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Dos santas latinoamericanas en las primeras canonizaciones de Francisco
Domingo 12 May 2013 | 16:23 pm
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Hermanas de la congregación fundada por la Madre María Guadalupe Garcí... ver más
Ciudad del Vaticano (AICA): El papa Francisco realizó ayer, domingo 12 de mayo, durante una misa que presidió en la Plaza de San Pedro, la canonización de los 813 mártires de Otranto, y de dos nuevas santas latinoamericanas: la colombiana Laura Montoya y Upegui, fundadora de la congregación religiosa de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena; y la mexicana María Guadalupe García Zabala, cofundadora de la congregación de las Siervas de Santa Margarita María y de los pobres.
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El papa Francisco realizó ayer, domingo 12 de mayo, durante una misa que presidió en la Plaza de San Pedro, la canonización de los 813 mártires de Otranto, y de dos nuevas santas latinoamericanas: la colombiana Laura Montoya y Upegui, fundadora de la congregación religiosa de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena; y la mexicana María Guadalupe García Zabala, cofundadora de la congregación de las Siervas de Santa Margarita María y de los pobres.

En su homilía, frente a la multitud de fieles, el Santo Padre señaló que hoy “nos reunimos con alegría para celebrar una fiesta de la santidad. Damos gracias a Dios que ha hecho resplandecer su gloria, la gloria del Amor, en los mártires de Otranto, la Madre Laura Montoya y la Madre María Guadalupe García Zavala”.

“Saludo a todos los que vinieron a esta fiesta –de Italia, de Colombia, de México y de otros países– y les doy las gracias”.

El Papa pidió que “miremos a los nuevos santos a la luz de la palabra de Dios que hemos proclamado. Una palabra que nos invita a la fidelidad a Cristo, incluso hasta el martirio; nos ha llamado a la urgencia y la hermosura de llevar a Cristo y su Evangelio a todos; y nos ha hablado del testimonio de la caridad, sin el cual, incluso el martirio y la misión, pierden su sabor cristiano”.

Murieron por no aceptar la fe musulmana
Francisco indicó que “hoy la Iglesia propone a nuestra veneración una multitud de mártires, que juntos fueron llamados al supremo testimonio del Evangelio, en 1480”.

“Casi 800 personas, sobrevivientes del asedio y de la invasión de Otranto, fueron decapitadas en las afueras de la ciudad. No quisieron renegar de la propia fe y murieron confesando a Cristo resucitado. ¿Dónde encontraron la fuerza para permanecer fieles? Precisamente en la fe, que nos hace ver más allá de los límites de nuestra mirada humana, más allá de la vida terrena, hace que contemplemos ‘los cielos abiertos’ – como dice san Esteban – y a Cristo vivo a la derecha del Padre”.

El Papa exhortó a que “conservemos la fe que recibimos y que es nuestro verdadero tesoro, renovemos nuestra fidelidad al Señor, incluso en medio de los obstáculos y las incomprensiones”.

“Dios no dejará que nos falten las fuerzas ni la serenidad. Mientras veneramos a los Mártires de Otranto, pidamos a Dios que sostenga a tantos cristianos que, precisamente en estos tiempos y en tantas partes del mundo, ahora, todavía sufren violencia, y les dé el valor para ser fieles y para responder al mal con el bien”.


La primera santa colombiana
Al referirse a la primera santa colombiana, el Papa señaló que “Santa Laura Montoya fue instrumento de evangelización primero como maestra y después como madre espiritual de los indígenas, a los que infundió esperanza, acogiéndolos con ese amor aprendido de Dios, y llevándolos a Él con una eficaz pedagogía que respetaba su cultura y no se contraponía a ella”.

“En su obra de evangelización Madre Laura se hizo verdaderamente toda a todos, según la expresión de San Pablo. También hoy sus hijas espirituales viven y llevan el Evangelio a los lugares más recónditos y necesitados, como una especie de vanguardia de la Iglesia”.

Francisco subrayó que “esta primera santa nacida en la hermosa tierra colombiana nos enseña a ser generosos con Dios, a no vivir la fe solitariamente - como si fuera posible vivir la fe aisladamente -, sino a comunicarla, a irradiar la alegría del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida allá donde nos encontremos”.

La nueva santa mexicana
“La fidelidad hasta la muerte de los mártires, la proclamación del Evangelio a todos se enraízan, tienen su raíz, en el amor de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, y en el testimonio que hemos de dar de este amor en nuestra vida. Santa Guadalupe García Zavala lo sabía bien”.

La santa mexicana, señaló el Papa, “renunciando a una vida cómoda – cuánto daño hace una vida cómoda, el bienestar, el aburguesamiento del corazón nos paraliza – y ella renunciando a una vida cómoda para seguir la llamada de Jesús, enseñaba a amar la pobreza, para poder amar más a los pobres y los enfermos”.

“Madre Lupita se arrodillaba en el suelo del hospital ante los enfermos, ante los abandonados para servirles con ternura y compasión. Y esto se llama tocar la carne de Cristo”.

El Santo Padre señaló que “los pobres, los abandonados, los enfermos, los marginados son la carne de Cristo. Y Madre Lupita tocaba la carne de Cristo y nos enseñaba esta conducta de no avergonzarnos, no tener miedo, no tener repugnancia de tocar la carne de Cristo. Madre Lupita había entendido qué significa esto de ‘tocar la carne de Cristo’”.

“También hoy sus hijas espirituales buscan reflejar el amor de Dios en las obras de caridad, sin ahorrar sacrificios y afrontando con mansedumbre, con constancia apostólica, soportando y con valentía cualquier obstáculo”.

El Papa señaló que “esta nueva santa mexicana nos invita a amar como Jesús nos ha amado, y esto conlleva no encerrarse en uno mismo, en los propios problemas, en las propias ideas, en los propios intereses, en ese pequeño mundito que nos hace tanto daño, sino salir e ir al encuentro de quien tiene necesidad de atención, comprensión y ayuda, para llevarle la cálida cercanía del amor de Dios, a través de gestos concretos de delicadeza, de afecto sincero y de amor”.

“La fidelidad a Jesucristo y a su Evangelio, para anunciarlo con la palabra y con la vida, dando testimonio del amor de Dios con nuestro amor, con nuestra caridad hacia todos: son ejemplos luminosos de enseñanzas que nos ofrecen los santos que hemos proclamado hoy, pero que también cuestionan nuestra vida de cristianos”.+
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