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“Después de 450 años el Concilio de Trento está presente en la doctrina de la Iglesia”
Lunes 2 Dic 2013 | 11:47 am
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Trento (Italia) (AICA): “¿Qué mensaje nos llega hoy, a través de los siglos del Concilio de Trento?, ¿fue el Concilio Vaticano II una despedida de ese concilio? Bastaría solamente recordar que la constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, que expone la enseñanza sobre la Iglesia en 16 pasos, hace referencia explícita a los documentos doctrinarios del Concilio de Trento. O sea después de 450 años éste está presente en la doctrina de la Iglesia”, dijo en su homilía el cardenal alemán Walter Brandmüller, enviado especial de Su Santidad Francisco, en la misa celebrada este domingo 1 de diciembre en la catedral de la ciudad italiana de Trento recordando los 450 años de la clausura del Concilio de Trento, iniciado en 1545 y concluido en 1563.
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En la catedral de la ciudad italiana de Trento, sede del concilio iniciado en 1545 y concluido en 1563, se realizó este domingo 1 de diciembre por la tarde, una misa recordando los 450 años de la clausura de aquel concilio, presidida por el cardenal alemán Walter Brandmuller, enviado especial del papa Francisco.

El Concilio de Trento definió la doctrina de la Iglesia ante las propuestas protestantes y determinó el Credo Niceno-constantinopolitano, resumen de todo aquello en lo que deben creer los bautizados.

El cardenal alemán, nacido en una familia protestante y convertido de joven a la Iglesia católica, recordó, en su homilía, que un estudioso del concilio lo definió como “el milagro de Trento" y que "solamente en retrospectiva podemos reconocer con cuánta potencia el espíritu de Dios, justamente por medio de tal concilio intervino en el destino de la Iglesia” a tal punto que los siglos posteriores son definidos post-tridentinos.

“Hoy después de 450 años -prosiguió el cardenal Brandmüller- en que nosotros cristianos del tercer milenio entonamos el mismo Te Deum de entonces, no debemos hacerlo con la mirada nostálgica hacia el pasado, sino que más bien celebramos este jubileo con la mirada hacia la Iglesia y el mundo, aquí y ahora”.

El purpurado se interrogó qué mensaje nos llega del concilio hoy a través de los siglos. “¿O quizás tenían razón quienes consideraron al Concilio Vaticano II como una despedida del de Trento?”. Bastaría solamente recordar que “la constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, que expone la enseñanza sobre la Iglesia en 16 pasos, hace referencia explícita al documentos doctrinarios del Concilio de Trento. O sea después de 450 años éste está presente en la doctrina de la Iglesia” dijo.

Al concluir, el enviado del Papa, indicó la necesidad de descubrir en la figura terrena y humana de la Iglesia “la figura de lo divino, para superar aquella deplorable mundanización de la Iglesia que es un obstáculo para la salvación eterna de los hombres”.

Y mirando al pasado recordó que en la apertura del concilio de Trento, ninguno de los pocos cardenales allí presente provenía de Alemania y se temía un futuro obscuro para la Iglesia. “No teman, pequeña grey le dijo el Señor a sus apóstoles, y por lo tanto también a sus sucesores que se habían reunido en Trento. Así se dedicaron en seguida al trabajo para entender y discernir la verdad de la fe del error que era el de reforma”.

Recordó también los frutos del Concilio de Trento, y entre ellos la evangelización de los nuevos continentes descubiertos. “Hoy tememos que estar colmados no solamente de gratitud por esto, pero también de esperanza de que el concilio Vaticano II –que los más ancianos entre nosotros hemos vivido personalmente– en su tiempo pueda dar los mismos frutos de ese concilio que recordamos hoy”, concluyó el cardenal Brandmüller.

El Concilio de Trento es el decimonono celebrado en la historia de la Iglesia. Y fue el de más larga duración, pues se desarrolló en tres etapas, a lo largo de veinticinco sesiones, de modo discontinuo, entre el 13 de diciembre de 1545 y el 4 de diciembre de 1563.

El de Trento es, quizá, el Concilio de mayor influencia por el número de dogmas definidos para establecer firmemente la recta doctrina católica y por la doctrina fijada en multitud de Decretos, destinados a orientar la vida de la Iglesia y poner los cimientos de una renovación sólida, profunda y duradera de las instituciones de la Iglesia católica.

El mismo papa Francisco en la carta nombrando al cardenal Brandmuller su enviado especial, lo recordaba como “un acontecimiento que resplandece en la historia de la Iglesia”, e invitaba a rememorar “con mayor desvelo y atención la fecundísima doctrina procedente de aquel Concilio”.

El Concilio abordó gran cantidad de temas, como el símbolo de la fe, la Biblia, el pecado original, la justificación, los sacramentos en general y en particular, con especial hincapié en el de la Eucaristía como sacrificio de la misa y como comunión, el purgatorio, las indulgencias, el culto a los santos, las reliquias.

Es indudable la importancia de aquel Concilio ecuménico del siglo XVI. Con sus decisiones dogmáticas, los Padres conciliares estaban fijando de una manera clara el contenido de la ortodoxia católica, y con sus Decretos jurídico-morales establecían una verdadera reforma, muy demandada por amplísimos sectores de la cristiandad, encaminada a eliminar defectos y lacras que habían ido tomando carta de naturaleza incluso entre las jerarquías eclesiásticas.

La Iglesia, como madre y maestra, ejerció su función de afianzar verdades, aclarar dudas, promulgar leyes, anunciar e imponer sanciones disciplinarias a los infractores.

Algunos puntos sobre los que estableció criterios disciplinares: el deber de los obispos de residir en la diócesis encomendada por el Papa, la obligación de celebrar sínodos diocesanos anuales y de visitar sus parroquias para prevenir y erradicar los abusos, la creación de seminarios especializados en la formación espiritual y cultural de los aspirantes al sacerdocio, la obligación de los párrocos de predicar los domingos y días festivos, el deber de registrar nacimientos, matrimonios y fallecimientos en libros parroquiales.

El 30 de abril de 1995, el beato Juan Pablo II conmemoraba el 450º aniversario de la apertura del Concilio de Trento y señalaba la trascendencia que ese Concilio tuvo para la vida de la Iglesia y se refirió a la esperanzadora marcha del diálogo teológico entre la Iglesia católica y los herederos de la Reforma protestante

“Ante la crisis espiritual y eclesial de los primeros años del siglo XVI, decía Juan Pablo II, la Iglesia supo encontrar en Trento la valentía de la fidelidad a la Tradición apostólica, el empuje de un renovado empeño de santidad, la fuerza para un auténtico impulso pastoral, de modo que no se exagera afirmando que aquel Concilio plasmó toda una época de la Iglesia y todavía hoy continúa produciendo efectos beneficiosos”.

Y subrayaba el futuro papa santo que “convocado para poner en marcha la reforma en el interior de la Iglesia y también para clarificar cuestiones dogmáticas fundamentales, objeto de controversia, el Concilio no perdió nunca la esperanza de poder sanar el áspero desacuerdo que se había creado a raíz de la reforma protestante. La misma sede del Concilio, esta ciudad de Trento, parte del imperio de Carlos V, fue elegida para facilitar el encuentro, para hacer de puente [entre el mundo germánico y el mundo latino], para ofrecer el abrazo de la reconciliación y de la amistad”.+
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