Agencia Informativa Católica Argentina
  |  
 
 
 
aica.org  |  Especial  |  Magisterio de los obispos
La fe nos ofrece una visión optimista de lo que aparece como mal irrecuperable
Jueves 9 May 2013 | 09:40 am
« Volver
Corrientes (AICA): El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, asegura que “la fe nos ofrece una visión optimista de lo que aparece como mal irrecuperable. No está todo perdido aunque quienes protagonizan los acontecimientos históricos se empeñen en actuar con criterios contrarios al bien y a la bondad” y puntualiza que “el Señor Jesús, presente con el poder de su resurrección, garantiza el predominio del bien sobre el mal”. En su sugerencia para la homilía del próximo domingo, solemnidad de la Ascensión del Señor, el prelado sostiene que “ese mal que nos acosa con violencia está vencido, pero, aún debe sucumbir en cada corazón. Es preciso que exista, de parte nuestra, un empeño generoso en vencer el mal con el bien, en eliminar el odio con el amor”. “La gracia de Cristo resucitado es la posibilidad de lograrlo. No se da masivamente ya que la fe, sin dejar de ser un don gratuito de Dios, exige una decisión libre de cada persona”, profundiza.
  Imprimir       Enviar por mail  | Comparte:      
El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, asegura que “no está todo perdido”, al destacar que “la Ascensión de Cristo a los cielos es la confirmación de que, gracias a su resurrección, está con su Padre, partícipes ambos de la divinidad, y entre nosotros, partícipe verdadero de nuestra humanidad, llegada en Él - por la Resurrección - a la perfección que también nos espera”.

“El influjo de su presencia se hace notar aquí, en todo lo bueno que aparece en este mundo desconcertante. Jesús lo advierte cuando habla sobre las dimensiones del amor de Dios: ‘Si ustedes, que son malos, saben dar buenas cosas a sus hijos, ¡cuánto más Dios¡’ La fe nos ofrece una visión optimista de lo que aparece como mal irrecuperable. No está todo perdido aunque quienes protagonizan los acontecimientos históricos se empeñen en actuar con criterios contrarios al bien y a la bondad”, sostiene.

El su sugerencia para la homilía del próximo domingo, solemnidad de la Ascensión del Señor, el prelado afirma que “el Señor Jesús, presente con el poder de su resurrección, garantiza el predominio del bien sobre el mal”.

“Ese mal que nos acosa con violencia está vencido, pero, aún debe sucumbir en cada corazón. Es preciso que exista, de parte nuestra, un empeño generoso en vencer el mal con el bien, en eliminar el odio con el amor. La gracia de Cristo resucitado es la posibilidad de lograrlo. No se da masivamente ya que la fe, sin dejar de ser un don gratuito de Dios, exige una decisión libre de cada persona”, profundiza.

Texto completo de la sugerencia
La crucifixión de Cristo, expresión del amor de Dios a los hombres. Jesús vuelve a repetir lo que constituye la sustancia de su predica. La Sagrada Escritura, en labios de sus Profetas, no deja de anunciar la llegada misteriosa del Mesías. ¡Qué distintos son los proyectos de Dios! El Plan de Dios no es un proyecto humano, ni se acomoda a él. La historia de la Salvación no cesa de mostrarnos su real incompatibilidad con nuestros criterios y formas de ver las cosas. Dios elige lo que los hombres desechan. La Cruz es incomprensible, es producto de la crueldad humana y, por ello, una verdadera locura. Es el extremo que elige Dios para declarar su amor a los pecadores. Jesús se identifica ante sus discípulos muriendo en la Cruz y resucitando. Mediante signos, sólo inteligibles para quienes tienen fe, se acredita ante el mundo como el Hijo de Dios. Quienes lo siguen deben ejercitarse en la fe jubilosa de la Resurrección. Sus muchos discípulos y discípulas no se entristecen por aquella aparente “despedida”. En lo sucesivo ya no lo verán como lo veían antes, pero lo sabrán presente - realmente presente - mediante los signos que Él ha elegido para ello. Jesús desaparece pero no se va; no podrán compartir con Él las fatigas, el hambre, el calor y el frío de las jornadas misioneras, pero, no se separará de ellos “hasta el fin de los tiempos”. Su presencia es perceptible a los humildes - que saben serlo por la conversión y la penitencia - que, de esa única manera, se disponen a recibir los dones del Espíritu Santo.

