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PARA
QUE EL HOMBRE LE RESPONDA A DIOS
En el X° Aniversario del Catecismo de
la Iglesia Católica
Documento dado a conocer al finalizar
84ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina
(15 de noviembre de 2002)
Carta al
Clero, a los Catequistas y a todo el Pueblo de Dios.
1.
El 11 de octubre pasado,
al celebrarse cuarenta años del inicio del Concilio Ecuménico Vaticano II, se han cumplido también diez años de la publicación del “Catecismo
de la Iglesia Católica”. Éste es fruto de aquél, pues así lo
propusieron los Obispos del Sínodo Extraordinario celebrado en 1985
para evaluar los veinte años de la aplicación de la reforma conciliar:
“Que se redacte un Catecismo o compendio de toda la
doctrina católica tanto sobre la fe como sobre la moral, que sea como
un texto de referencia para los catecismos o compendios que se
redactan en los diversos países. La presentación de la doctrina debe
ser bíblica y litúrgica, exponiendo una doctrina segura y, al mismo
tiempo, adaptada a la vida actual de los cristianos”.
2.
En este décimo
aniversario, queremos dar gracias a Dios por este instrumento de la
nueva evangelización, redactado con el concurso de los Obispos del
mundo entero y con el aporte de numerosos teólogos, exegetas y catequetas. Invitamos también a todos los fieles, en especial a los
que colaboran directamente en la catequesis, a unirse a nuestra acción
de gracias.
3.
Deseamos, además,
destacar la intención con la cual fue pedido, redactado y ofrecido el
Catecismo de la Iglesia Católica. Primeramente, para que sirva a los
pastores como texto de referencia seguro y auténtico para la
enseñanza, y muy particularmente para la composición de los catecismos
locales. En segundo lugar, para que sea un instrumento a disposición
de los fieles que deseen conocer mejor las inagotables riquezas de la
salvación. En tercer lugar, para que proporcione un punto de apoyo a
los esfuerzos ecuménicos animados por el deseo de la unidad de los
cristianos, mostrando con exactitud el contenido y la coherencia
armoniosa de la fe católica. Y, por último, para que sea de utilidad a
todo hombre que nos pida razón de la esperanza que hay en nosotros y
quiera conocer lo que cree la Iglesia Católica.
4.
Queremos, también,
destacar la armonía de las cuatro partes que lo componen, y que
conviene tener presente en la tarea catequística que desarrollemos:
1ª) la fe que profesamos (el Credo); 2ª) la fe que celebramos (la
Liturgia, los Sacramentos); 3ª) la fe que vivimos (la vida moral, las
Bienaventuranzas y los Mandamientos); 4ª) la fe que se hace oración en
la esperanza (la Oración, el Padre Nuestro). De este modo,
“la fe es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a
él, dando al mismo tiempo una luz sobreabundante al hombre que busca
el sentido último de su vida” (Catecismo de la Iglesia Católica 26).
5.
Por ello, exhortamos a
todos los fieles cristianos a aprovecharse de este precioso
instrumento. Y en particular, a los Sacerdotes, Diáconos y
Catequistas, y también a los Superiores Religiosos, a los Rectores de
las Universidades Católicas y Decanos de sus diversas Facultades, a
los Directores de los Colegios Católicos, y a los Responsables de las
diversas Asociaciones y Movimientos laicales. Pues cuanto más completa
y armoniosa sea la comprensión que tengan del misterio de Cristo, de
la Iglesia y del Hombre, que pueden recabar mediante este Catecismo,
tanto más incisiva y atrayente será la presentación que hagan de
dichos misterios a los hombres de nuestro tiempo, y contribuirán mejor
a la formación espiritual de los cristianos que les están
encomendados.
A los Formadores de
nuestros Seminarios les recomendamos que lo tengan muy presente, pues
se lo puede emplear muy bien como libro de texto o de consulta, tanto
para el Curso Introductorio, cuanto para la elaboración de la síntesis
teológico-pastoral que conviene obtengan los alumnos. De este modo,
ellos se capacitarán para ejercer mañana la Catequesis, tan necesaria
para la nueva evangelización. A este respecto recordamos lo que
escribió Juan Pablo II: “La nueva evangelización indica que la fe
no puede darse por supuesta, sino que debe ser presentada
explícitamente en toda su amplitud y riqueza. Éste es el objetivo
principal de la catequesis, la cual por su misma naturaleza, es una
dimensión esencial de la nueva evangelización” (Ecclesia in America
69).
6.
No escatimemos esfuerzos
para renovar la Catequesis. Y ello, a partir de la persona del
Catequista, transformándose éste interiormente por la oración y la
práctica de la vida cristiana, sin descuidar su perfeccionamiento en
la pedagogía catequística, y creciendo siempre en la comprensión más
profunda de la fe, a lo cual mucho le puede ayudar el estudio serio de
este Catecismo.
7.
Demos gracias a Dios por
los esfuerzos de la Catequesis en nuestra Patria, que obtuvo especial
impulso de los dos Congresos Catequísticos Nacionales: el primero,
realizado en Buenos Aires en 1962, prácticamente en coincidencia con
los inicios del Concilio Vaticano II; y el segundo, celebrado en
Rosario, en 1987, a los veinticinco años.
Sobre todo, queremos dar
gracias a Dios por ustedes, queridos catequistas, tanto varones como
mujeres, por el inestimable don que Él les ha concedido de cultivar la
fe en Cristo en el corazón de sus hermanos. Y los alentamos a
perfeccionarse en este arte excelente, y a proseguir con amor y
dedicación la obra emprendida. También recordamos con afecto y
agradecemos a Dios por los padres que trasmiten la fe a sus hijos.
8.
La Virgen María que,
junto con José, le enseñó a su hijo Jesús a balbucear el santo nombre
de Dios, interceda para obtener del Padre la gracia de renovarnos en
la misión de cultivar la palabra del Evangelio en el corazón de
nuestros hermanos, y de ayudar a suscitar el eco que esta palabra
quiere despertar en sus corazones.
Los Obispos
argentinos, reunidos en la 84ª Asamblea Plenaria, en San Miguel, el 15
de noviembre de 2002, memoria de San Alberto, doctor de la Iglesia.
Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2397 del 27 de noviembre de
2002
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