia cristiana en el Líbano desde hace 2000 años y animó a los descendientes de libaneses a ayudar a mantener esa presencia de sus familias en Medio Oriente. El patriarca maronita –el segundo en la historia que visita la Argentina- será recibido hoy, a las 18.30, por la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner.
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El patriarca maronita de Antioquía y de todo el Oriente, Su Beatitud el cardenal Bechara Boutros Rai, presidió con obispos católicos latinos y de otras iglesias católicas orientales una misa concelebrada en la catedral de San Marón, Paraguay 834, el domingo 14, a las 11.30.

El patriarca llegó al país el día anterior, el sábado 13, para iniciar así una visita por varios países de América latina y ese mismo día por la tarde visitó la parroquia del Santísimo Calvario y Nuestra Señora del Líbano en Villa Lynch, en el conurbano bonaerense.

El lunes 15, a las 18.30, está previsto un encuentro de la mayor autoridad católica del Líbano con la presidenta de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner.

En su homilía, glosando el Evangelio del día, el cardenal Rai dijo que Cristo muerto y resucitado está vivo entre nosotros y nos acompaña en el camino, como acompañó a los discípulos de Emaús.

Habló sin leer, en árabe, y el sacerdote maronita Hannoun Andraos tradujo sus palabras para el público, unas 300 personas que llenaban el templo que fue inaugurado en 2001 por su antecesor, el cardenal Nasrallah Boutros Sfeir, en la única visita anterior de un patriarca maronita a la Argentina.

El cardenal Rai envió un saludo a la Argentina, este país cristiano que, dijo, dio un fruto tan apreciado al mundo entero, el nuevo papa Francisco, cuyo mensaje de amor ha ganado “todos los corazones de la humanidad, cristianos y no cristianos”.

Al iniciarse el oficio religioso, que duró casi dos horas, el obispo-eparca maronita de la Argentina, monseñor Charbel Merhi, le dio con alegría la bienvenida a quien “se siente responsable de su tarea de pastor que busca sus ovejas desparramadas en los confines de la Tierra, en esta gran Nación Argentina que ha tenido la bondad de acoger con generosidad, nobleza y amor a una buena parte de su rebaño antioqueno”.

Monseñor Merhi señaló que los presentes se sentían unidos por la fe con el patriarca de Antioquía, “la primera sede del Apóstol Pedro” y manifestó “nuestra adhesión a Francisco, el obispo de Roma, segunda sede del Vicario de Cristo, que preside la Iglesia de Cristo en la caridad, en la humildad y en el espíritu de la pobreza evangélica según el modelo del pobre de Asís”.

Concelebrantes y autoridades presentes
Concelebraron la misa el nuncio apostólico, monseñor Emil Paul Tscherrig; el obispo auxiliar y administrador apostólico de la arquidiócesis de Buenos Aires, monseñor Joaquín Sucunza; el obispo-eparca armenio, monseñor Vartan Boghossian; el obispo-eparca ucranio, monseñor Daniel Kozelinski Netto; el obispo castrense emérito monseñor Antonio Baseotto, y el vicario general del patriarcado, el arzobispo Paul Sayah.

También concelebraron el superior general de la congregación de los Misioneros Libaneses Maronitas, padre Elie Madi, y el general de la Orden Maronita Marianita, abad Boutros Tarabay, venidos especialmente al país. Otros quince sacerdotes concelebraron la Eucaristía: junto a varios clérigos maronitas, lo hicieron el padre Daniel Aguilera, del exarcado para los fieles greco-melquitas católicos de la Argentina, y varios sacerdotes seculares argentinos, como los presbíteros Gustavo Boquin, Omar Di Mario y Pedro Brunori.

Monseñor Sucunza leyó el Evangelio; la epístola fue leída por la doctora Vilma Nora Alí, abogada, fiel de la comunidad maronita de la catedral San Marón.

Entre otros, asistieron el embajador del Líbano, Antonio Andari; el ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur; el director de Culto Católico de la Cancillería, Luis Saguier Fonrouge, y el director de Cultos de la Ciudad de Buenos Aires, Alfredo Abriani.

La misa se ofició en parte en arameo, como las palabras de la consagración, con las lecturas de la epístola y el Evangelio en castellano, así como otras oraciones y las contestaciones de los fieles, que tenían un folleto impreso especialmente para seguir la celebración.

Saludos de los presentes
Al concluir la misa, el patriarca bendijo una placa de mármol conmemorativa de su visita en la entrada del templo. Luego recibió saludos en una animada recepción a la que fueron invitados todos los presentes y que se prolongó una hora en el patio del colegio San Marón, compartiendo conversaciones, refrescos, cazuelas de pulpo, paella y distintos bocaditos de pescado. Luego se sirvió un almuerzo en el salón de actos ubicado en el subsuelo del templo.

En la cabecera del almuerzo, además de las autoridades que participaron antes de la misa se hallaban el metropolita de la Iglesia Católica Ortodoxa de Antioquía, monseñor Siluan Muci, y monseñor Crisóstomo, de la Iglesia Siriana Ortodoxa.

Durante el almuerzo, cantó el conjunto folclórico “Los Chillado Biaus”, de San Antonio de Areco, y dos parejas bailaron zambas, chacareras y chamamés.

Asistieron representantes de distintas instituciones, clubes y asociaciones libanesas. El padre Felipe El Khazen, vicario general de la eparquía maronita en Buenos Aires, dijo: “Somos una familia grande, hoy el Señor resucitado nos está bendiciendo”.

La identidad espiritual del Líbano
El patriarca bendijo a los presentes, levantó la copa invitando a todos a brindar y destacó la importancia del patrimonio espiritual y cultural en la vida de las personas y de las comunidades. Subrayó el valor de la identidad espiritual del Líbano, donde hay igualdad de derechos para ciudadanos cristianos y musulmanes, lo que señaló como un ejemplo y ayuda para países árabes que están buscando su identidad. Dijo que la “primavera árabe", atravesada por conflictos, debe pasar por el ejemplo del Líbano, de convivencia, pluralidad, libertad de expresión, respeto de las personas.

Destacó la presencia cristiana en el Líbano desde hace 2000 años, que ayuda a construir esa cultura y que, dijo, no puede retroceder. Animó a los descendientes de libaneses a apoyar la presencia cristiana en Medio Oriente y les señaló que “nos ayudan visitando a sus familias en el Líbano, para que puedan persistir en esa tierra santa, viviendo sus valores”.+ (Jorge Rouillon)
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