La gracia de Cristo construye la unidad popular. “Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios” (Lucas 24, 52-53). El ejercicio de la fe en el Señor resucitado los había capacitado a verlo de otra manera, como está junto al Padre y en el mundo, vale decir, en su “plenitud de Vida”, de la que todos recibimos “el poder ser hijos de Dios”(San Juan). La oración de aquella comunidad no podía ser sino de alabanza. El gozo de conocerlo así, será, en lo sucesivo, el estado permanente de aquellos discípulos: “volvieron a Jerusalén con gran alegría…” Es preciso que también lo sea para nosotros. Es la vía rápida que conduce a los hombres a ser auténticos creyentes y a conformar un pueblo nuevo. La urgencia de evangelizar tiene su causa en la necesidad de construir un pueblo sobre la dispersión que, doloroso es reconocerlo, caracteriza a nuestro mundo. San Pedro lo tiene claro cuando afirma: “…ustedes, que antes no eran un pueblo, ahora son el Pueblo de Dios…” (1 Pedro 2, 10). La gracia de Cristo construye la unidad popular, únicamente ella. La derrama el Espíritu Santo, enviado por Cristo resucitado a la Iglesia y al mundo. Nos encontramos en ese Tiempo, pero, si no corregimos nuestro comportamiento, corremos el peligro de perderlo.

No está todo perdido. La Ascensión de Cristo a los Cielos es la confirmación de que, gracias a su resurrección, está con su Padre, partícipes ambos de la divinidad, y entre nosotros, partícipe verdadero de nuestra humanidad, llegada en Él - por la Resurrección - a la perfección que también nos espera. El influjo de su presencia se hace notar aquí, en todo lo bueno que aparece en este mundo desconcertante. Jesús lo advierte cuando habla sobre las dimensiones del amor de Dios: “Si ustedes, que son malos, saben dar buenas cosas a sus hijos, ¡¡cuánto más Dios¡¡¡” La fe nos ofrece una visión optimista de lo que aparece como mal irrecuperable. No está todo perdido aunque quienes protagonizan los acontecimientos históricos se empeñen en actuar con criterios contrarios al bien y a la bondad. El Señor Jesús, presente con el poder de su resurrección, garantiza el predominio del bien sobre el mal. Ese mal que nos acosa con violencia está vencido, pero, aún debe sucumbir en cada corazón. Es preciso que exista, de parte nuestra, un empeño generoso en vencer el mal con el bien, en eliminar el odio con el amor. La gracia de Cristo resucitado es la posibilidad de lograrlo. No se da masivamente ya que la fe, sin dejar de ser un don gratuito de Dios, exige una decisión libre de cada persona.

Vencer el mal con el bien. El bien se encarna en los buenos que, con sola su presencia, desactivan el mal del mundo. San Pablo es un observador cuidadoso de la realidad social que se propone evangelizar. Conoce los estragos que causan el odio y sus variadas y siniestras derivaciones, pero, también conoce el poder de la gracia, capaz de convertir a un ser violento en un ser pacífico, a un depredador sanguinario en un artífice de la paz. Lo ha experimentado personalmente, cuando su conversión a Jesús, frente a las puertas de Damasco. Nuestra sociedad necesita, para salvarse de la disolución, la presencia activa de los buenos. Me refiero a quienes deciden declarar la guerra al egoísmo y anteponer, al mínimo pensamiento negativo, el amor auténtico. La Causa viviente de esa necesaria renovación del corazón humano, es Jesucristo resucitado.+
« Volver
Noticias relacionadas:
Mons. Castagna: “La fe en Cristo, la principal opción de vida”  29.08.2014
Una peregrinación por aire para honrar a la patrona de la aviación  29.08.2014
Mons. Castagna: “Creer es testimoniar que es verdad lo que creemos”  22.08.2014
El pensamiento único anula la libertad y suprime el amor auténtico  14.08.2014
“El secreto de la verdadera paz reside en el respeto de los Derechos Humanos”  14.08.2014
Los monaguillos correntinos celebrarán su día  14.08.2014
Mons. Castagna: “Jesús, el remedio a tanta inestabilidad y desesperación”  08.08.2014
Bolívar 218, 3º Piso (1066)
Buenos Aires, Argentina
(54-11) 4343-4397
 

AICA es miembro de la:
Ingresar © Copyright 2014 | AICA | Todos los derechos reservados | Desarrollado por Triliton