EN EL AÑO DE LA EUCARISTÍA
Carta de la 88ª
Asamblea Plenaria del
Episcopado con motivo
del año dedicado al Sacramento de la Eucaristía,
San Miguel, 12 de noviembre de 2004
1.
El Santo Padre Juan Pablo II ha dedicado un año entero, hasta el próximo
mes de octubre de 2005, al Sacramento de la Eucaristía.
Los Obispos
de la Argentina, reunidos en la 88ª Asamblea Plenaria, queremos expresar
nuestra fervorosa adhesión a la celebración del Año de la Eucaristía, y
convocar a todos los fieles a vivir este gran acontecimiento de la Iglesia
, con una profunda actitud de acción de gracias, adoración y súplica.
El reciente
Congreso Eucarístico Nacional vivido en Corrientes, así como el
Internacional celebrado en Guadalajara
–México–,
constituyen un marco de gracia, que hace más sentida y profunda esta
iniciativa del Papa, que culminará en el Sínodo de los Obispos sobre “la
Eucaristía, fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia”, a
realizarse en Roma a fines del próximo año.
2.
En el relato evangélico de los discípulos de Emaús, Jesús Resucitado se
revela como luz y salvación. Gracias a esta presencia, ellos “lo
reconocieron al partir el pan” (Lucas 24,35), y pudieron percibir en sus
vidas llenas de fervor la profundidad del amor de Dios.
Como nos
enseña Juan Pablo II en su Carta Apostólica sobre el Año de la Eucaristía,
“sus palabras hacen arder los corazones de los discípulos, los sacan de la
oscuridad de la tristeza y desesperación, y suscitan en ellos el deseo de
permanecer con El: Quédate con nosotros, Señor” ( n º 12).
En el
comienzo del nuevo milenio, el hombre alejado de Dios, agobiado por
enormes pruebas y sufrimientos, con su vida desprotegida aún antes de
nacer, y amenazado por la violencia y la inseguridad, por el terrorismo y
la guerra, necesita a Cristo Salvador. En El convergen los deseos de la
historia y de la civilización, porque es el centro del género humano, gozo
de todos los corazones y plenitud de sus aspiraciones (cfr. Gaudium et
Spes, 45).
El Señor
Jesús, en el banquete de la Eucaristía también hoy se hace nuestro
alimento y nuestra vida; crea en nosotros una conciencia viva del
llamado a la evangelización y a la misión, y nos mueve a transformar la
sociedad conforme al Evangelio, con un compromiso vivo de servicio en la
justicia y la solidaridad.
3.
Confiamos que este año de gracia sea propicio para renovar nuestra fe
en el Sacramento del Sacrificio Redentor a la luz de una profunda y
renovada catequesis. Que podamos orientar nuestras vidas hacia Cristo, que
nos llama y se ha quedado realmente presente en la Eucaristía.
Deseamos que
se intensifique la participación de los fieles en la Misa dominical; que
se extienda la práctica de la adoración eucarística para profundizar su
riqueza y experimentar su intimidad; y que se acreciente la caridad
fraterna que surge de la contemplación del Misterio Eucarístico.
4.
Invocamos a María, mujer eucarística, celebrando también este año el 150º
aniversario del dogma de la Inmaculada Concepción, sin sombra de pecado y
llena de gracia, para que nos acompañe y nos guíe hacia su Hijo Jesús,
Pan de Vida.
88ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina
San Miguel,
el 12 de noviembre de 2004, año de la
Eucaristía
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