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GLOBALIZAR LA SOLIDARIDAD  Y LA PAZ


Homilía de Monseñor Estanislao Esteban Karlic, arzobispo de Paraná y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, en la misa de apertura de 
77ª Asamblea Plenaria de la CEA - 12 de abril de 1999


Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones en su Hijo. Bendito sea Dios, Padre misericordioso, que nos ha reunido otra vez en esta Asamblea Plenaria de Obispos.

Es Dios quien con su amor primero crea y salva al mundo y quien está primero hoy también con nosotros. El Papa nos enseña en este último año de preparación al Jubileo, a pensar en la misericordia de Dios Padre: Dios no sólo nos ama, sino que nos perdona.

De esta fuente divina de misericordia procedemos y de ella debemos aprender a amar de la misma manera, para que nuestro servicio sea sacramento de la acción de Jesucristo, que nos amó hasta la muerte para merecer la redención de todos los hombres.

Con estos sentimientos hemos de celebrar el Gran Jubileo, para tener en nuestro interior los mismos sentimientos de Cristo, que son los del Padre y los que el Espíritu Santo quiere derramar en nuestros corazones de pastores. El júbilo debe estar en nuestro interior, para que luego se manifieste en el exterior.

No hablemos del tiempo como si estuviera fuera de nosotros. San Agustín nos enseña que el tiempo está en nosotros mismos, y los tiempos serán buenos o malos según lo seamos nosotros con nuestras acciones. Seamos buenos nosotros y los tiempos serán buenos.

El Papa nos invita a preparar el Gran Jubileo, dándonos así el marco de la celebración de su designio salvífico en Cristo para toda nuestra pastoral. En verdad, el misterio pascual de Cristo abarca a todos los momentos de la historia y los hace capaces de las mayores acciones.

En la tradición de la Iglesia se ha enseñado que Dios, cuando creaba al primer hombre, Adán, estaba orientando ya su obra hacia el segundo Adán, Jesucristo, Alfa y Omega de los tiempos y de toda la creación. Del mismo modo queremos nosotros, de cara al Tercer Milenio y a la escatología, mirar a Jesucristo para que nuestro servicio pastoral sea para que todo hombre participe siempre más del misterio de Cristo, de Cristo que muere y resucita, de Cristo Pascual. Nuestro esfuerzo es en orden a que cada hombre sea, en Cristo, hijo de Dios Padre misericordioso, hermano de todos los demás y señor del mundo, es decir, se sienta amado por Dios y abandone todo pecado; se reúna en una comunidad que busca cada día la fraternidad, la justicia y la paz, y combata la indiferencia, la avaricia, el odio y la guerra. Mirando a Jesucristo queremos descubrir cada día al hombre, su dignidad y su destino, para urgirnos a superar las distancias que separan los hechos del proyecto de Dios.


Por la paz en Kosovo

En esta actitud miramos al mundo con dolor inmenso por las guerras que ensangrientan la tierra. En especial somos testigos de los horrores de Kosovo y de otros lugares que nos angustian a todos. Pedimos al Príncipe de la Paz para que, como dice el Santo Padre, callen las armas y se entable el diálogo.

En un tiempo de globalización, es necesario globalizar la solidaridad y la paz. Por ello rezamos y quiera Dios mostremos de todas las formas posibles nuestra solidaridad con el mundo entero como lo hicimos en el pasado, cuando acogimos a los hombres de buena voluntad que querían habitar el suelo argentino.


Congreso misionero

En América el Señor nos prepara una fiesta de grandeza espiritual: COMLA VI – CAM I. Fiesta del amor universal de la misión "ad gentes", de la misión a los que aún no creen en Cristo. Encomendamos al Señor nuestro esfuerzo para que este acontecimiento de amor misionero, reúna a América como continente profundamente creyente, que se encuentra por primera vez, para pensar en los demás y así fortalecer su unidad, su comunión espiritual, que sin duda tendrá otras buenas consecuencias en la sociedad. El Señor nos fortalecerá en la unidad nacional y continental, si nos preocupamos por los demás.


Año electoral

En la Argentina, en un año electoral, hemos de esforzarnos por hacer conocer la Doctrina Social de la Iglesia para que se suscite en todos, candidatos, partidos políticos y pueblo entero, un sincero deseo de bien común, con proyectos de verdadera magnanimidad que creen esperanza y exijan idoneidad y honestidad, que muestren que la fraternidad y la justicia, la reconciliación y la paz, no son utopías sino la exigencia moral de cada día, para cada hombre, especialmente en el umbral del Tercer Milenio. No es utopía del hombre el vivir como hombre, imagen y semejanza de Dios, llamado a la comunión fraternal y al uso de la creación como su señor y su destinatario, en la justicia para todos, en particular para los más pobres y necesitados.

El hombre, el hombre argentino, porque es libre, puede y debe luchar contra la pobreza y la enfermedad, el desempleo y la discriminación, la inseguridad en la población y toda injusticia, en fin, debe luchar contra el abandono de Dios que es el pecado. Es posible y es debido porque somos libres y Dios nos ayuda con su gracia.

Deseamos una Iglesia viva, con conciencia lúcida y audacia profética, en el momento del acceso al nuevo milenio; ofreciendo su servicio del Evangelio, cuyo centro es Cristo, camino, verdad y vida, esperanza de los pueblos.

Pidamos particularmente por todos los que contribuyen a la paz social y encomendemos al Señor a quienes han ofrecido su vida por ello.

Que María Santísima, a quien llamamos Nuestra Señora de Luján para sentirla Madre de nuestra Patria, nos acompañe en esta Asamblea. Hoy queremos llamarla Nuestra Señora de Guadalupe, para experimentar que nuestro hogar es también América, a la que hemos de servir para, desde ella, servir al mundo. Amén.


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº  2210, del 28 de abril  de 1999


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